![]() |
Informe Anual 2001-2002 |
|
|
|
||
|
|
||
|
|
||
|
|
||
|
|
||
|
DERECHO A LA ALIMENTACIÓN
El
Estado promoverá la agricultura tropical sustentable como base estratégica
Artículo 305 de
la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela
En el período que cubre este
Informe, el derecho a la alimentación experimentó un comportamiento que
evidencia avances en algunos aspectos y retrocesos en otros. Los avances se
sitúan en un plano normativo, es decir, están relacionados con la aprobación
de algunas leyes que protegen la seguridad alimentaria y con algunas medidas
prácticas destinadas a concretarla. Específicamente hay que hacer mención a
la Ley de Tierras y Desarrollo Agrario que contiene disposiciones
vinculantes entre el uso de la tierra y los planes agroalimentarios del
país; y la ley de Pesca, que busca resguardar el equilibrio ecológico en la
realización de esta actividad, lo que tendría un impacto positivo en la
preservación de este producto alimenticio. Igualmente, se vislumbra una
preocupación en la gestión gubernamental por dar mayor presencia al tema
agrícola y alimentario, al volver a instaurar un espacio de atención
específica a este campo en el ámbito ejecutivo, como fue la creación del
Ministerio de Agricultura y Tierras (MAT) y al tratar de concretar programas
de asistencia alimentaria y de producción agrícola, aunque los esfuerzos en
este sentido siguen estando dispersos y no se encuentran relacionados con
planes adecuadamente definidos. En definitiva, podría afirmarse que en el
marco normativo actual continúan dándose pasos para visibilizar un
componente fundamental del derecho a la alimentación, como es la seguridad
alimentaria, y darle la prioridad que requiere. En contraposición con
estos avances, las cifras disponibles (que están referidas a la población
menor de 15 años que asiste a los centros públicos de salud y corresponden a
las estadísticas del Sistema de Vigilancia Alimentaria - Sisvan)
relacionadas con la situación nutricional de la población venezolana
muestran un retroceso en todos los grupos de edad que, aunque pudiera
pensarse no significativo, rompe con una tendencia al descenso que venía
produciéndose desde hace al menos dos años. Efectivamente, en el Informe
pasado se reseñaba una disminución de la desnutrición del 1% en promedio en
todos estos grupos etáreos, mientras que este año, el incremento ha rondado
también este porcentaje. En algunos indicadores como el déficit agudo
(desnutrición actual) y los déficit crónico compensado y descompensado
(desnutrición prolongada), se trata del quiebre de una tendencia al descenso
que venía produciéndose, en porcentajes bajos, desde 1997 y 1998. Los informes de
organismos de Naciones Unidas correspondientes al año 2002 y que reportan
cifras del año 2000, como la Organización de Naciones Unidas para la
Agricultura y la Alimentación (FAO) y el Programa de Naciones Unidas para el
Desarrollo (PNUD), indican que el porcentaje de desnutrición general (que
afecta a toda la población), es superior al 20%, lo que ubica a Venezuela en
la categoría 4 (países con déficit nutricional entre 20% y menos de 35%).
Esto significa un descenso en una categoría con respecto a años anteriores,
cuando se ubicaba en la categoría 3. Sobre la base de estos resultados, se
señala a Venezuela como uno de los países que alcanzó los peores resultados
en los compromisos para disminuir los índices de desnutrición. Por lo demás,
los planes destinados a la preservación del consumo de micronutrientes como
el hierro, el yodo y el flúor, perdieron fuerza, entre otras cosas, por la
debilidad institucional en la que se encuentra el Instituto Nacional de
Nutrición (INN); esta situación constata el riesgo de que se reviertan
logros tan importantes como la declaración de la que fuera objeto Venezuela
hace dos años, por parte de la Organización Mundial de la Salud (OMS) y el
Fondo de Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF), como país virtualmente
libre de las deficiencias de Yodo. En el plano del acceso
a los alimentos, se señalaba en el Informe anterior que, por primera vez en
muchos años, se había producido un incremento salarial superior a la
inflación, lo que significó una leve recuperación del poder adquisitivo de
la población. En este período, la situación se revirtió notablemente, pues
la devaluación de la moneda venezolana en los primeros ocho meses del año
2002, fue superior al 80%, con lo que el aumento salarial del 20% decretado
en el mes de mayo, quedó afectado negativamente. Por lo demás, la adopción
de algunas medidas económicas entre las que destaca el aumento de la
alícuota del Impuesto al Valor Agregado (IVA) de 14,5% a 16%, así como la
extensión de productos no exonerados de este tributo, ha tenido hacia el mes
de septiembre de 2002, un impacto negativo en el comportamiento del consumo
de alimentos que ya venía experimentando durante el año, una tendencia a la
disminución (entre el 6 y el 10% hasta mediados del año 2001). Finalmente, los
programas sociales que ejecuta el INN han sufrido una parálisis importante.
