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Informe Anual 1997-1998 |
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DERECHO A LA ALIMENTACIÓN
La
incorporación de un capítulo dedicado a analizar el comportamiento del
derecho a la alimentación en Venezuela en el Informe Anual de Provea ha
resultado ser muy pertinente en tanto cumple una función de monitorear y
denunciar uno de los derechos que más clara y aceleradamente están siendo
vulnerados en el país. Lo más preocupante es que el Estado no le otorga el
carácter de prioridad que requiere, a pesar de la irreversibilidad que las
consecuencias de su falta de cumplimiento acarrean sobre la población.
Intentando
deslindar su contenido, en el Informe pasado se establecía que el derecho a
la alimentación posee un conjunto de características que le dan el rango de
derecho y que lo hacen exigible. Sin embargo, poco es lo que se ha avanzado
en su protección debido a varias razones: la ausencia de un reconocimiento
generalizado por parte de la población y del propio Estado de su carácter de
derecho; la falta de prioridad mencionada anteriormente, y la facilidad con
la que se coloca a este derecho en el ámbito de lo privado, es decir, de la
capacidad de cada persona o familia en particular de proveerse por sí mismos
de alimentos.
Por otra
parte, el derecho a la alimentación se confunde con mucha facilidad con el
derecho a ser alimentado, según el cual la responsabilidad del Estado sería
principal–mente, la de proveer de alimentos a la población. En un momento
como el actual, en el que casi cualquier iniciativa que se emprenda desde el
Estado y que beneficie a la población es considerada como una acción
paternalista, esta concepción reducida del derecho a la alimentación tiende
a ser rechazada y se constituye en un argumento que favorece su falta de
reconocimiento jurídico y social. Es por ello que se evidencia como
necesaria la divulgación del contenido real de este derecho y especialmente,
la obligación estatal de protegerlo.
En este
sentido, el derecho a la alimentación implica la responsabilidad del Estado
de crear un conjunto de condiciones que propicien la seguridad alimentaria
de la población, de la cual la entrega directa de alimentos a quienes
materialmente no pueden proveérselos, es tan sólo un elemento.
“El
concepto de derecho a la alimentación no debe reducirse a ‘transferencias
sociales´ de dinero o alimentos para los grupos marginados. A excepción de
los niños, los ancianos y los enfermos, las transferencias sociales sólo
deben efectuarse si todo lo demás ha fallado. Estas transferencias son a
menudo señal de que el Estado ha fracasado en la implementación del derecho
a alimentarse. El derecho a la alimentación consiste primordialmente en
respetar, proteger y cumplir el acceso a los recursos que producen los
alimentos y al trabajo, y no en las transferencias de productos”1.
Es así que la responsabilidad del Estado en la garantía del derecho a la
alimentación es básicamente asegurar el acceso a los recursos que proveen de
alimentos a la población y no transferirlos directamente.
Los Estados
que como Venezuela han suscrito el Pacto Internacional de Derechos
Económicos, Sociales y Culturales, tienen obligaciones en materia de
respeto, protección y satisfacción del derecho a la alimentación de su
población. El cumplimiento de estas obligaciones por parte del Estado
venezolano es el marco referencial a partir del cuál se realiza la siguiente
aproximación a la situación del derecho a la alimentación en el país.
La creación de
un sistema de seguridad alimentaria es el primer y principal paso que debe
dar el Estado para lograr la garantía de este derecho. En términos
generales, la seguridad alimentaria se concibe como “... la garantía a
cada individuo de una ingesta alimentaria adecuada y suficiente para el
desarrollo de sus actividades vitales, físicas e intelectuales...”2.
Para alcanzarla, es necesario crear las condiciones que permitan que los
diferentes pasos que deben darse para que los alimentos lleguen al conjunto
de la población, se cumplan en las condiciones más óptimas. Estos pasos son:
producción, transformación, distribución o comercialización y consumo.
La producción
de alimentos implica el desarrollo de políticas agropecuarias que impulsen
la obtención de la mayoría de estos alimentos en el propio país y la
adquisición en el mercado internacional de aquellos que no pueden ser
producidos internamente.
La
transformación de estos alimentos en productos acabados para el consumo
masivo debe hacerse bajo de un estricto monitoreo, que permita conocer las
condiciones en las que se procesan los alimentos y si se cumplen con las
medidas establecidas al respecto. Igualmente, implica la creación y
mantenimiento de infraestructura (carreteras, locales de almacenamiento,
entre otras) mediante la cual se garantice el mantenimiento y traslado de la
materia prima en forma eficaz y oportuna.
La
distribución o comercialización es especialmente importante pues, es el paso
mediante el cual se garantiza que la población pueda tener posibilidades
reales de acceder a los alimentos, una vez que exista suficiencia en la
producción y/o importación de los mismos. Implica tomar medidas que protejan
contra la especulación, que abaraten los precios mediante la disminución de
intermediarios, así como también, la creación de una red distribuidora que
garantice la presencia de los alimentos que cubren los requerimientos
nutricionales de la población, en aquellas zonas en las que, por su
aislamiento o por las dificultades de acceso, pueda resultar difícil
obtenerlos.
Finalmente, el
consumo de alimentos debe ir acompañado de acciones que estimulen el
desarrollo de hábitos alimenticios acordes con los requerimientos
establecidos y que a su vez, detecten cambios en los patrones alimenticios
que puedan estar afectando el nivel nutricional de la población.
Además, debe
estar regida por principios fundamentales como: suficiencia, estabilidad,
autonomía y sustentabilidad, mediante los cuales el país pueda contar
oportuna e independientemente con los alimentos que requiera. El principio
de equidad plantea al Estado una obligación central en razón de generar
políticas y medidas que atiendan a los sectores más vulnerables.
