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Informe Anual 1997-1998 |
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MOVIMIENTO POPULAR Y ORGANISMOS NO GUBERNAMENTALES
Que las
organizaciones y movimientos comprometidos con la promoción de los derechos
económicos, sociales y culturales aúnen esfuerzos, de la manera más
inmediata y profunda que sea posible, tanto para incidir en las políticas
públicas (gasto social, imposiciones fiscales, planes de desarrollo) que
garanticen la asignación de recursos para la vigencia de esos derechos, como
para monitorear, vigilar y verificar socialmente los niveles de cumplimiento
al interior de cada país.
Esta situación
de desmovilización y apatía social que se ha presentado a lo largo del
actual período constitucional, es un dato objetivo de la realidad
político-social que ha vivido Venezuela luego del agitado período iniciado
en 1989, cuando se aplicó el primer Plan de Ajuste Estructural de la
Economía (PAE). A partir de 1994, las expectativas populares en el gobierno
del Dr. Caldera, que ofreció revertir las políticas económicas neoliberales;
la participación en el gobierno de fuerzas progresistas y de izquierda que
anteriormente participaban de la protesta popular y ahora la adversan o
contienen; la ausencia de liderazgo y propuestas políticas que unifiquen al
movimiento popular y la sociedad civil, y los efectos de la crisis económica
que ha llevado a gran parte de la población a invertir su tiempo en
solventar su sobrevivencia económica y necesidades individuales en desmedro
de la participación en asuntos de interés colectivo, ya sea de índole social
o política, son elementos a tomar en cuenta para explicar una etapa de
reflujo de las fuerzas dinamizadoras del cambio social.
En este
contexto, se registraron 37 protestas violentas, un 8,7% del total de
manifestaciones registradas, lo que representa una disminución del 4,3%
respecto del período anterior, lo que confirma la disminución registrada en
1997. También cabe destacar, que aún cuando la mayoría de las
manifestaciones violentas fueron protagonizadas por el sector estudiantil, a
partir del mes de julio de 1998 éstas casi han desaparecido del escenario
para dar paso a estrategias que privilegian las acciones pacíficas
caracterizadas por la originalidad y la creatividad.
Según las
distintas modalidades de manifestaciones pacíficas, los cierres de calle
destinados a interrumpir el tránsito encabezan la preferencia de los
manifestantes: 113 para un 26,7% del total; le siguen las concentraciones
con un 25,1% y las marchas se ubican en el 18,2%, confirmando su disminución
desde 1994, cuando era del 28%.
Con respecto a
los derechos reclamados o defendidos por los sectores sociales movilizados,
se mantiene la tendencia histórica evidenciada desde 1989, que demuestra que
la mayoría corresponde a los derechos económicos, sociales y culturales (DESC).
En esta oportunidad, el reclamo o defensa de los DESC representa el 89% del
total, superando el 65% del período anterior. Cabe destacar que el derecho a
la educación motivó el 30% de las manifestaciones; los derechos laborales el
23%; el derecho a la vivienda el 16%; el derecho a la seguridad social el 8%
y el derecho a la salud el 5%. El reclamo o defensa de los derechos civiles
y políticos (DC y P) representó el 11% del total.
Una vez más,
se puede constatar que la mayoría de las acciones llevadas a cabo por
distintos sectores sociales en la defensa o reclamo de sus derechos, se
llevan a cabo de manera espontánea, focalizada y no vinculada con propuestas
políticas globales o espacios regionales o nacionales de articulación. La
participación según sectores en las manifestaciones registradas en el
período muestra que los vecinos motorizaron el 29% de ellas; los estudiantes
el 28%; los trabajadores el 18% y los jubilados y pensionados el 4%.
La ubicación
geográfica es reveladora de que en los estados centrales se concentra la
mayor cantidad de acciones de protesta, discriminadas de la siguiente
manera: Caracas (32%); Lara (11%); Carabobo (11%), Aragua (8%), lo que
representa un 62% del total nacional; sólo el Edo. Zulia con un 9% destaca
del resto del interior del país.
En el presente
Informe se investiga por primera vez el grado de respuesta de las
autoridades a los reclamos de quienes manifiestan en la defensa de sus
derechos. En ese sentido, hemos registrado tres tipos de respuestas que dan
una idea de la voluntad política de las autoridades para responder a las
problemáticas que plantean los sectores manifestantes: a) Presencia en el
sitio de la protesta de la autoridad competente, b) Compromiso de resolución
y c) Ausencia en el sitio de la protesta. Las estadísticas son claras y
contundentes: sólo un 17% de los reclamos han tenido atención por parte de
las autoridades, y apenas un 3% de ellos han derivado en un compromiso de
las autoridades para solucionar las demandas o problemas presentados por los
manifestantes.
