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Informe Anual 1999-2000 |
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DERECHO A LA ALIMENTACIÓN
El Estado promoverá la
agricultura tropical sustentable como base estratégica del desarrollo rural
integral y, en consecuencia, garantizará la seguridad alimentaria de la
población; entendida como la disponibilidad suficiente y estable de
alimentos en el ámbito nacional y el acceso oportuno y permanente a éstos
por parte del público consumidor. La seguridad alimentaria se alcanzará
desarrollando y privilegiando la producción agropecuaria interna,
entendiéndose como tal la proveniente de las actividades agrícolas,
pecuaria, pesquera y acuícola. La producción de alimentos es de interés
nacional y fundamental al desarrollo económico y social de la nación... Durante el período que cubre este Informe, el
comportamiento de los indicadores que miden el cumplimiento del derecho a la
alimentación mostró variaciones que apuntan a una recuperación en algunos
aspectos, retroceso en otros y estancamiento en la mayoría de ellos. Así,
las cifras oficiales que miden el déficit nutricional de la población
muestran una leve mejoría con respecto a 1998; mientras que para mediados de
año, se reporta una también leve recuperación del consumo de alimentos,
indicador que venía mostrando una tendencia negativa desde mediados de los
años noventa. Por otro lado, algunas deficiencias importantes en el estado
nutricional de la población, específicamente las relacionadas con la
carencia de hierro, siguen en ascenso, alcanzando índices alarmantes,
mientras que otras, como la deficiencia de yodo logró reportar resultados
tan positivos que llevaron a la Organización Panamericana de la Salud (OPS),
a declarar a Venezuela territorio virtualmente libre de esta insuficiencia.
En lo que se refiere a las políticas alimentarias diseñadas por el Estado,
es posible encontrar indicadores novedosos que podrían apuntar al logro de
avances en materia de seguridad alimentaria. Sin embargo, todavía muchas de
estas medidas se encuentran en proceso de implementación como consecuencia
de la etapa de transición política que ha vivido el país, por lo que deberá
esperarse hasta el próximo año para conocer sus resultados. Por otra parte,
se evidencian algunos rasgos preocupantes, especialmente en materia de
operativización de estas medidas, que podrían poner en peligro las buenas
intenciones del gobierno. Este panorama general nos obliga a realizar el
análisis que sigue, desde la perspectiva de la sostenibilidad de los logros
alcanzados y de los resultados que en el corto plazo podrían obtenerse con
las medidas implementadas, tomando como base la Observación General número
12 del Comité de Derechos Económicos, Sociales y Culturales de Naciones
Unidas (CDESC), correspondiente al 20º período de sesiones, la cual reitera
las obligaciones que para un Estado comporta la garantía del derecho a la
alimentación: respetar, proteger y realizar.
Venezuela ingresa al siglo XXI, inmersa en un proceso de deterioro de la
situación nutricional de su población, ampliamente reconocido tanto por los
sectores oficiales como por los privados, que se inició a mediados de los 90
y que, si bien presenta algunas cifras esperanzadoras en este último año,
todavía no puede afirmarse que esté en un proceso sostenido de superación.
La
mejoría observada en este período se verifica en los indicadores
antropométricos, es decir aquellos que se conocen a través del análisis de
la relación talla/peso, talla/edad y peso/edad y que permiten visibilizar
directamente el estado nutricional de una persona. Sin embargo, en lo que se
refiere a los micronutrientes que requiere el organismo para que la persona
pueda calificar en un estado óptimo de salud, y cuya carencia se conoce como
hambre oculta, la situación no es tan alentadora, pues se experimentan
retrocesos notables. Por otra
parte, el asunto de la equidad continúa planteándose como el gran problema
en relación con la vigencia de este derecho, pues algunos de los indicadores
señalados adquieren niveles alarmantes en las entidades federales más
pobres, con lo que podemos afirmar que las mejorías alcanzadas no han tenido
mayor incidencia, precisamente en los sectores de la población más
vulnerables, y a los que el Estado, en razón de su obligación de realizar,
está compelido a dotar de los alimentos necesarios para su subsistencia. Para el
análisis antropométrico, utilizaremos la categoría denominada "combinación
de indicadores" que resulta del cálculo de las tres categorías clásicas:
peso para la talla, peso para la edad y talla para la edad. Este indicador
general permite tener una idea de la desnutrición global, pues relaciona
aspectos que tienen que ver tanto con la desnutrición pasada o crónica como
con la actual. Los datos provienen del Sistema de Vigilancia Alimentaria (Sisvan),
ente adscrito al Instituto Nacional de Nutrición (INN) y corresponden a la
población menor de 15 años que es atendida en los ambulatorios y centros
hospitalarios pertenecientes al Ministerio de Salud y Desarrollo Social (MSDS). La
disminución observada en los índices que miden el déficit nutricional de la
población menor de 15 años, se constata en el siguiente cuadro:
Cuadro comparativo de la
situación nutricional de los niños menores de 15 años 1998-1999
Déficit
Combinación de
indicadores por grupo etario
1998
1999
< de 2 años
25,32%
23,76%
2 a 6 años
24,69%
23,39%
7 a 14 años
26,11%
25,62%
Fuente:
INN. Sisvan. Como se
desprende del cuadro anterior, la disminución del déficit nutricional
alcanza en promedio un 1,1% en los tres grupos de edad, cifra que todavía no
representa una recuperación importante. En
relación con los indicadores separados de clasificación antropométrica, la
única información disponible es la que se refiere al indicador peso/talla,
que mide la desnutrición actual y el cual presentó una leve disminución con
respecto a 1998, al pasar de 12,51 a 11,74%. Es de hacer notar que este
indicador ha presentado históricamente un índice menor que el indicador
peso/edad, el cual mide la desnutrición crónica, es decir la que se ha
asentado en el tiempo y que se encuentra en aproximadamente 8 % por encima
del indicador peso/talla. A su vez, el indicador talla/edad, que mide tanto
la desnutrición crónica como la actual, se encuentra cerca de 10 % por
encima del de peso/edad. Esto demuestra que ha habido un proceso de
adaptación a una constitución corporal diferente, derivado de la carencia
prolongada de alimentos. Las
razones aparentes que explican esta reducción en los índices de desnutrición
se deben principalmente al impulso que el actual gobierno ha otorgado a la
aplicación de políticas compensatorias que han llevado alimentos
directamente a la población escolar o que se encuentra afectada por
situaciones de carencia de los mismos. "Según Datanálisis, los niveles de
deficiencia nutricional se redujeron en dos puntos porcentuales en un año.