Indicadores de la situación alimentaria en Venezuela
El Sistema de
Vigilancia Alimentaria y Nutricional (SISVAN) es el organismo oficial
encargado de monitorear la situación alimentaria del país. Es un ente
dependiente del Instituto Nacional de Nutrición (INN) y tiene como objetivo
apoyar a éste en “... el diseño de políticas y programas alimentario y
nutricional (Sic) de la población expuesta a riesgo y de los factores
de la misma”3.
Las cifras que se comentarán a continuación proceden principalmente de esta
fuente y algunos de los criterios y definiciones que permiten comprenderlas
de manera más precisa son los siguientes:
¯
La población de la que se obtienen estas cifras corresponde a aquella que
acude a los centros dispensadores de salud del Ministerio de Sanidad y
Asistencia Social (MSAS) en sus diferentes servicios: curativo y preventivo.
¯
La población sobre la que se hace el estudio de las cifras corresponde al
grupo etario menor de 15 años y se clasifica en tres subgrupos: menores de 2
años, de 2 a 6 años y de 7 a 14 años.
¯
El método antropométrico (mecanismo más idóneo para conocer el estado
nutricional de una población) se basa fundamentalmente en el estudio de tres
indicadores: peso para la talla, peso para la edad y talla para la edad.
¯
La combinación de los tres indicadores anteriores muestra el déficit
agudo y el déficit crónico; es el indicador que se utiliza en el presente
estudio para comentar el estado nutricional de la población.
¯
El déficit nutricional total que muestran las diferentes clasificaciones
está integrado por diferentes conceptos: zona crítica, déficit leve, déficit
moderado y déficit grave. La sumatoria de todos ellos hace el déficit
nutricional que se comentará a lo largo del capítulo.
De acuerdo con
estos criterios el comportamiento del déficit nutricional en el país durante
el período que cubre este Informe, no ha variado sustancialmente con
respecto a lo que se comentó en el Informe pasado.
Una lectura de
los últimos 8 años muestra como tendencia una disminución del déficit
nutricional en los niños de 2 a 6 años, de más del 6%, entre 1990 y 1993,
luego de lo cual aumenta levemente y se mantiene estancado en los últimos
tres años. El siguiente cuadro ilustra la situación.
Tendencia de
la situación nutricional de los niños de 2 a 6 años según combinación de
indicadores
(cuadro #1)
Años Sobre Normal
Déficit Déficit Total
la norma Déficit
agudo crónico
1990 7,9% 62,2%
13,0% 17% 30%
1991 8,5% 65,5%
11,4% 14,7% 26,1%
1992 9,5% 65,2%
11% 14,3% 25,3%
1993 10% 66,2%
10,5% 13,2% 23,7
1994 10% 66,9%
10,1% 13,1% 23,2%
1995 9,4% 66,8%
10,1% 13,7% 23,8%
1996 9,2% 66,8%
10,5% 13,5% 24%
1997 9,4% 66,2%
10,4% 14% 24,4%
Fuente:
INN-SISVAN
Por el
contrario, en el grupo etario de 7 a 14 años el déficit nutricional ha
tendido a disminuir en forma sostenida entre 1990 y 1997. Sin embargo, es el
grupo que presenta el mayor porcentaje de déficit nutricional de toda la
población infantil (26,7% para 1997).
Tendencia de
la situación nutricional de los niños de 7 a 14 años según combinación de
indicadores
(cuadro #2)
Años Sobre Normal Déficit
Déficit Total
la norma Déficit
agudo crónico
1990 9,7% 54,1% 12%
24,2% 36,2%
1991 11,1% 53,1% 11,1%
24,7% 35,8%
1992 11,5% 55,3% 9,9%
23,3% 33,2%
1993 13,4% 57,7% 8,6%
20,4% 29%
1994 12,9% 59,6% 8,4%
19% 27,4%
1995 12% 60% 8,9%
19% 27,9%
1996 11,8% 60,7% 9,4%
18% 27,4%
1997 11,8% 61 ,4% 8,6%
18,1% 26,7%
Fuente:
INN-SISVAN
Otro dato
significativo que se desprende de estas cifras es la diferencia existente
entre el déficit agudo y el crónico. “La malnutrición crónica es la que
se desarrolla desde años o meses atrás, es también llamada hambre oculta y
se detecta a través de la detención del crecimiento; mientras que la aguda
es producto de la disminución brusca de la ingesta de alimentos, la ausencia
de condiciones higiénicas y las enfermedades, especialmente las infecciosas”4.
La
desnutrición crónica se expresa a través del indicador talla para la edad
que “... es el indicador que se modifica a más largo plazo en la historia
natural de la desnutrición, ya que la talla se afecta cuando la agresión
nutricional se prolonga en el tiempo”5.
Como se
refleja a través de los cuadros, la desnutrición crónica mantiene niveles
mayores que la aguda tanto en la población de 2 a 6 años como en la de 7 a
14, aunque ésta muestra una tendencia sostenida a disminuir desde 1990. Esto
significa que un porcentaje nada despreciable de la población (entre el 14 y
el 18%), ha cambiado irreversiblemente su talla y peso, en forma regresiva,
debido a una malnutrición sostenida.
En el caso de
los menores de dos años, se utiliza, en mayor medida, el indicador peso para
la edad ya que constituye la manera más directa de obtener información
precisa en bebés y así lo sugiere la Organización Mundial de la Salud (OMS).