Exigibilidad en materia de DESC
Dentro de un
panorama caracterizado por la espontaneidad e inorganicidad de las
protestas, la organización y realización de “paros cívicos” en zonas del
interior del país es un fenómeno que merece destacarse, pues al menos
significa que a nivel regional se logra trascender con este tipo de acciones
las limitaciones señaladas inicialmente. Las causas de los paros cívicos
suelen ser múltiples y variadas. Muchas de ellas tienen que ver con las
tarifas de los servicios públicos, especialmente del servicio eléctrico.
Así, en la población de Nirgua (Edo. Carabobo), se realizó el 03.11.97, con
participación de todos los sectores organizados de la comunidad (comercio,
colegios, transporte público, vecinos) un paro cívico contra los aumentos de
las tarifas eléctricas implementadas por Eleoccidente. La gran mayoría de la
población se concentró durante más de cuatro horas en los alrededores de la
Plaza Bolívar, logrando que la empresa eléctrica enviara a su máximo
representante, quien se comprometió a realizar “una investigación para
determinar una posible especulación con las facturas y en relación con las
fluctuaciones iba a ordenar que se analizaran las causas”2.
Asimismo, en
el Edo.Yaracuy, el 09.03.98 se llevó a cabo con todo éxito un paro cívico
convocado por la Federación de Vecinos de Yaracuy, para protestar también
contra el alza de las tarifas eléctricas por parte de la empresa
Eleoccidente, que contó con el apoyo del sector comercial e incluso con el
apoyo de los alcaldes de las poblaciones de Bruzual y Urachiche, que
procedieron a cerrar la autopista centroccidental a la altura de Chivacoa3.
Un numeroso grupo de manifestantes se concentró frente a la iglesia de
“Santa Lucía”, en Yaritagua, donde el alcalde de la localidad se comprometió
a plantear ante el Congreso Nacional la posibilidad de conseguir una tarifa
social para ese estado.
En la
población de Upata (Edo. Bolívar), el 03.06.98, la Cámara de Comercio
convocó a un paro cívico para protestar por la apatía gubernamental ante los
problemas de la región. Vale precisar que cuando una comunidad toma la
decisión de optar por la modalidad de un paro cívico es porque se agotaron
con anterioridad todas las instancias de diálogo con las autoridades. Este
fue el caso del realizado en Upata: “Es doloroso que se haya
tenido que llegar a estos extremos, pero hemos agotado todas las instancias
para hacer un llamado a la reflexión”4.
Otra característica presente en esta modalidad de protesta ciudadana, es la
presentación de un pliego de peticiones y propuestas; en este caso cabe
destacar algunas de las más relevantes: “–Mejor dotación de la
Policía estatal para enfrentar el crecimiento de la delincuencia y
garantizar un mínimo de seguridad al ciudadano y a la propiedad privada
[...] –Exigimos la implementación de programas concretos para combatir
los niveles de pobreza en algunos sectores de la población. –Mejorar el
sector salud en nuestro municipio”5.
En el Edo.
Zulia, habitantes de asentamientos indígenas y campesinos establecidos en la
zona sur del lago de Maracaibo, específicamente en el sector Pueblo Nuevo-El
Chivo, organizaron un paro cívico el 12.11.97. La actividad contó con el
apoyo expreso de la jerarquía de la iglesia católica de la región, y fue
organizada por sindicatos campesinos de varios municipios de la zona. Las
principales demandas de los organizadores tenían que ver con el rescate y
asignación de las tierras que en este momento son propiedad del Estado y del
Instituto Agrario Nacional (IAN), pero que están siendo asignadas para la
explotación petrolera, “cuando son las aptas para la producción de
alimentos”6.
Puede
afirmarse con propiedad que los paros cívicos son una estrategia adecuada y
cónsona con el proceso de exigibilidad de los derechos humanos, ya que
permite una amplia y democrática participación de sectores afectados por
problemas comunes, posibilita el consiguiente diálogo con las autoridades
–que no pueden desconocer la demanda de sectores mayoritarios de la
población–, y finalmente propicia la participación de la población en el
seguimiento de los acuerdos logrados con las autoridades.