Esta parálisis está relacionada con la situación interna del INN, que por
tercer año consecutivo se encuentra en proceso de reorganización y tiene un
presupuesto deficitario. Es cierto que la crisis política tuvo efectos
paralizantes en un conjunto de iniciativas y programas no sólo en el área
alimentaria sino en general; sin embargo, ello no puede ser argumento para
reconocer que, frente a una crisis social y económica como la que se ha
desatado en el país en los últimos meses y que seguramente afectará los
niveles de nutrición de la población, no se dé una respuesta gubernamental
decidida y focalizada1 tendiente a sostener los logros alcanzados
y a proteger a la población más vulnerable. Por lo demás, el
contexto nacional se enmarca en la situación mundial de la alimentación que
reporta resultados poco alentadores, como pudo evidenciarse en la Segunda
Cumbre Mundial sobre Alimentación, celebrada en Roma entre los días 10 al
13.06.02. Como suele ocurrir en este tipo de foros, se revisaron las metas
establecidas hace cinco años (1996) y se concluyó que los esfuerzos
realizados son insuficientes y muestran un progreso muy lento.
Efectivamente, la meta general establecida en 1996 planteaba reducir el
número de desnutridos en el mundo a la mitad para el año 2.015. Esto
implicaba una disminución de 20.000.000 de hambrientos al año, cifra que
difícilmente logró ubicarse en 6.000.000. Aún cuando se alcanzaron índices
de disminución, este magro logro puede desdibujarse en el cortísimo plazo
dado el alarmante crecimiento del desempleo a nivel mundial y por ende, la
extensión de la exclusión y la pobreza. La Cumbre reiteró que ante una
realidad que indica que el problema no es insuficiencia de alimentos sino
mala distribución de los mismos, que existan más de 800.000 personas que
pasan hambre, es absolutamente inaceptable. Aún así, las perspectivas no
lucen alentadoras. Reconocer que no se alcanzarán las metas previstas y
renovar estos compromisos tal y como ocurrió en el mencionado foro, no
parecen ser las medidas más convenientes. Como lo establece la propia FAO la
solución del problema alimentario en el mundo, es una cuestión de voluntad
política que debe traducirse en hechos.
En el Informe pasado, el análisis reportó
una leve disminución del déficit nutricional de la población infantil menor
de 15 años, con base en las cifras que ofrecía el INN, a través del Sisvan.
En esta oportunidad, la misma fuente revela un incremento del déficit en el
año 2001, en relación con el año anterior para todos los grupos de edad y en
todos los indicadores antropométricos.