Tendencia
del estado nutricional de los menores
de 2 años
según indicador peso-edad
(cuadro #3)
Años Sobre
Normal Total
la norma
Déficit
1990 23,1
61,5 15,4
1991 20,7
64,2 15,2
1992 20,5
65,9 13,6
1993 21,4
65,9 12,7
1994 21,2
66,2 12,6
1995 20,4
65,8 13,8
1996 20,6
65,1 14,4
1997 20,5
65,4 14,1
Fuente:
INN-SISVAN
En este grupo
etario, la tendencia parece ser hacia el aumento, debido entre otras cosas,
al encarecimiento de los lácteos infantiles y al abandono de la lactancia
materna. Según la doctora Celia Castillo, Jefe (e) del Servicio de
Nutrición, Crecimiento y Desarrollo del Hospital J. M. De los Ríos (D.F.),
entre enero y junio de este año se atendieron 1.159 casos de
desnutrición, de los cuales 31 fueron clasificados como crónicos “... que
es lo mismo que afirmar, que los niños sin haber cumplido los seis años de
edad corren alto riesgo de morir por no tener que comer”6.
Ante la carencia de alimentos, muchas madres desarrollan prácticas
alimenticias nefastas como la de hacer rendir la leche colocando menos
cantidad de la debida al momento de su preparación o elaborando sopas con
sólo una verdura. Otras prácticas que han salido a la luz son la de preparar
las comidas en base a residuos provenientes de los alimentos elaborados para
los adultos, como fue denunciado en otro centro hospitalario “Sabemos de
niños –en edad de lactar– [...] que han consumido aguadas de arroz,
de espaguetti (la pasta y el arroz para los grandes y el agua residual para
los bebés) o teteros de cubitos y eso es hablar de una gran concentración de
sales y químicos no asimilables por los infantes”7.
Las cifras
brindadas por SISVAN para 1998 abarcan sólo el primer trimestre, lo que
constituye un espacio muy corto para hacer proyecciones. Sin embargo, las
tendencias evidenciadas en estos dos grupos etarios son las siguientes:
Situación
nutricional de los niños de 2 a 14 años según combinación de indicadores (1ºtrimestre
de 1998)
(cuadro #4)
Sobre Normal Déficit Déficit
Total
la norma Déficit agudo crónico
9,60% 66,34% 10,79%
13,27% 24,06%
Fuente:
INN-SISVAN
Situación
nutricional de los niños menores de 2 años según combinación de indicadores
(1º trimestre de 1998)
(cuadro #5)
Sobre Normal Déficit Déficit
Total
la norma agudo
crónico
8,95% 66,89% 10,44%
13,72% 24,16%
Fuente:
INN-SISVAN
Como puede
apreciarse, en ambos casos, el porcentaje de niños y niñas con malnutrición
ya sea por exceso o por defecto, sobrepasa el 33%, lo que constituye un
indicador alarmante.
El análisis de
estas cifras por entidad federal muestra diferencias notables que podrían
estar indicando una baja presencia de la acción del Estado en aquellas zonas
en las cuales la población es más vulnerable o en donde los recursos
alimentarios son más escasos. Por ejemplo en los Edos. Delta Amacuro y
Amazonas, con un porcentaje muy alto de población indígena, con una fuerte
dependencia alimentaria y con serias limitaciones de acceso por vía
terrestre, los índices de desnutrición muestran un considerable aumento con
respecto a otras entidades. En el Edo. Delta Amacuro, el déficit nutricional
en niños de 2 a 14 años para el primer trimestre de 1998 es de 27,51% y en
Amazonas de 28,51%, situándose en casi 4 puntos por encima de la media
nacional (24,06%). Mención aparte merece el Edo. Zulia, el cual aporta el
mayor porcentaje de riquezas al país y cuyo índice de desnutrición para este
grupo etario se ubica en 30,25%. Los Edos. Portuguesa y Miranda muestran el
índice más alto: 32,78% y 32,63% respectivamente.
Otros estudios
como el que realizara la Lic. María Walters, Investigadora Social y Asesora
Gerencial Social del proyecto “Aplicación de los postulados de Calidad Total
al proceso productivo global”, revelan que, “...la desnutrición en niños
menores de 2 años aparece con un crecimiento moderado –desde el anterior
gobierno hasta el actual– con cifras que oscilan entre un 11,7% a un 12,4%
pero al analizar la población mayor de 4 años, notan que la desnutrición
viene arrastrándose, es crónica, porque al revisar los indicadores, por
ejemplo, talla-edad, la población tiende al no crecimiento”8.
Una de las
carencias nutricionales más importantes que padece la población venezolana
es la deficiencia de hierro que se expresa a través de la anemia. Según la
Doctora María Nieves García, del Instituto Venezolano de Investigaciones
Científicas (IVIC), “... la deficiencia de hierro afecta a 60% de los
pequeños menores de 2 años de edad”9.
Pero además, destaca la Dra. García que este problema no afecta sólo a los
más pequeños; 4 de cada 10 mujeres en estado de gravidez la padecen y 40% de
la población masculina también.
La
consecuencia más palpable de la carencia de hierro en la población infantil
es el bajo rendimiento en los estudios pues produce problemas de atención,
desinterés por el aprendizaje y bajas calificaciones y se estima que 17% de
los estudiantes no tienen este componente en la cantidad suficiente en su
organismo. “La anemia es el punto final de este proceso, por lo que es
importante la prevención. El niño que sufrió el déficit nunca se recupera
totalmente”10
Otros
indicadores que usualmente se utilizan para conocer el nivel nutricional de
la población son el porcentaje de niños con bajo peso al nacer y la
mortalidad infantil por desnutrición.