[...] Aún así, la cifra ‘récord´ [...] continúa
siendo impactante cuando se humaniza: uno de cada tres niños tiene un
déficit en su ingestión diaria de alimentos. La buena noticia se produjo
principalmente por el programa del Gobierno que llevó a las escuelas los
alimentos, principalmente aquellas donde acuden los pequeños que pertenecen
a los estratos más bajos de la población"1. Este hecho podría estar indicando que no se trata de
una recuperación sostenible en el tiempo, si no se acompaña de medidas que
permitan atacar las razones estructurales que obstaculizan la adquisición de
alimentos en cantidad suficiente y en forma oportuna, como son la carencia
de empleo, el bajo poder adquisitivo del salario y las limitaciones
geográficas que algunas regiones poseen para acceder a los alimentos. Por otra
parte, si bien la utilización de la red escolar ha masificado en buena
medida la implementación de estos programas compensatorios, la medida no es
suficiente como para alcanzar los niveles de universalidad necesarios,
debido a los índices de exclusión escolar2, que afectan precisamente a la
población que más los necesitan. Además, al depender del calendario escolar
no tienen permanencia a lo largo del año, con lo que se corre el riesgo de
que el esfuerzo realizado durante el año escolar, se pierda en los meses en
los que los niños no asisten a la escuela, más si se toma en cuenta que el
contenido calórico de estos almuerzos escolares sólo cubre entre un 30 % y
un 40% de lo requerido. A su vez, la cobertura de los programas alimentarios
que se desarrollan a través del INN, ha venido experimentando una fuerte
disminución debido al proceso de reestructuración de ese ente y a las
dificultades para obtener los recursos suficientes y a tiempo. Así,
para el año 2000, el INN diseñó un Programa de Protección Nutricional (PPN),
pero debido al proceso de reestructuración y a la transferencia de recursos
a los diferentes entes que participan en el mismo (MSDS, MECD, gobernaciones
y alcaldías), "... los recursos financieros asignados al Programa
Protección Nutricional presentan una reducción para el ejercicio fiscal 2000"3. El programa en cuestión contempla actividades para
atender a los diferentes grupos etarios de la población como son: Centros de
Educación y Recuperación Nutricional, Comedores Escolares, Comedores en
Institutos de Educación Básica, Media y Diversificada y Comedores Populares
e Industriales. La cobertura de estos programas es la siguiente:
Programa
Cobertura
Costo en Bs.
Protección Nutricional al
preescolar
889 niños
536.186.000
Protección nutricional al
escolar
110.000 niños
3.850.000.000
Protección nutricional al
adolescente
35.967 niños
1.260.000.000
Protección nutricional al
adulto y ancianos
16.000 adultos
3.162.000.000
Fuente:
INN. Dirección de gestión alimentaria. La
escasa cobertura de estos programas dependientes del principal ente de
atención nutricional del país, resulta preocupante. El desmantelamiento que
en la práctica ha sufrido este organismo en lo que a programas alimentarios
se refiere, debe ser un llamado de alerta, pues todavía no están creadas las
condiciones para que los entes a los cuales se transferirán estas
competencias, puedan ejecutar los programas adecuadamente. Además, los otros
programas alimentarios que se desarrollan a través de otras redes, han
sufrido los ya históricos retrasos debido a las trabas burocráticas y a la
poca claridad en el origen de sus fondos, afectando por la irregularidad del
servicio a más de 4.000.000 de alumnos. Efectivamente, "El atraso en la
asignación de recursos afectó- según las propias cifras que tienen los
organismos rectores de la política social- a 4,4 millones de niños que
logran asistencia del Estado a través de algunos de los programas sociales
que lleva a cabo el Fondo Único"4. Por su
parte, en la Cumbre Mundial a Favor de la Infancia celebrada en Nueva York
en 1990, Venezuela suscribió la meta de reducir en un 50% la desnutrición
grave y moderada de los niños menores de 5 años en un período de 10 años, es
decir para el 2000. El Informe de UNICEF "Avances en el Cumplimiento de
las Metas de la Cumbre Mundial a Favor de la Infancia de Venezuela", que
tiene cifras correspondientes a 1998, señala que con respecto a indicadores
como desnutrición global y aguda, estaban cerca de lograrse para el año
2000, mientras que otros, como la desnutrición crónica, dado que ha sufrido
un incremento con respecto a los valores que presentaba en 1990,
difícilmente se alcanzará, tal como muestra el siguiente cuadro:
Indicador
Valores presentes
Valores establecidos 2000
Valores alcanzados 1998
Desnutrición
7,7%
3.9%
5,1%
Desnutrición
13,8%
6,9%
14,9%
Desnutrición
4,5%
2,3%
2,9%
Fuente:
UNICEF. "Avances en el cumplimiento de las Metas de la Cumbre Mundial a
Favor de la Infancia de Venezuela". Estas
cifras indican que los mayores esfuerzos han estado dirigidos a detener la
desnutrición actual o aguda, a través de medidas que podrían considerarse de
"emergencia" como lo son los programas sociales que distribuyen alimentos
(desayunos, almuerzos y meriendas), básicamente a través de la red escolar.