En el período,
también dos sectores sociales (estudiantes y jubilados) lograron impacto y
alcanzaron logros importantes que vale la pena señalar, más allá de la
modalidad de protesta empleada para defender sus derechos. En el caso del
sector estudiantil, se produjo un cambio significativo en las estrategias
utilizadas para alcanzar sus reivindicaciones o para denunciar medidas que
afectan el derecho a la educación. Al iniciar este capítulo se hizo
referencia a que la mayoría de las protestas violentas habían sido
protagonizadas por el sector estudiantil, tanto de educación media como
superior, pero este fenómeno –presente desde 1989– comenzó a cambiar a
partir del mes de julio de 1998 cuando la juventud universitaria se planteó
estrategias originales para defender la educación gratuita y denunciar la
posible aprobación del Proyecto de Ley de Educación Superior (PLES). Hasta
ese momento, las protestas violentas consistentes en la quema de vehículos
frente a las instalaciones de las principales universidades del país o el
enfrentamiento directo con las fuerzas del orden, caracterizaron las
protestas contra la implementación del ticket estudiantil, que
suplantaría en algunas regiones del país, al histórico pasaje preferencial
estudiantil.
El primer
indicio del cambio de preferencia en las modalidades de protesta, se
presentó el 07.05.98, cuando estudiantes de la Universidad Simón Bolívar (USB)
realizaron una masiva concentración estudiantil en rechazo del cobro de
matrícula a través de la creación de un Fondo de Desarrollo Estudiantil por
parte de las autoridades universitarias. A partir del mes de julio, cuando
el Congreso activó la discusión para la aprobación del PLES, el movimiento
estudiantil, encabezado por la Federación de Centros Universitarios de la
Universidad Central de Venezuela (FCU-UCV), sorprendió a la opinión pública
con una original protesta: estudiantes desnudos pintados de azul enfrentaron
a desconcertados pelotones policiales con el objetivo de oponerse a la
aprobación de la referida ley.
Sucesivas
acciones de carácter pacífico, que incluyeron toma de embajadas, caravanas
de automóviles y autobuses, baños desnudos en plazas públicas, jornadas de
camping, llamado al toque de cacerolas en sectores populares,
jornadas de teatro de calle, tomas del Congreso, entre otras, lograron
paralizar la discusión en el Congreso y la eliminación del polémico artículo
Nº. 20 del PLES. Vale destacar que la reivindicación de las formas pacíficas
de manifestar generó un cambio importante en la opinión pública respecto de
las demandas estudiantiles; inclusive suscitó un debate interesante en los
medios de comunicación social acerca de los pro y los contra de algunas de
las protestas consideradas más irreverentes, tal como la aparición de
estudiantes desnudos. Sin duda alguna, la paralización de la aprobación del
PLES da cuenta del apoyo mayoritario de la opinión pública que presionó para
que los congresantes, en pleno inicio de la campaña electoral, decidieran
dejar esta discusión para el próximo parlamento.
El sector que
agrupa a las personas de la tercera edad, nucleados en el Comité de
Pensionados y Jubilados del Seguro Social, es un ejemplo de lucha con
persistencia en el tiempo. Fundado en julio de 1992, se ha constituido en
una referencia a nivel nacional, por su capacidad organizativa y propositiva.
A lo largo del período realizaron múltiples jornadas de movilización en pro
del cumplimiento de la Ley de Homologación, que establece la equiparación de
la pensión con el salario mínimo nacional. Como ejemplo de su nivel de
creatividad y capacidad de presión, vale recordar que sólo en el mes de
marzo realizaron durante cuatro jueves seguidos distintos tipos de
manifestaciones de protesta: una vigilia por los pensionados, una
manifestación frente al Congreso en ocasión de la visita al mismo del
Presidente Rafael Caldera, la realización de un vía crucis por las calles
céntricas de la ciudad y el comienzo de la recolección de un millón de
firmas para lograr la destitución de los ministros de Hacienda y Cordiplán.
En el curso de los meses siguientes, las actividades de calle continuaron en
todo el país, e incluso abordaron la implementación de iniciativas jurídicas
como la de solicitar a la Corte Suprema de Justicia una interpretación de
los artículos 1 y 2 de la Ley de Homologaciones y de los artículos 9 y 10 de
las resoluciones 2.846 y 2.847, que pretenden desconocer el cálculo de las
pensiones con base en el salario mínimo vigente de Bs.100 mil.