Con respecto
al primer indicador, durante el período en estudio, varios directores de
centros de atención materno infantil del país, llamaron la atención acerca
del incremento de niños nacidos con bajo peso; es decir, cuyo peso al
momento del nacimiento es inferior a los 2,5 kilogramos. Según un informe
que recoge indicadores de diversas instituciones (UNICEF 1997, FAO/OMS 1992,
CENDES III 1997, CESNI 1997), este porcentaje alcanza en Venezuela la cifra
de 9%. Sin embargo, la Fundación Cavendes declaró que el bajo peso al nacer
ha aumentado hasta ubicarse en 13%, lo que revela que existe un alarmante
índice de desnutrición materna. A juicio de la Lic. Walters, la desnutrición
en vientre ha crecido de 12% en 1997 a 15% en 1998.
En lo que se
refiere a la tasa de mortalidad por desnutrición, pasó de 3 a 4,6 por
100.000 habitantes entre 1989 y 1994, manteniéndose en estos niveles en la
actualidad. Este incremento se atribuye al padecimiento de enfermedades
infecciosas y gastrointestinales asociadas a la desnutrición.
Por su parte,
las cifras dadas a conocer por Datanálisis en un estudio que abordaba la
situación de la infancia en Venezuela son aún más graves. Según esta fuente,
1.493.133 niños menores de 6 años, es decir 38,4% de este grupo etario,
padece de desnutrición. Además, 1.274.402 niños entre 7 y 14 años (30,1%)
presentan déficit nutricional, lo cual quiere decir que “La mitad de la
mortalidad infantil se encuentra directamente relacionada con el fenómeno de
la desnutrición”.
Por otra
parte, de acuerdo con un estudio comparativo con otros países, “Aún
cuando Venezuela posee una tasa de mortalidad media en comparación a los 193
países estudiados, sus niveles alcanzan casi el doble de los países con
PNB/cápita tres veces menor al venezolano. Por lo tanto, la mortalidad más
que un problema de ingreso, es un problema de forma y voluntad de combatirla”11.
Nuevamente queda demostrado que el argumento de la falta de recursos es
inadmisible y que, en un país que cuenta con los recursos que tiene
Venezuela, no existe ninguna justificación para que la población padezca
hambre. En este sentido, queda claramente evidenciado que el Estado no está
utilizando “...el máximo de sus recursos” para lograr un estado
nutricional general adecuado.
Comportamiento del consumo de alimentos
El deterioro
de los niveles de alimentación de la población encuentra como primera y más
importante explicación, la caída sostenida que ha presentado el consumo de
alimentos en los últimos años. Esta caída no es otra cosa que la
consecuencia esperable del bajo poder adquisitivo de la mayoría de la
población. Según el Banco Central de Venezuela (BCV), la inflación acumulada
en alimentos, bebida y tabaco arribó a 34,7% al 30.11.97, situándose 0,6%
por encima de la inflación general.
Por su parte,
las diferentes cámaras de industriales y comerciantes en el área de
alimentos han estimado que la caída del consumo durante 1997 ha estado entre
el 6 y el 8%, siendo que durante 1998 no ha presentado una mejoría
sustancial. El aumento del salario mínimo produjo sólo una mejoría
coyuntural en el mes de mayo que, dado el ínfimo porcentaje que significó,
fue absorbido por los niveles de inflación del mes siguiente. De esta
manera, mientras la Canasta Alimentaria sufre un incremento sostenido mes a
mes, los salarios, es decir, la posibilidad de adquirirla, se mantienen
estancados.
Para el
estudio de la capacidad adquisitiva de la población, el análisis del
comportamiento de la Canasta Alimentaria Normativa (CAN) constituye un
referente fundamental. La Oficina Central de Estadística e Informática (OCEI),
define a la CAN como “... una lista cuantificada de alimentos que cubre
el requerimiento calórico-nutricional de la población venezolana, refleja
los hábitos de consumo, es accesible desde el punto de vista de precios y se
ajusta a las potencialidades de producción del país”. Su existencia
permite a los organismos oficiales tener una referencia para la formulación
de políticas sociales, alimentarias y de producción agrícola; por ejemplo,
constituye una orientación fundamental para la fijación del salario mínimo y
la determinación de los niveles de pobreza de la población.
Según la OCEI
la CAN se ha incrementado en 17,4% (Bs. 20.800) desde enero hasta julio de
presente año; el siguiente cuadro refleja la evolución de su costo a lo
largo de dicho periodo:
(cuadro #6)
Mes Costo en
bolívares
Enero
98.588
Febrero
103.104
Marzo
106.689
Abril 112.374
Mayo
115.843
Junio 116.379
Julio 119.390
Fuente:
OCEI
Esto quiere
decir que en el mes de julio el costo de la CAN sobrepasaba en casi Bs.
20.000 al salario mínimo.
Según la
Cámara Venezolana de la Industria de Alimentos (Cavidea), el consumo de
alimentos experimentó una abrupta reducción de entre el 5 y el 10% en el mes
de julio, que a juicio de su presidente (e) Eduardo Bianco, “... refleja
la acentuación de una situación de crisis en el sector que había registrado
una tendencia a la estabilidad en las ventas durante el primer semestre de
este año con respecto a 1997 [...] durante el primer cuatrimestre de
1998 hubo incluso una recuperación en las ventas de algunos rubros; sin
embargo, en lo que va del segundo período, las ventas experimentan una caída
más acentuada”12.
Por su parte,
el Centro de Estudios y Análisis para los Trabajadores (CENDA) señaló que la
caída del consumo se ha comportado durante el tercer trimestre de 1998, en
comparación con el cuarto trimestre de 1997, de acuerdo a los siguientes
porcentajes:
(cuadro #7)
Rubro %
de caída
Cereales y derivados
26,1
Carnes y preparados
20,7
Pescados y mariscos
15,3
Leche, queso y huevos
15,3
Grasas y
aceites 17,2
Frutas y
hortalizas 4,6
Granos, semillas y leguminosas 28,8
Azúcares y
similares 20,8
Bebidas no alcohólicas
32
Fuente:
CENDA
La
dieta del venezolano cambia de rumbo
Una tendencia
que cada vez se evidencia más claramente es la caída del consumo en
alimentos básicos que tradicionalmente forman parte de la dieta del
venezolano y que habían permanecido inalterables, a pesar de la disminución
en otros rubros. Según la encuestadora Datos, durante el segundo trimestre
de 1998, “...dentro de la categoría de consumo básico, los siete
productos que lo integran registran descenso en ventas, arrojando un
descenso de 4,81% con relación al primer trimestre del año.