No ocurre lo mismo con la desnutrición crónica con respecto a la cual se
verifica una diferencia alarmante ya que se duplica lo esperado. Vale
destacar que la desnutrición crónica es producto de años de carencias, y es
la que deja secuelas irreversibles, como una menor talla para la edad. Este
tipo de desnutrición "...es el resultado de un proceso de adaptación,
irreversible en muchos de sus parámetros...", el cual a su vez "...
tiene un pronóstico malo si nos atenemos a las posibilidades de mejorar a la
generación actual"5. Por lo demás, se trata del surgimiento de una
generación distinta a las anteriores, desconocida y con mayores riegos por
ser más vulnerable, pues "Un niño de seis años que a primera vista
aparente tres, a causa de su retraso físico, no es evidentemente comparable
en su conducta, en su psicología y en su capacidad de aprendizaje a un niño
normal de seis años. Pero tampoco a un niño de tres. Es un ser distinto, con
sus propias características biológicas y de conducta, y una organización
intersensorial difícil de cuadrar estrictamente en una edad cronológica"6. A su
vez, el Estudio sobre Condiciones de Vida realizado por Fundacredesa en
1999, y que abarca a la población del Área Metropolitana de Caracas, arroja
algunas conclusiones que confirman, por un lado, que la situación
nutricional de la población, especialmente la infantil, sufrió un deterioro
notable en esta década; y por otro, que existen sectores particularmente
vulnerables: niños y niñas menores de 2 años, y población perteneciente a
los estratos socioeconómicos IV y V, indicando con ello que el déficit
nutricional está apareciendo cada vez más temprano y que el binomio
desnutrición-pobreza, es un hecho comprobado. Refiere el mencionado informe
que durante la década de los 90, en los niños de 2 años, el déficit
nutricional se ha mantenido por encima del 20%, mientras que en los niños y
niñas de 7 años, ronda el 11%. "Estos resultados llaman poderosamente la
atención, debido a la instalación temprana de estos déficit, en especial si
se toma en cuenta que éstos se presentan como resultado del incremento de
niños con retardo de crecimiento intrauterino que no logran recuperarse..."7.
Sobre este grupo etario señala también que "...a partir de 1996 la
desnutrición aguda se incrementa en forma sostenida, reflejando la precaria
situación de salud de este grupo, que se manifiesta en el incremento de la
tasa de mortalidad infantil y de mortalidad por diarrea y enfermedades
respiratorias. También a partir de 1996 aumenta la proporción de niños con
retardo en su crecimiento en talla y en peso para la talla..."8. En
cuanto a los adolescentes, se verifica que "...se incrementó el
porcentaje de jóvenes con déficit en peso para la edad y talla para la edad"9,
mientras que para la globalidad de la población menor de 18 años, "...en
esta década sólo entre 4-6% de los niños clasificaron con un crecimiento
físico en los niveles altos"10. Las
cifras señaladas, adquieren significados diferentes según sea el lugar y la
condición socioeconómica en la que se encuentre la población. Así, es
posible evidenciar que las personas pertenecientes a los estratos sociales
más bajos tienen una menor ingesta de calorías como lo muestra el siguiente
gráfico:
Consumo de calorías
diarias por estrato social
Estrato
Calorías
I
2.499
V
2.193
V
2.153
Fuente:
Fundacredesa. En los
tres casos, el consumo se encuentra por debajo de los requerimientos
establecidos por los organismos internacionales como la Organización Mundial
de la Salud (OMS) y la Organización de las Naciones Unidas para la
Agricultura y la Alimentación (FAO), que señalan que para países como
Venezuela, la ingesta calórica debe ser superior a las 2.500 kilocalorías
por persona por día. Las propias autoridades del Ministerio de Producción y
Comercio (MPC) han reconocido el proceso regresivo de este indicador al
señalar que: "En los 30 años transcurridos entre 1960 y 1990, en
Venezuela se había avanzado en la ingesta calórica y proteica de 2.000 Kcal.
y 50 g. respectivamente, prevaleciente en los años 40 y 50, hasta contar con
disponibilidades alimentarias equivalentes a 2.187 Kcal. y 57,4 g. de
proteína en 1961-1963, con 2.385 Kcal. y 58,9 g. de proteína para 1969-1971
y con 2.719 Kcal. y 68,9 g. de proteína en 1979-1981. Esta evolución
positiva, lograda fundamentalmente en base a la importación de alimentos, se
revierte hasta alcanzar las 2.443 Kcal. y 61 g. de proteínas/persona/día
para 1988-1990"11. A su
vez, cabe destacar que los índices de desnutrición de aquellas entidades
federales que poseen un mayor porcentaje de población campesina o indígena,
se elevan por encima de la media nacional, lo que ha llevado a los propios
voceros gubernamentales a afirmar que: "En relación con la alimentación
se presentan sistemáticamente niveles inferiores de consumo en el sector
rural con respecto al urbano"12. Así, en
el caso de los niños menores de 2 años encontramos que el déficit
nutricional en la categoría combinación de indicadores es de un 23,76% en
1999. Sin embargo, para estados como Delta Amacuro, Amazonas y Apure, cuyo
componente de población indígena y campesina es muy significativo, ese
indicador supera el 30%, llegando en el caso de Delta Amacuro a rebasar el
40%. Aunque con valores levemente inferiores, el mismo comportamiento ocurre
en los grupos etarios de 2 a 6 años y de 7 a 14 años. Esta realidad amerita
que se apliquen medidas especiales que respeten los criterios de equidad y
prioridad que contempla Naciones Unidas al establecer que: "Los grupos
socialmente vulnerables como las personas sin tierra y otros segmentos
particularmente empobrecidos de la población pueden requerir la atención de
programas especiales"13.
Deficiencias de micronutrientes Según
los expertos, el hambre o desnutrición oculta se define como: "...la
desnutrición que no es evidente y por tanto que no es fácil de diagnosticar,
donde los rasgos más importantes son las alteraciones de micronutrientes en
ausencia de síntomas clínicos y la disminución de las reservas calóricas"14.