Las acciones
en defensa de los derechos laborales, como en años anteriores tuvieron un
carácter localista y focalizado en la resolución de conflictos vinculados
con reivindicaciones laborales y con deudas salariales a trabajadores del
sector público. Estuvieron ausentes del panorama laboral reivindicaciones
globales que afectan al conjunto de los asalariados, como el cumplimiento de
la Ley Orgánica del Trabajo en materia de prestaciones sociales, el fenómeno
de la desocupación o la defensa de la seguridad social afectada por las
propuestas de reforma implementadas durante 1998. En este sentido, las
principales centrales sindicales del país no han motorizado la protesta
social del sector laboral, por lo que la mayoría de los conflictos
estuvieron liderizados por sindicatos de empresas, o en el caso de los
empleados públicos, médicos o docentes por las federaciones que los agrupan
a nivel nacional.
Vale destacar
como elemento novedoso, la aparición de protestas de trabajadores
desempleados, fundamentalmente en el oriente del país, donde el fenómeno de
la desocupación afecta a las empresas de las industrias básicas de Guayana o
a las empresas vinculadas a la apertura petrolera del oriente del país. El
23.09.98, empleados y obreros desempleados de la industria petrolera
llegaron a Caracas desde el Edo. Anzoátegui para denunciar la existencia de
18.000 despidos en la zona; realizaron una concentración en las puertas de
la sede de Petróleos de Venezuela (PDVSA), buscando llamar la atención de la
opinión pública nacional sobre esta problemática.
Llama la
atención en este período el mayor número de protestas en defensa del derecho
a la vivienda, las que representaron el 16% del total, que involucraron a
asociaciones de vecinos que reclamaban por la mala prestación de servicios
públicos vinculados con la vigencia de este derecho (cloacas, electricidad,
agua) o directamente por la falta de viviendas o la titularidad de tierras
para ese fin. La zona con mayores conflictos por la falta de políticas
públicas en materia habitacional es también Guayana, donde la existencia de
organizaciones de los “Sin Techo” le dan una particularidad especial a las
protestas. El 11.08.98, los “Sin Techo” del barrio Amazonas, ubicado en el
sector CORE 8 de Ciudad Guayana (Edo. Bolívar), tomaron el edificio de la
Corporación Venezolana de Guayana (CVG) demandando respuesta a la solicitud
de compra de los terrenos por ellos ocupados. “Nosotros invadimos los
terrenos en los que estamos actualmente, con el permiso de la CVG, que nos
prometió formalizar nuestra situación desde hace once meses, y todavía no se
nos ha tomado en cuenta”7,
expresó una representante de las 400 familias que organizaron la toma
demostrando con ello la responsabilidad que le cabe a ese organismo en la
resolución de los históricos problemas de vivienda que confronta esa zona
del país.
Una de las
modalidades de protesta más usadas por los vecinos para llamar la atención
del mal funcionamiento de los servicios públicos son los cortes de calle o
interrupciones de tránsito; modalidad que es usada tanto por habitantes de
urbanizaciones de clase media como de barrios de clases populares. Valgan
como ejemplo las siguientes: el 27.08.98 la Asociación de Vecinos de El
Peñón (Edo. Miranda) cortó la calle Coquivacoa de esa urbanización durante
un lapso de cuatro horas, en protesta por el mal estado de las vías que por
agrietamiento habían deteriorado el sistema de cloacas del sector; el
26.06.98, los vecinos del barrio El Béisbol (Edo. Aragua) interrumpieron el
tránsito frente a la sede de la Alcaldía de Las Tejerías, demandando el
suministro de agua a sus viviendas, suspendido en los últimos quince días, y
denunciando adicionalmente las condiciones precarias en que se les brinda
este servicio: “el agua sólo nos llega en cisternas, esta acción es falta
de todo, cómo unas mujeres van a levantar esa manguera que es tan pesada y
que tiene una presión tan fuerte y además, un pipote no alcanza las dos
semanas que tarda el camión en subir”8.