Igualmente llama la atención el descenso de la margarina, mayonesa, salsa de
tomate y carnes endiabladas, productos que acompañan comidas basadas en
harinas, ya sea espagueti o arepas”13.
La
reorientación en la dieta del venezolano parece ser un hecho reconocido por
los mismos organismos oficiales. “La sustitución de unos alimentos por
otros fue registrada por la Oficina Central de Estadística e Informática (OCEI),
que identificó entre los productos de mayor consumo durante el lapso
enero-julio, en una familia de cinco personas, los huevos de gallina (60
unidades mensuales), naranjas (28 unidades mensuales), harina para arepas
(12 kilos mensuales), carne de pollo (11 kilos mensuales), arroz (8 kilos
mensuales), plátanos maduros (7 kilos mensuales), azúcar (7 kilos mensuales)
y refrescos gaseosos (5 litros mensuales)”14.
Por su parte,
un estudio realizado por Datanálisis acerca del comportamiento del consumo
de alimentos por parte de la población, reveló que “El venezolano dejó de
comer alimentos fuertes como carnes, pollos, harinas y pescados...”15.
Este tipo de alimentos fue reemplazado por pastas, margarinas y huevos,
produciéndose un hecho sin precedentes, la sustitución de la arepa por las
pastas, debido a que la harina de maíz ha resultado ser más costosa que la
harina de trigo, con la cual se elabora la pasta. De esta manera, el consumo
de harina de maíz cayó en 11% en 1997, mientras que el consumo de harina de
trigo creció en 5%.
Por otra
parte, a finales de 1997 (antes de la caída de los precios del petróleo), el
gobierno nacional mostró un relativo optimismo frente a la recuperación
económica que estaba experimentando el país y que se medía, para ese
momento, por el repunte de la actividad de algunos sectores de la economía
como el manufacturero, de la construcción y del mercado automotor. Además,
el gobierno aseguraba que la población contaba con dinero en mano debido al
pago de las prestaciones sociales. Sin embargo, esta reactivación no abarcó
el consumo de alimentos cuya caída fue estimada en 35% en diciembre de 1997
con relación al volumen de ventas en 1996.
Las
estimaciones para el próximo año, según la empresa Datos, es que “El
consumo de productos alimenticios disminuirá 2% al cierre de este año,
mientras que para 1999 se espera una contracción por encima del 5%”16.
La
preocupación por la disminución en el consumo de alimentos adquiere para los
sectores industriales del ramo un cariz fundamentalmente económico, porque a
menor consumo por parte de la población, menores ganancias y por ello se han
convertido en abanderados de la necesidad de idear mecanismos que eleven
este consumo. Paradójicamente, el Estado venezolano –que se comprometió a
asegurar la seguridad alimentaria de su población en la Cumbre Mundial de la
Alimentación–, demuestra una enorme incapacidad para frenar este sostenido
decrecimiento generalizado de la ingesta de alimentos. En los últimos años
ha quedado claro que, a pesar de las erradas políticas que privilegian el
abastecimiento alimentario del país por la vía de las importaciones, ha
existido una oferta suficiente de alimentos hacia la población; lo que está
fallando es la capacidad de ésta de acceder a ellos, quebrantándose de esta
manera la seguridad alimentaria en el ámbito familiar. Como lo señala Werner
Jaffé, “La suficiencia alimentaria a nivel nacional no asegura la
seguridad alimentaria en todos los hogares”17.
La seguridad
alimentaria familiar es entonces fundamental para lograr un nivel
nutricional adecuado en la población, pero dado que depende en gran medida
de la capacidad adquisitiva de la población, se está viendo seriamente
afectada en nuestro país en la actualidad. “La seguridad alimentaria en
la casa, es decir, la disponibilidad adecuada de alimentos para satisfacer
los requerimientos de todos los miembros de la familia, dependerá en primer
lugar del poder adquisitivo de la misma. Si los ingresos no alcanzan para la
compra de todos los alimentos deseados y considerados necesarios por el ama
de casa, evidentemente regirá escasez que puede impactar de manera desigual
en los diferentes miembros del grupo familiar”18.
Otros factores
que están incidiendo en esta situación son: la pérdida del empleo y el alto
porcentaje de desempleo femenino –en un país donde la jefatura de hogar es
asumida en buena medida por las mujeres–, el nivel de educación de las amas
de casa (responsables en más del 90% de la alimentación familiar), el tamaño
de las familias y las dificultades para el transporte y almacenamiento de
los alimentos.
Políticas sociales en materia de alimentación
1998 fue
decretado por el Presidente Rafael Caldera como el año de la Seguridad
Alimentaria en Venezuela. Era pues de esperarse que durante este período se
produjeran iniciativas tendientes a mejorar los niveles de alimentación de
la población, garantizando fundamentalmente el acceso a los alimentos en
calidad y cantidad suficientes, en los términos en los que Venezuela se
comprometió en la Cumbre Mundial de la Alimentación. Sin embargo, los hechos
demuestran resultados poco alentadores al respecto e incluso algunas
tendencias preocupantes.