Los tres micronutrientes básicos son: hierro, yodo y vitamina A. En el
período que cubre este Informe, el comportamiento de estos micronutrientes
en la población presenta avances y retrocesos según se detalla a
continuación. Según
una evaluación realizada en el mes de noviembre de 1999 por la OMS/OPS,
UNICEF, el Programa Subregional Andino de Micronutrientes y el Consejo
Internacional para el control de los Desórdenes por Deficiencia de yodo (DDY)
"...se obtuvo la declaración de Venezuela como país virtualmente libre de
los DDY"15, señalando a su vez que: "...la perspectiva de
sostenibilidad son muy buenas si el Programa mantiene su situación actual,
reforzando algunas de sus actividades"16. Según
José Esteban Torres Suárez, Presidente de la Comisión Nacional para el
control de la Yodación y Fluoración de la Sal, "Los monitoreos
realizados entre 1993 y 1995 determinaron que 35% de los habitantes del país
registraba menos de 100 microgramos de yodo por litro de orina, es decir,
menos de los valores normales. Otros estudios llevados a cabo en 1993,
determinan que 6 de cada 10 niños presentaban deficiencia de yodo. Análisis
similares, realizados en 1998, revelaron que ya este problema no se registra
en ningún estado del país. En la actualidad sólo 1 de cada 10 infantes
carece del micronutriente"17. Esta meta era una de las establecidas para
el 2000 en la Cumbre Mundial a favor de la Infancia, celebrada en Nueva York. No
ocurre lo mismo con la anemia y la deficiencia de hierro que muestra en este
período, signos de ascenso. Según datos de UNICEF, 59% de los niños
venezolanos menores de 36 meses y 16% de los adolescentes presentan
deficiencia de hierro. En el caso de las mujeres embarazadas, un estudio
realizado en la ciudad de Caracas, arrojó que 41% de éstas padece anemia y
47% déficit de hierro. Desde
hace años, se ha reconocido que la deficiencia de hierro y la anemia,
constituyen la carencia nutricional más importante que afecta a la población
venezolana, lo cual llevó a las autoridades a diseñar una estrategia para
combatirla, basada en la fortificación con hierro de ciertos alimentos. Esta
estrategia se inició con carácter obligatorio en 1993 en alimentos como la
harina precocida de maíz y la harina de trigo, cereales que representan el
45% del consumo diario de calorías de la población. Según el INN, al año
siguiente se haberse iniciado el programa, "...la prevalencia de anemia
disminuyó de 19 a 9% y la de deficiencia de hierro de 37 a 16%"18. Sin
embargo, las mediciones realizadas para 1997-98 (Fundacredesa-UNICEF),
reportan cifras menos alentadoras: "Durante este período la deficiencia
de hierro descendió solamente de 15% en 1994 a 12,5% en 1998. [...]La
prevalencia de anemia subió de 10% en 1994 a 15% en 1998, probablemente
debido en parte a la epidemia de Dengue que ha azotado a nuestro país en los
últimos años"19. Estos
índices aumentan en la medida en que desciende la escala socioeconómica,
observándose que "...56 de cada 100 niños del estrato V en Caracas tenían
anemia y ocurría lo mismo en 63 de cada 100 pequeños del mismo estrato en el
interior"20. El aumento de estas deficiencias, a pesar de la
estrategia implementada podría estar demostrando que el combate de la anemia
no puede hacerse sólo a través de la fortificación de alimentos, sino que
debe abarcar necesariamente la situación socioambiental, que permita
prevenir otras causas que la provocan como las infecciones producto de
enfermedades asociadas a la pobreza, tales como el dengue. La
deficiencia de este micronutriente es responsable de la ceguera infantil y
se obtiene a través del consumo de productos animales como hígado, leche,
huevos y pescados, y determinadas frutas, hortalizas y verduras. El
Estudio "Impacto del Enriquecimiento de las harinas con hierro y vitamina
A" realizado por Fundacredesa en 1998, reportó que la "La deficiencia
de vitamina A resultó severa (40%), moderada (18%) y leve (5%) a los 7, 11 y
15 años respectivamente"21. Otro estudio más reciente realizado también por
Fundacredesa en el área metropolitana de Caracas, arrojó para 1999, una
aparente disminución de los niveles de Vitamina A en algunos estratos, aún
cuando su adecuación sigue estando por encima de los requerimientos
calculados. Esta disminución es del 6,4% en el estrato social IV y del 7,%
en el V, mientras que el estrato social III, se presenta un aumento del
17,2%, lo que se asocia a un mayor consumo de hígado por parte de este
sector de la población.
Comportamiento del consumo
alimentario Luis
Vicente León, Director de Datanálisis, califica lo que ha sido el período
analizado en lo que a consumo de alimentos se refiere, con la siguiente
frase: "Estamos menos mal, pero no estamos bien". Durante
el período que cubre este Informe, las diferentes fuentes que miden el
consumo de alimentos mostraron cifras no siempre coincidentes, lo que hizo
que el gobierno y los agroindustriales se desmintiesen mutuamente, dadas las
diferentes percepciones que ambos sectores tienen sobre esta materia. Así,
la Cámara Venezolana de la Industria de Alimentos (Cavidea), señaló que en
1999, la caída del consumo superó el 12%, siendo "...el año más difícil
que ha vivido la industria venezolana de alimentos, marcado por una alta
recesión, por una contracción agravada por la evidente caída del poder
adquisitivo, pero también por la ausencia de esa necesaria respuesta oficial
dirigida a enfrentarlo de manera integral"22. Para el primer trimestre
de 2000, Cavidea reportó igualmente, una caída en el consumo de alimentos
procesados del orden del 3,5 % en comparación con los tres primeros meses de
1999, que significó "...que entre enero y marzo de este año se dejaron de
consumir 11.000 toneladas de alimentos, debido al bajo poder adquisitivo del
venezolano que ahora compra los productos por el precio dejando de lado la
calidad y la marca"23. Por su
parte, voceros del MPC afirmaron que el consumo de alimentos frescos se
incrementó en 15% entre 1998 y 1999 debido a "... la implementación de
políticas en las áreas agrícola y alimentaria y a la optimización de los
mecanismos de comercialización, en especial los ejecutados a través del
Programa de Alimentos Estratégicos, que cuenta con 16.200 bodegas adscritas,
lo cual permite que sectores de menores ingresos accedan a productos
alimenticios con precios 40% más baratos a los que ofrecen otros comercios."24;
y agregó que las cifras que ofrece Cavidea corresponden a alimentos
procesados en los que se incluyen los refrescos, golosinas, alimentos
congelados y pasapalos, que no forman parte de la canasta alimentaria.