Las protestas
de los pueblos indígenas siguen estando a la orden del día, demostrando la
capacidad organizativa de las comunidades de la etnia pemón, que ha
realizado acciones tanto en el Edo. Bolívar como en Caracas para oponerse al
proyecto del tendido eléctrico hacia Brasil y a la explotación minera en la
Sierra de Imataca. En el Edo. Bolívar, el 12.08.98, el capitán pemón Italo
Pizarro liderizó el cierre de la carretera que comunica con Brasil, la cual
permanecía cerrada durante cuatro o cinco horas y abierta por un espacio de
30 minutos. El objetivo de la acción pacífica era llamar la atención e
informar a los turistas y transportistas mediante la pegatina de una
calcomanía que rezaba: “No al Decreto 1850. No al tendido
eléctrico. Sí al territorio indígena”. A pesar de esta modalidad no
violenta, esta manifestación fue reprimida por la Guardia Nacional (GN), lo
que fue denunciado por los manifestantes, que continuaron a pesar de ello
con la acción durante varios días con el objetivo de lograr un diálogo con
los funcionarios de la compañía Edelca y de la CVG. Por su parte, otras
acciones se realizaban en Caracas con el apoyo de grupos ecologistas, tal
como la toma del Congreso Nacional donde –con canciones de protesta y
representaciones teatrales– se sensibilizó e informó a los transeúntes
caraqueños sobre la necesidad de apoyar a esas comunidades indígenas, que
–valga recordar– hasta el momento no han recibido respuesta de las
autoridades competentes.
Exigibilidad de los derechos civiles y políticos
Las
movilizaciones o protestas por la vigencia de los derechos civiles y
políticos registradas en este período alcanzan un total de 48, sólo 6 más
que las contabilizadas en el período anterior.
La mayoría de
las protestas (27) se realizaron para denunciar abusos policiales, malos
tratos o irregularidades en los centros penitenciarios y situaciones de
inseguridad personal que afectan a sectores de la población ante la ausencia
de políticas preventivas de los organismos policiales. En el primer caso,
han sido las ONGs de derechos humanos locales o regionales las que han
motorizado las acciones de protesta; en el segundo, los procesados o penados
y sus familiares, y en el tercero, asociaciones de vecinos o transportistas
afectados.
Así, la Red de
Apoyo por la Justicia y la Paz ha seguido realizando los primeros martes de
cada mes, frente al Congreso Nacional su tradicional parada para denunciar
casos de muertes, torturas y malos tratos atribuibles a diversos cuerpos de
seguridad del Estado, destacando la realizada en agosto de 1998 cuando se
inició una campaña de denuncia de las violaciones a los derechos humanos en
las zonas fronterizas, acompañada de la demanda del levantamiento de las
suspensión de las garantías en 16 municipios fronterizos.
Las huelgas de
hambre siguen siendo una forma usual de protesta de los presos para
denunciar las situaciones críticas que padecen; durante el período se
registraron 15 en distintos penales del país. Una de las características de
este tipo de acciones es la participación masiva de los presos. A manera de
ejemplo vale recordar dos de ellas: la protagonizada por 800 internos del
Centro Penitenciario de Aragua (Tocorón) durante cinco días exigiendo el
restablecimiento del régimen abierto, la celeridad en los procesos
judiciales y la destitución de una funcionaria del Ministerio Público; en el
Internado Judicial de Yare II (Edo. Miranda), un total de 556 presos
reclamaron un mejor servicio médico, la dotación de ambulancias, la
reparación del sistema de cloacas y un mejor trato por parte de los
funcionarios de Prisiones y de la GN. La
problemática de la inseguridad personal que viven las comunidades ante el
crecimiento de la actividad delictiva generó protestas de distinto tipo,
como paros de transportistas afectados o manifestaciones vecinales. El
02.03.98 se llevó a cabo un paro de transporte organizado por los chóferes
agremiados en la Unión de Conductores del para entonces Municipio Vargas, en
protesta por la muerte de uno de ellos al ser asaltado en plena jornada de
trabajo. Esta medida –que impidió el traslado de la mayoría de la población
litoraleña a Caracas–, tuvo una inmediata respuesta de las autoridades que
se comprometieron a mejorar el patrullaje y a establecer un sistema de
comunicación entre las unidades de transporte y la policía. Por otra parte,
en el Edo. Táchira, el 07.04.98 más de 100 taxistas realizaron una caravana
entre la Plaza de Toros de Pueblo Nuevo y la sede de la Policía Técnica
Judicial, para reclamar justicia por la muerte de un compañero de trabajo
ocurrida luego de ser atracado mientras conducía su unidad. La caravana fue
apoyada por parlamentarios regionales que acompañaron al Sindicato de
Taxistas a la entrevista realizada con las autoridades policiales.
__________________________________________________________________________________________________________________________ 2. El Carabobeño, 04.11.97, pág. C-3. 3. El Informador, 10.03.98, pág. C-8. 4. Correo del Caroní, 04.06.98, pág. C-1. 5. Ídem. 6. La Columna, 13.11.97, pág. 7. 7. Correo del Caroní, 12.08.98, pág. 6-A. 8. El Siglo, 26.06.98, pág. D-40. |