El primer
aspecto a destacar es que las políticas centrales en materia de alimentación
siguen estando ubicadas en el marco de la Agenda Venezuela y se operativizan
a través de los diferentes programas sociales. Aquí se evidencia una primera
gran contradicción: la garantía de la seguridad alimentaria es incompatible
con una política de alimentación que tiene como elemento central su carácter
compensatorio y que por tanto está concebida en forma coyuntural. Pero
además, el recorte de estos programas ha dejado ya de ser una amenaza para
convertirse en una realidad; en ciertos casos, la reducción de las
asignaciones ha supuesto prácticamente la desaparición de algunos programas.
En la que ha
sido la mayor reducción sufrida por programa social alguno, el Subsidio
Familiar registró un recorte del orden del 84,6%, es decir, para el año 1998
pasó de 171.745,20 a 26.437 millones de bolívares. Por su parte, la partida
para alimentación del programa Multihogares fue drásticamente reducida en
más de un 50%. El Programa de Alimentación Estratégica (PROAL), debió
resignarse a mantener la misma cobertura que el año anterior (4,5 millones
de personas) luego que había anunciado una ampliación de casi el 100% de su
cobertura para 1998.
El caso del
INN resulta más patético aún, puesto que, siendo el organismo rector en
materia de asistencia nutricional ha sido advertido de un posible recorte
que, a juicio de su presidente Ronald Evans, provocará en el año 1999, “un
grave e irreversible deterioro del problema nutricional del país”19.
Según Evans, “...el Ejecutivo ha reducido 6.500 millones del presupuesto
este año. En segundo lugar existe la amenaza de que hoy nos recortarán 6.000
millones, por lo que serían, en total, 12.500 millones menos”20.
Como siempre,
la política ha sido la de hacer depender el crecimiento de algún programa de
la disminución de otro, y no la de aumentar la inversión social en su
conjunto. Efectivamente, el Ministro de la Familia, Carlos Altimari,
manifestó que el monto de la inversión en los programas sociales se mantiene
puesto que, en lo que Provea considera un hecho muy positivo, los ingresos a
los pensionados por vejez se incrementaron en 170.907,7 millones de
bolívares. Sin embargo, este incremento se hace a costa de más de tres
millones de niños/as que dejan de gozar del beneficio del subsidio familiar.
Por otro lado,
las sucesivas evaluaciones que año a año se realizan sobre estos programas
arrojan que la focalización de los mismos no es la más adecuada y que, por
ejemplo en el área metropolitana de Caracas, “... más del 12% de las
personas en pobreza extrema [...] no recibe beneficios por estos.
Igualmente sabemos que 10% no pobre recibe 4 y más programas sociales”21.
El
caso de los niños intoxicados
En el mes de
octubre de 1997, más de 400 niños de escuelas ubicadas en el oeste de
Caracas, resultaron intoxicados al ingerir la merienda que reciben
diariamente como parte del programa de Alimentación Escolar de la Agenda
Venezuela. Los niños debieron ser trasladados de emergencia a diversos
centros hospitalarios y luego de ser atendidos y sometidos a pruebas se
determinó que la causa del malestar se encontraba en la merienda ingerida.
La Gobernación del Distrito Federal, entidad de la cual dependía la
ejecución de este programa en estas escuelas, conjuntamente con el
Ministerio de Educación (ME) y el INN, iniciaron una investigación que
arrojó que se trataba de una intoxicación por presencia de estafilococos.
Sin embargo, varios niños debieron ser reingresados a los centros
hospitalarios varios días después, lo cual indicaba, a juicio de varios
médicos y técnicos, que se trataba de envenenamiento por uso de raticidas y
sustancias químicas para preservar alimentos. La empresa procesadora de
estas meriendas fue clausurada, pero el hecho develó la falta de
supervisión y control de las autoridades sanitarias puesto que, a pesar de
que durante los meses previos se había venido denunciando la mala calidad de
estas meriendas, hubo de llegarse a una situación extrema para tomar las
medidas que deben acompañar la implementación de estos programas, es decir,
un adecuado control y supervisión por parte de los entes competentes en la
materia.
Como suele
suceder en estos casos, los diferentes organismos involucrados se
traspasaron la responsabilidad al punto de que los únicos sancionados fueron
los directivos y algunos de los manipuladores de alimentos de la empresa ,
mientras que los representantes de las instituciones encargadas de velar por
las adecuadas condiciones de estos programas (Dirección de Salud del D.F.,
ME, MSAS e INN) , no fueron castigadas a pesar de que tuvieron que reconocer
una inmensa cantidad de omisiones y errores en el otorgamiento de los
permisos de funcionamiento y supervisión de la empresa responsable.
En su afán por
desembarazarse de responsabilidades, el Director de Salud del D.F., José
León Uzcátegui, declaró que “Es responsabilidad del cuerpo directivo de
los planteles y de los profesores revisar la comida...”22,
y que otras escuelas prescindieron de los servicios de la empresa PACE por
considerarla inadecuada. Igualmente declaró que el reingreso de varios niños
a los centros hospitalarios se debió “... posiblemente a alimentos que
consumieron en sus casas”23,
cuando quedó evidenciado, por los síntomas que presentaban los niños, que se
trataba de secuelas de la situación anterior.
En definitiva,
ningún funcionario ha sido responsabilizado por este hecho y la medida
inmediata fue la suspensión de las meriendas hasta tanto se solventara la
situación. De esta manera, se demuestra cómo el centro de la política
alimentaria que desarrolla el Estado, es decir, la transferencia directa de
alimentos a la población infantil en este caso, es altamente vulnerable.