Además, señaló que la Cámara Venezolano Americana de Industria y Comercio (Venancham)
reportó datos que refrendan un aparente aumento del consumo, al señalar que
"... el 88% de las empresas consultadas tuvieron en febrero pasado ventas
cuyos tonelajes fueron superiores a los de febrero de 1999"25. Para el segundo trimestre de 2000, el gobierno
anunció una recuperación en el consumo de alimentos procesados del orden del
2%, lo que para algunos se debió a causas coyunturales como el reciente
aumento de sueldos y salarios y el proceso electoral, que favorece la
realización de compras nerviosas por parte de la población. Este carácter
coyuntural se confirmó cuando, en el mes de junio, se reportó una caída del
2,5%. Sin
embargo, en el segundo trimestre del año, la propia Cavidea reconoció que la
contracción del consumo de alimentos se detuvo, aunque todavía no se
presentan rasgos de recuperación. Según Gómez Sigala, presidente de este
organismo, se ha experimentado un comportamiento irregular del consumo, que
tuvo que ver con el proceso electoral, ya que: "... antes de las
elecciones previstas para el 28 de mayo hubo un auge elevado en la demanda y
después una reducción en iguales proporciones"26. A juicio
de Datanálisis: "Lo más acertado es decir que el consumo alimentario se
mantiene constante [ya que ], el primer trimestre del 2000 se está
comparando con los peores tres meses de los últimos diez años en lo que
respecta a consumo alimentario y que son, justamente, los del 99."27.
Además, a pesar de que el consumo se recuperó en un 2,8% si se compara con
el mismo período del año pasado, sigue estando por debajo de los niveles de
1998. Otras de
las razones que explican esta aparente recuperación en el consumo de
alimentos es la mayor inversión del gasto público en esta área gracias al
aumento de los precios del petróleo; pero todavía no se avizora que responda
a una política sostenible en la que haya participación de la inversión
privada. De hecho, se reconoce que la capacidad ociosa de las empresas de
producción de alimentos es del orden del 50% para mediados de 2000. Según
Cavidea, "Lo más lamentable es que no se vislumbra una estrategia
económica por parte del Gobierno, que permita revertir- en el segundo
semestre del año- la caída del consumo en la población"28, estimándose
que este descenso alcanzará entre el 12 % y el 14% para finales de año. Por su
parte, el Consejo Nacional de Economía en su documento "Los retos para el
2000 hacia una nueva economía con crecimiento y desarrollo social"
reconoce que durante 1999, "El consumo real de la población se redujo en
un promedio de 8,7% ; sin embargo, en algunos renglones del área de
alimentos en más de 20%."29. Durante este período, los precios de los alimentos se
han ubicado por debajo del nivel de inflación, lo que ocasionó que por
primera vez en muchos años, se experimentara una disminución del costo de la
Canasta Alimentaria que, según el Centro de Estudio y Análisis de los
Trabajadores (Cenda) fue de 4,4 % en el mes de agosto, lo que contribuyó a
disminuir el porcentaje del déficit adquisitivo a un 29%, porcentaje que ha
rondado el 50% en los últimos años. Este es un rasgo alentador por sus
efectos más permanentes sobre una posible tendencia hacia la recuperación
del consumo. De mantenerse esta situación, el mayor poder adquisitivo de la
población favorecería la compra de alimentos y podría comenzar a revertirse
de manera definitiva, la incesante caída que ha experimentado este indicador
desde mediados de los años ochenta. Frente a
este panorama en relación con el consumo de alimentos, el gobierno nacional
implementó algunas medidas relacionadas con la puesta en el mercado de
productos alimenticios a bajo costo. Especial mención merece el denominado
bistec popular, el cual produjo reacciones encontradas tanto en los sectores
productivos como en la propia población. Las principales reservas con
relación a esta medida, estuvieron signadas por la desconfianza en relación
con la calidad del producto y con su verdadero impacto en el aporte de
calorías para la población puesto que, algunos señalan que el mencionado
bistec popular está constituido por carne de cuarta categoría con 25% de
grasa. Por otra
parte, también se anunció la creación del Instituto para la Promoción del
Consumo del Huevo que aspira aumentar el consumo de 90 unidades a 108 por
persona al año, así como una campaña nacional para promover el consumo de
arroz como acompañante diario en la dieta del venezolano.
Políticas públicas en materia agroalimentaria
Numerosos anuncios acerca de medidas que favorecerían especialmente la
producción de alimentos fueron hechos por las autoridades gubernamentales en
el período que cubre este Informe. Sin embargo, no todos gozaron de la
aceptación general, entre otras razones porque lucen fragmentados, al no
responder a una política nacional coherente en esta materia, y por otra
parte, todo parece indicar que el alcance no es suficientemente masivo. De
esta manera, no puede afirmarse que exista todavía una política
agroalimentaria bien definida encaminada a garantizar el derecho a la
alimentación, especialmente porque más allá de las grandes líneas
nacionales, no se visualiza continuidad con las medidas concretas anunciadas
durante el pasado año por el anterior Ministro del entonces Despacho de
Agricultura y Cría. Aún así,
es posible identificar algunos aspectos positivos que por su carácter no
coyuntural pueden favorecer en el mediano plazo la implantación de una
estrategia realmente efectiva en función de garantizar este derecho. Un
primer saldo positivo obtenido durante este período, tiene que ver con el
reconocimiento expreso en el texto constitucional de la garantía a la
seguridad alimentaria de la población, tal y como está contemplado en el
artículo 305 de la nueva Constitución y el cual deberá reglamentarse a
través de un conjunto de medidas. De esta manera, se crean las condiciones
para cumplir con una de las obligaciones del Estado señaladas en la
mencionada Observación General de la ONU, cual es la creación de una
legislación marco que garantice la aplicación de una estrategia nacional
para dar cumplimiento al derecho a la alimentación30. Cabe destacar que el artículo en cuestión incorpora
los dos elementos que la FAO ha definido como componentes fundamentales de
la seguridad alimentaria: la disponibilidad de alimentos con un grado
adecuado de suficiencia y estabilidad, y el acceso a los mismos en forma
oportuna. Igualmente, el mencionado artículo señala que se dará
preponderancia a la producción nacional para cumplir con esta garantía, lo
que fue objeto de críticas por parte sectores agroindustriales que acusaron
a la Constitución de estatista y atrasada, aduciendo que no habrá garantía
de seguridad alimentaria si se producen alimentos no viables y por tanto más
caros. Estas
afirmaciones indican que poco se ha avanzado en las relaciones
agroindustria-gobierno que como se ha señalado en los anteriores informes,
constituyen uno de los obstáculos más serios para el desarrollo de una
política nacional en materia alimentaria, realmente acorde con las
condiciones y necesidades de nuestro país. El
desencuentro se centra alrededor de la política de importaciones, por un
lado, y la colocación de la producción nacional, por el otro, ya que no ha
logrado compatibilizarse la producción de alimentos con niveles de ganancias
a los que aspiran los industriales, con la garantía de la seguridad
alimentaria para la mayoría de la población, tal como lo establece el
cumplimiento del derecho a la alimentación. Como consecuencia de esto, nos
encontramos frente a una realidad sumamente distorsionada en la que la
producción nacional de alimentos ha sido prácticamente sustituida por las
importaciones, lo que ha venido a propiciar un descenso permanente de la
primera. Este descenso se verifica en la progresiva disminución que ha
experimentado el cultivo de tierras aptas para el desarrollo de productos
alimentarios, lo cual, según declaraciones del ex-ministro de la Producción
y el Comercio J. J. Montilla, ha significado que "...el área cosechada
por habitante se reduce de 2.575 m2 en 1950, a 2.089 m2 en 1961; a 1.706 m2
en 1970; a 1.177 m2 en 1980; a 898 m2 en 1990, y a 714 m2 en 1998, lo cual
ocurre sin haber logrado como contraparte, una sustancial mejora en el
rendimiento por unidad, de superficie"31. Según cifras ofrecidas por el MPC, el comportamiento
de los diferentes rubros alimentarios entre 1988 y 1999 ha sido el
siguiente:
Años/has. Cultivadas
Rubro
1988
1994
1999
Cereales
1.150.446
765.211
677.280
Granos
91.184
49.741
47.323
Raíces
79.215
65.524
75.628
Hortalizas
25.755
33.086
39.383
Frutas
184.907
210.898
199.978
Fuente:
Dirección de Estadísticas del MPC. Como se
desprende del cuadro anterior, los rubros que contienen los alimentos más
utilizados en la dieta del venezolano como los cereales (arroz, maíz y
sorgo) y los granos y leguminosas (arveja, caraota, frijol y quinchoncho),
han experimentado, entre 1988 y 1999 un descenso cercano al 50%, debiendo
acudirse a las importaciones para ser suplidos. Los
actuales voceros gubernamentales privilegian abiertamente el apoyo a la
producción nacional, entre otras razones, porque la política de
importaciones, además de ineficiente y riesgosa, ha resultado muy costosa. A
juicio de Juan de Jesús Montilla, ex Ministro de la Producción y Comercio: "Sustentar
la precaria seguridad alimentaria en base a la dependencia, a masivas y
costosas importaciones de productos agrícolas, alimentarios y de otra
índole, la ha costado al país la enorme cantidad de 34.000 millones de
dólares en los últimos 25 años"32. En este
sentido, en el Plan Agroalimentario 2000 que fijó metas para el año 2004, el
gobierno ha diseñado algunas líneas estratégicas para impulsar la producción
nacional. La estrategia central consiste en el "...establecimiento de
rubros bandera, de alta eficiencia productiva en el medio tropical por las
comprobadas condiciones que existen en Venezuela, lo que permite su
producción en volúmenes acordes con la demanda nacional y lo trazado en la
política de exportación..."33. Esos rubros comprenden el arroz, la caña
de azúcar, la palma aceitera, ganadería, pesca, acuicultura, musáceas
(plátanos y cambures), frutas tropicales y hortalizas. A su vez, este Plan
Agrícola prevé "...solucionar el problema de la tenencia de la tierra,
que limita los créditos al campo"34. En lo
que se refiere al financiamiento de este plan, el gobierno anunció que para
el año 2000, el sector agrícola dispondrá de más de Bs. 165.000.000.000, lo
que significa un incremento de Bs. 15.000.000.000 con respecto a 1998.
Adicionalmente, se aprobaron Bs. 100 millardos para obras de infraestructura
agrícola y financiamiento, provenientes de Bonos de la Deuda Pública.