Política
públicas en materia alimentaria
Situación actual del sector agropecuario
El sector
agropecuario en Venezuela ha sido sometido de manera drástica a las
dinámicas económicas globalizadoras, trayendo como consecuencia una
profundización de su crisis que se refleja en su muy limitado crecimiento
–para algunos un estancamiento o decrecimiento–, frente a otros sectores de
la economía. Esta situación se debe, entre otras cosas, a una visión
interesada y unilateral de los sectores agroindustriales y del mismo
gobierno, según la cual, el ámbito agrícola es susceptible de insertarse en
el mundo globalizado y experimentar un crecimiento al aplicársele el mismo
tratamiento que otros sectores de la economía han recibido, es decir, ser
sometido a las leyes del libre mercado. Efectivamente, el sector agrícola ha
venido siendo sometido en los últimos años y sin que medie un período de
transición, a dinámicas en las que ha prevalecido el objetivo mercantil por
encima de un desarrollo integral del sector que combine el éxito
comercializador con el logro de un sistema de seguridad alimentaria al que
se comprometió la nación en la Cumbre Mundial de la Alimentación. Como lo
establece Benicio Franco, fundador y ex vicepresidente de Fedeagro, “...
hemos estado inmersos en etapas de profundas crisis, con entornos
distorsionantes, que son generadas, entre otros aspectos, por las políticas
que han permitido implantar la ‘apertura económica’ de forma abrupta y en
momentos en que no se ‘sostenían estratégicamente las condiciones’ para
entrar en ese mundo de liberalización comercial”24.
Las
informaciones acerca del comportamiento del sector agrícola durante 1997
difieren según la fuente de información de la que provienen. Para el sector
gubernamental, el PIB agrícola creció en más del 4% durante 1997, según lo
declaró el titular del Ministerio de Agricultura y Cría (MAC) para la fecha,
Raúl Alegrett. Este crecimiento fue inferior a la meta estimada al inicio
del año (7%) y ocurrió fundamentalmente en el sector vegetal que experimentó
un aumento del 5,5%, mientras que el sector animal creció 3,1%.
Para otros
sectores como Fedeagro –que aglutina a los productores agropecuarios de la
nación–, la producción agrícola experimentó un decrecimiento del orden del
2,8% en el mismo período. Hirán Gaviria, presidente de esta Federación,
manifestó su asombro ante las afirmaciones gubernamentales sobre el supuesto
crecimiento y mostró cifras que contradicen tales declaraciones. Según
Gaviria, sólo el maíz, la caña de azúcar, las aves y los cerdos sufrieron
incrementos en la producción, que no fueron suficientes para revertir la
tendencia negativa global del sector, que en los otros rubros reflejó una
caída alarmante. El siguiente cuadro muestra el comportamiento de los
diferentes rubros durante 1997:
(cuadro #8)
Rubro Indice de
crecimiento
Arroz - 12%
Sorgo
- 17%
Algodón -
22,2%
Leche
- 9%
Tomate -
37%
Tabaco
- 7,17%
Café - 3,03%
Naranjas
- 8,30%
Maíz
11,6%
Caña de azúcar
5,07%
Aves
5%
Cerdos
2,5%
Fuente:
fedeagro
Además, este
comportamiento negativo del sector agrícola también puede detectarse en
hechos como la reducción del área bajo siembra, que pasó de 1.490.000
hectáreas en 1996 a 1.375.000 en 1997; la reducción de la venta de
fertilizantes en 90 mil toneladas y del financiamiento del sector con
respecto a 1996 el cual disminuyó en Bs. 52 mil millones.
Otras fuentes
como la consultora Agroplan, preveen que 1998 también cerrará con un
crecimiento negativo para el sector agropecuario del orden del 4% “...como
resultado de las políticas de libre mercado aplicadas por el actual
gobierno, las cuales han provocado la eliminación de la tasa preferencial de
la cartera agrícola y del apoyo para mantener el control de los precios a
nivel del productor”25.
En lo que se
refiere al sector ganadero, representantes de la Federación Nacional de
Ganaderos (Fedenaga) han declarado que “el sector está funcionando con
una capacidad del 40%, que no se ajusta a la realidad de producción que
pudiera generar el país”26.
Esto significa que este sector está aportando sólo el 6% del PIB, cifra que
pudiera duplicarse si se contara con la infraestructura y el apoyo
necesario.
La falta de
estímulo a la producción nacional permite preveer que para 1999, la caída
del agro nacional será aún mayor, lo que se reflejará en un déficit de
alimentos y en consecuencia, en un aumento en las importaciones. De esta
manera, no logra romperse el círculo vicioso de la economía agrícola, en el
que el poco estímulo que reciben los productores nacionales, –al no poder
colocar sus cosechas, tener que venderlas a precios poco atractivos, o no
recibir el apoyo técnico y financiero para ser más productivos–, origina una
caída de la producción y la necesidad de recurrir a las importaciones.
Uno de los
principales problemas que han venido afectando a los productores en
Venezuela y que han desestimulado enormemente el crecimiento del sector, es
la dificultad que tienen para colocar sus cosechas en el mercado interno.
Durante todo el año, y como es ya casi una tradición, productores de
diferentes rubros denunciaron la imposibilidad de vender sus cosechas a los
industriales del país, a pesar de que estos rubros experimentaron un
crecimiento que les permitía cubrir la demanda interna. Esta situación –que
viene repitiéndose año a año–, revela la falta de protección de la
producción nacional y es una clara violación de los principios de autonomía
y estabilidad que debe poseer todo sistema de seguridad alimentaria, que se
refieren a los niveles de independencia que la producción agrícola de un
país debe tener y a la existencia de una oferta oportuna, sostenida y
suficiente de alimentos. Efectivamente, productores de los Edos. Barinas,
Guárico y Portuguesa, denunciaron en el mes de octubre de 1997, la
imposibilidad de colocar más de 300 millones de kilogramos de maíz “...debido
a que la importación de este rubro copó el mercado local afectando la
producción nacional”27.