Además, se prevé que la banca comercial apoye con "... la entrega de 730
millardos de bolívares al sector productor, para incrementar en 46% la
superficie de siembre en el país con respecto al año pasado. Para 1999,
había 1,4 millones de hectáreas cultivadas en el país. La meta es llegar a
2,18 millones de hectáreas"35. A juicio
de las autoridades, para que el Plan Agroalimentario 2000 tenga éxito, debe
enmendarse la dieta del venezolano "...de manera que se le pueda ofrecer
a la población una variedad de alimentos, producidos en nuestros campos, con
las ventajas que nos dan nuestro clima y suelos. Por eso, estamos empeñados
en cambiar la relación del consumo de trigo y arroz, de mantener el de maíz
y todos los demás rubros que tienen ventajas cónsonas con lo que son
nuestros ecosistemas y los ambientes"36. Los voceros gubernamentales han
declarado que para lograr este cambio en la dieta diaria de los venezolanos,
se pretende "... triplicar el consumo de arroz, convertirlo en el
acompañante diario para hacer que se consuman 35 kilos por persona al año,
en vez de 13 kilos [...] y mejorar el consumo de carne, leche,
leguminosas, plátano y cambures"37. A los cuatro meses de haber sido
iniciado este programa, representantes oficiales y del sector agroindustrial
difieren en sus resultados. Así, según Datanálisis y la Asociación
Venezolana de Molinos de Arroz, el consumo de este cereal cayó en el mes de
junio: "Mientras la pasta, estimulada como todos los demás productos
importados por la sobrevaluación para ofrecer mejor precio, resiste la
contracción del poder adquisitivo del venezolano"38. El gobierno asegura
que en el mes de junio se vendieron más kilogramos de arroz y menos de pasta
a nivel de los mercados que surten a bodegas, lo que debería implicar un
mayor consumo del primero. Estos
anuncios no han sido del todo bien recibidos por parte de sectores
vinculados al agro, quienes acusan al gobierno de falta de coherencia. "El
Presidente de la República dice una cosa, pero el Ministro de Finanzas dice
otra: el Ministro de la Producción y del Comercio dispone algo, pero no es
secundado por muchos de los funcionarios de ese despacho"39, según
declaró José Manuel González de Tovar, presidente (e) de Fedeagro. A juicio
de este organismo, además de los problemas relacionados con la colocación de
la producción nacional, existen aspectos responsables de la crisis del
sector que deben ser abordados de forma conjunta y que se resumen en los
siguientes:
¯
"Lentitud en
la fijación de metas a mediano y largo plazo, razón suficiente para detener
el progreso de esta actividad;
¯
Importaciones que sobrepasan la demanda real y compiten desigualmente con la
producción nacional
¯
ineficacia
para defender nuestros intereses en los acuerdos internacionales
¯
La no
publicación de las tablas aduaneras del Sistema Andino de Franjas de
Precios, acarreó una sanción por incumplimiento
[...] impidiéndole a
Venezuela ciertas colocaciones de sus rubros.
¯
morosidad e
incapacidad para adquirir nuevos créditos, pues la banca conoce la situación
del agro y sabe que le es difícil cumplir con las obligaciones financieras
adquiridas"40. Otra de
las observaciones que se le hacen al gobierno en esta materia, están
relacionadas con el grado de eficiencia de las medidas implementadas. Quizás
un primer hecho a destacar en el presente período es el posible impacto
negativo que para el sector pueda haber tenido la transformación del
Ministerio de Agricultura y Cría en el de la Producción y Comercio, pues
diluye las medidas y políticas agroalimentarias en un campo más amplio,
restándoles peso propio. Según Luis Hidalgo Parisca, miembro de la
Federación Latinoamericana de Trabajadores de la Alimentación, las políticas
agrícolas y agroalimentarias del actual gobierno son "improvisadas,
anacrónicas e ineficientes. Eso lo evidencia la conversión del
Superministerio de la Producción y el Comercio en productor de bistec,
propietario de granjas y en promotor de la venta de huevos"41. De esta
manera, se anuncian medidas que parecieran muy efectistas y que podrían
tener un impacto claro en el corto plazo pero que obvian aspectos
estructurales que podrían dar mayor impulso al desarrollo de medidas
sostenibles y eficaces. Por ejemplo, "Mientras el Ministerio de la
Producción y el Comercio anuncia que será propietario de una granja en el
Estado Miranda, para sembrar hortalizas con mano de obra china, ignora que
en Los Andes venezolanos hay más de 100 sistemas de riego por aspersión que
abastecen al país y dan trabajo a miles de familias venezolanas"42. Otro
aspecto que revela la falta de coherencia del gobierno, se deriva de las
denuncias realizadas por algunos productores de leche. Según este sector, el
consumo de este alimento ha caído 30% en 10 años -pasó de 120 litros por
persona por año, a 80-, entre otras razones porque el precio de la leche
cruda en Venezuela es uno de los más altos de América Latina; por ello,
resulta inexplicable que este producto pague "... aranceles que llegan
hasta 46%, cuando un vehículo de lujo paga 26% al entrar. Estos costos no
tienen sentido cuando después aplican programas sociales para abaratar el
producto"43, según declaró Ismael Cárdenas, presidente de la Cámara
Venezolana de la Industria Pasteurizadora (Cavepas). En el
mes de agosto, el gobierno nacional, dentro del marco de la denominada
constituyente económica, juramentó varias comisiones presidenciales entre
ellas la de Asistencia Alimentaria, presidida por el Ministro de la Defensa,
Gral. Ismael Eliézer Hurtado e integrada por representantes del Ministerio
de Salud y Desarrollo Social (MSDS), Pro-alimentos (PROAL), Corporación
CASA, Defensa Civil, Ejército e Iglesia. Esta Comisión tendrá vigencia
prorrogable de un año. El anuncio presidencial con respecto a esta comisión
sostuvo que uno de sus objetivos es:"...una red de comedores populares en
todo el país, para aquellas personas que apenas prueban alimento una vez al
día, o que no saben si van a comer, puedan ir saliendo poco a poco de la
miseria y se puedan incorporar a la producción de riqueza y bienestar"44
y contará para su desempeño con recursos del Fondo Intergubernamental para
la Descentralización (Fides). Al cierre de este Informe, se conoció que la
mencionada Comisión ha iniciado un proceso de reuniones con diferentes
sectores para comenzar a diseñar su estrategia de trabajo, la cual se
operativizará a través de los municipios, abarcando en primer lugar,
aquellos que presentan un mayor índice de pobreza. Sin embargo, dado que se
trata de una medida muy reciente, habrá que esperar al próximo período para
conocer sus resultados. De
acuerdo con los anuncios oficiales, la política financiera agrícola de 1999,
dentro de la llamada Cartera Agrícola Obligatoria, superó las expectativas
iniciales "...pues lo que se había previsto como una cartera que no
superaría el 15% del fondo que el sector bancario maneja en total, en estos
momentos asciende a 20%"45. Por otra parte, se fijó un interés
preferencial de 15%, con lo cual se espera que el sector crezca entre 5% y
7% este año. Del monto estimado para este año que se destinaría al sector
agrícola (Bs. 490 millardos), se ha colocado 58%. En el
mes de julio, el gobierno anunció medidas especiales para que los pequeños
productores accedan a financiamiento a través del Programa Especial de
Financiamiento con carácter Social. Este programa ofrece Bs. 70 millardos
"... en créditos blandos a los productores cuyo perfil es rechazado por
las instituciones financieras [a través] de tasas de interés
privilegiadas y plazos especiales para los pequeños productores que serán
mayores a los 12 meses que ofrece la banca comercial y pueden llegar a cinco
años para el caso de la palma, por ejemplo"46. En definitiva, las medidas tomadas en materia de
política agrícola, de sostenerse, podrían apuntar a una recuperación de este
sector, desde una perspectiva que dé impulso a la producción nacional. Ello
redundaría en una mayor producción de alimentos accesibles y adecuados a la
población venezolana. Sin embargo, es preciso señalar que si no tienen un
hilo conductor coherente que sea una verdadera estrategia nacional, estarán
lejos de garantizar este derecho a todas y cada una de las personas que
viven en territorio venezolano.