Ante la posible pérdida de esta cosecha, los productores exigieron al
gobierno nacional el cierre de las importaciones de maíz y denunciaron que “Las
dos compañías más grandes que compran maíz en el país son Polar y Dedanca-Monaca,
empresas que mantienen sus inventarios al máximo porque este año han
importado una cifra récord de maíz blanco que se estima en 370 millones de
kilogramos”28.
Los agroindustriales utilizan los silos que han arrendado al Estado para
almacenar sus inventarios, poniendo en peligro de pérdida a los productores
nacionales que se ven imposibilitados de almacenar su cosecha en forma
adecuada hasta poder colocarla.
Igual suerte
han corrido otros rubros como la papa, de la cual el gobierno nacional
otorgó licencia de importación a cuatro grandes importadores, aún cuando la
producción nacional cubría la demanda interna. Los argumentos del MAC para
justificar esta medida resultaron contradictorios puesto que, por un lado,
adujeron derivarse de un estudio de sus técnicos que reflejó un déficit
interno del orden de las 8 mil toneladas (déficit que no fue avalado por los
productores) y por otro, manifestaron abiertamente que se trata de una
medida que pretende incorporar al país en el proceso de globalización
mundial. Efectivamente, César Guevara, funcionario del MAC en el Edo. Lara,
declaró que “...la medida está enmarcada dentro del plan de globalización
que adelanta el país, con el que buscan marchar al paso de otras naciones,
manteniendo la balanza de precio y calidad”29.
Los
productores de café también denunciaron, a lo largo del período que cubre
este Informe, que los niveles de importación los estaban afectando,
especialmente en un año en el que el precio internacional de este rubro ha
bajado considerablemente. Igual suerte corrieron otros rubros como la
cebolla que fue importada en grandes cantidades desde Europa y obligó a los
productores nacionales a vender a la agroindustria por debajo de los precios
fijados por el MAC. En el rubro de los quesos, la Asociación Nacional de
Industriales del Queso (Aniquesos) denunció que la importación proveniente
de Uruguay ha tomado el 61% del mercado nacional.
Las cifras
ofrecidas por la OCEI revelan que en 1995 las importaciones en el sector
agroalimentario alcanzaron la cifra de 1.585 millones de dólares,
descendiendo levemente en 1996, cuando se ubicaron en 1.407 millones de
dólares. Sin embargo, para 1997 se importaron 1.618 millones de dólares en
alimentos, cifra récord en la historia del país. Según el presidente de
Fedeagro, “Estamos importando cerca del 80% de los aceites vegetales, 30%
del maíz blanco de las arepas, 75% de las caraotas, 100% del trigo, 50% de
la leche en polvo, 100% de la soya, 70% de los cereales para alimentos
balanceados y 30% del azúcar entre otros renglones”30.
Este nivel de importaciones durante 1997 alcanzó al 30% del PIB nacional. En
términos generales, Venezuela solo logra producir entre el 25% y el 30% de
lo que consume, con lo que su dependencia alimentaria es muy grave. “Ningún
país del mundo inicia un proceso de desarrollo serio si no se autoabastece
alimentariamente”31.
El logro de
una supuesta mayor competitividad ha llevado a que resulte más atractivo
para los agroindustriales importar la materia prima y muchas veces el
producto acabado argumentando que sus ganancias se ven aumentadas, puesto
que estos insumos tienen un menor costo en el exterior. A juicio del
presidente de Fedeagro, este abaratamiento es temporal y se explica por tres
razones: “Primero, porque se producen en países que durante largas
décadas y de manera ininterrumpida han estimulado su producción agrícola y,
como consecuencia de ello, han alcanzado altos niveles de producción y
productividad. En segundo lugar, porque ellos mantienen programas de
subsidios a la producción interna y a las exportaciones [...]
Finalmente, porque en Venezuela existe actualmente una paridad cambiaria de
sobrevaluación del bolívar que abarata todas las importaciones”32.
El supuesto
abaratamiento de los productos argumentado por los industriales no se
traduce en un abaratamiento a nivel del consumidor, puesto que los índices
de inflación alimentaria siguen estando por encima de la inflación general
del país, además de que no se observa una recuperación en el consumo de
alimentos. Como lo señala Pedro E. Piñate, “Con $ 1.200 millones de
balanza comercial agrícola negativa y 38% de inflación, se concluye que la
libre importación de alimentos en 1997 no favoreció para nada al consumidor
venezolano, mientras afectó sensiblemente al sector productor, cuyos precios
y mercados se vieron comprometidos. Con estas cifras en mano se evidencia
que en lo que respecta a agricultura y alimentación, la denominada ‘Agenda’
no fue por Venezuela, sino por los países exportadores y sus socios
comerciales en el país”33.
Además, este
abaratamiento resulta ficticio puesto que la situación con respecto a la
paridad cambiaria puede cambiar en cualquier momento al igual que los
precios fijados por los países exportadores; si esta situación se produce
frente a un aparato productivo agrícola desmantelado, no habrá posibilidad
de dar respuesta a las necesidades alimentarias de la población y se
generará un serio desabastecimiento en el país.
Ausencia de consenso entre los actores del sector agropecuario
Como se deriva
de las explicaciones anteriores, las políticas públicas en materia agrícola
y pecuaria continúan estando sometidas a las presiones de dos grandes grupos
con intereses claramente diferenciados. Por un lado están los
agroindustriales, quienes consideran la actividad agropecuaria sólo desde el
punto de vista mercantil y por tanto, en el marco de la globalización,
abogan por la desregulación absoluta de este sector. Por otro lado, están
las asociaciones de productores, quienes la conciben como una actividad que
conlleva grandes beneficios para la sociedad en su conjunto y por
consiguiente “...con un contenido |