La Observación General Nº
12 del Comité de Derechos Económicos Sociales y Culturales (CDESC)
establece en su aparte 15 que "... cuando un individuo o grupo sea
incapaz, por razones que escapan a su control, de disfrutar del derecho a
una alimentación adecuada por los medios a su alcance, los Estados tienen
la obligación de realizar (hacer efectivo) ese derecho directamente. Esta
obligación también se aplica a las personas que son víctimas de
catástrofes naturales o de otra índole."
La tragedia natural sufrida
por Venezuela en diciembre de 1999, puso a prueba la capacidad y voluntad
del Estado venezolano de responder a esta situación en los términos que
plantean las Naciones Unidas.
En los primeros momentos,
el gobierno respondió de manera inmediata facilitando la alimentación a
los más de 150.000 damnificados que se encontraban en los centros de
refugio.
Para enero de 2000, se
anunció la puesta en marcha de un plan de protección nutricional que
abarcaría a 60.000 de los 157.000 damnificados, a un costo de Bs. 14,6
millardos por un período de 5 meses y que aportaría 1.560 Kcal. por día,
cifra estimada dado los bajos niveles de actividad física que se
despliegan en los refugios. La prioridad en relación con esta selección
abarcó a la población infantil, femenina y anciana, anunciándose que: "Se
realizará [...] la medición de peso y talla de los menores de 15
años para saber su estado, se protegerá con particular atención a los
niños menores de 1 año apoyando la lactancia materna, y se suministrarán
suplementos vitamínicos entre adolescentes, embarazadas y ancianos"1.
La atención alimentaria a
la población damnificada se hizo a través del Servicio de Alimentación del
Ejército (Sealej) con colaboración de la Fundación Calendes y del INN,
para lo cual se implementaron menús cíclicos para cada siete días. A pesar de que se conocieron algunas denuncias con
respecto a la regularidad, calidad y cantidad de estos alimentos, la
información obtenida dice que, en términos generales, el Estado venezolano
ha cumplido con esta obligación, aún después de nueve meses de ocurrida la
tragedia.
----------------------------------
1. El
Universal, 06.01.00.
_________________________________________________________________________________________________________________________________________________________ 1. El
Universal, 18.07.00, pág. 2-1. Énfasis añadido. 2. Ver
Capítulo sobre el Derecho a la Educación. 3. INN:
Programa Protección Nutricional. Caracas, Pág. 1. 4 . El
Nacional, 01.10.00, pág. E-1. 5.
FUNDACIÓN CAVENDES: Anales Venezolanos de Nutrición. Vol. 12, Nº 1,
1999. Pág. 79. 6. Idem.
Pág. 80. 7.
FUNDACREDESA: Estudio sobre Condiciones de Vida. Año 1999. Pág. 149. 8. Ídem.
Pág. 144. 9. Idem. 10. Idem.
11.
Economía Hoy, 04.09.00, pág. 8. 12.
Ídem. 13.
COMITÉ DE DERECHOS ECONÓMICOS, SOCIALES Y CULTURALES: El derecho a una
alimentación adecuada. Observación General 12. Mayo 1999. Pág. 4.
14.
FUNDACIÓN CAVENDES: Anales Venezolanos de Nutrición. Vol. 12, Nº 2,
1999. Pág. 129. 15. INN:
Boletín Especial 50 aniversario. Caracas, 15.12.99. Pág. 7. 16.
Ídem. 17. El
Nacional, 23.11.00, pág. C-2. 18. INN:
Boletín Especial 50 aniversario. Op. Cit. Pág. 6. 19.
Ídem. 20. El
Nacional, 13.10.99, pág. C-1. 21.
FUNDACION CAVENDES: Anales Venezolanos de Nutrición. Vol. 12, Nº 12,
1999. Pág. 134. 22. El
Globo, 06.12.99, pág. 23. 23. El
Nacional, 12.04.00, pág. E-1. 24. El
Nacional, 02.02.00, pág. E-2 25.
Últimas Noticias, 14.04.00, pág. 8. 26. El
Universal, 27.07.00, pág. 2-4. 27. El
Universal, 23.09.00, pág. 2-1. 28. El
Nacional, 12.04.00, pág. E-1. 29.
Semanario Quinto Día, 10.10.00, pág. 10. 30. Sin
embargo, hay que mencionar que la nueva constitución no señaló expresamente
la garantía de protección contra el hambre, tal como lo establecen los
tratados internacionales de derechos humanos. No obstante, ella es
constitucionalizada por la vía del artículo 23. 31.
Economía Hoy, 04.09.2000, pág. 8. 32.
Ídem. 33. El
Nacional, 25.11.99, pág. E-1. 34. El
Universal, 13.04.00, pág. 2-1. 35. El
Nacional, 25.02.00, pág. E-3. 36. El
Nacional, 25.11.99, pág. E-1. 37.
Ídem. 38. El
Universal, 18.07.00, pág. 2-1. 39.
Economía Hoy, 17.11.99, pág. 12. 40. Ídem
41.
Últimas Noticias, 17.04.00, pág. 15. 42.
Ídem. 43. El
Universal, 22.06.00, pág. 2.4. 44. El
Nacional, 06.08.00, pág. D-6. 45.
Economía Hoy, 10.01.00, pág. 15. 46. El
Universal, 28.07.00, pág. 2-1. | ||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||