Es necesario contextualizar el
comportamiento de la situación nutricional de la población venezolana en
atención a lo que revelan diversos informes de organismos especializados,
como el denominado “Estado de la Inseguridad Alimentaria en el Mundo”
correspondiente al año 2001, elaborado por la FAO. Si bien este Informe
reporta cifras correspondientes al año 1999, lo que importa destacar es que
para ese momento, se cataloga a Venezuela como uno de los países que alcanzó
peores resultados en la protección nutricional de su población. De acuerdo con los
parámetros de la FAO, los países que alcanzaron peores resultados son
aquellos en los que “...la proporción de subnutridos aumentó más de un
punto porcentual al año”2. Venezuela acompaña a otros 9
países, y con Cuba y Guatemala, son los únicos países de América Latina
mencionados. Los datos que reporta
este Informe indican que entre 1992 y 1999, Venezuela pasó de 2.300.000 a
4.800.000 personas subnutridas3, lo que representa un incremento
de 9 puntos porcentuales al pasar de 11% en 1992 a 20,6% en 1999. Por su
parte, Andrés Carmona, Secretario de la Comisión Nacional de Alimentación (CNA)
ha reconocido que para el año 2001, “...unos 3 millones de personas en el
país, sufren de algún grado de desnutrición, que afecta su desarrollo físico
e intelectual, [agregando que]... hay un déficit de 200 kilocalorías
por persona promedio”4. Sobre la base de estos
datos, el informe denominado “Nuevos retos para la consecución de los
Objetivos de la Cumbre Mundial sobre Alimentación” preparado por la FAO,
reporta un descenso de Venezuela de la categoría 3 a la 4, por tener un
porcentaje de población subnutrida que se ubica entre el 20 y el 35%5.
Según este mismo informe, países como El Salvador y Colombia se encuentran
en la categoría 3, por encima de Venezuela, lo que demuestra que es posible
tener mayor éxito en el control de la situación nutricional de la población
a pesar de una situación interna grave (mayores índices de pobreza en el
caso de El Salvador y el conflicto armado, en el caso de Colombia).
Por su parte, el
Informe sobre Desarrollo Humano preparado por el Programa de Naciones Unidas
para el Desarrollo (PNUD) correspondiente al año 2002, reporta que
Venezuela, en el objetivo Nº 1, referido a la erradicación del hambre y la
pobreza extrema, ha retrocedido6. Este mismo Informe indica que,
el porcentaje total de habitantes desnutridos en Venezuela, alcanza el 21%,
mientras que el porcentaje de niños con bajo peso al nacer (por debajo de
los 2,5 Kg.) es del 6%; los niños menores de cinco años con peso
insuficiente para la edad se ubican en 5% y los que presentan baja estatura
para su edad (también menores de cinco años), constituyen el 14%. Las cifras que reportan
los organismos oficiales para 2001, como se menciona al principio, indican
que la situación de deterioro se está profundizando y que la leve mejoría
experimentada el año anterior, no logró sostenerse. Efectivamente, el
comportamiento de los principales indicadores antropométricos reporta un
aumento con respecto al año anterior, que se ilustra en los siguientes
gráficos:
Porcentaje de Déficit agudo
Grupo etáreo/indicador
Años
1992
1997
1998
1999
2000
2001 < de 15
años
12,7%
11,6%
12,5%
11,7%
11,3%
12,3% 2-6
años
11%
10,5%
11,4%
10,7%
10,7%
11,7% 7-14
años
9,9%
8,6%
9,0%
8,6%
8,1%
8,6%
Fuente:
Sistema de Vigilancia Alimentaria (SISVAN). 2001. El déficit agudo mide
la desnutrición actual o reciente y muestra, para el total de la población
menor de quince años, un incremento de un punto porcentual con respecto al
año 2000. Este incremento rompe con una tendencia a la disminución que venía
presentándose durante dos años consecutivos. Al desagregar el déficit por
grupos de edad (2 a 6 años y 7 a 14 años), también se verifica un incremento
de un punto porcentual en el primer grupo y 0,5% en el segundo. Si se
comparan estos porcentajes con los de 1992, puede constatarse que 10 años
después, el déficit nutricional se mantiene prácticamente igual para el
total de la población menor de 15 años (12,7% en 1992 y 12,3% en 2001),
experimenta una mejoría de un 1,3% en la población entre 7 y 14 y desmejora
en 0,7% en la población de 2 a 6 años. Por su parte, el
déficit crónico compensado, es decir aquel que muestra una desnutrición
prolongada y en el cual se evidencia una talla baja para la edad pero un
peso adecuado para esa talla, muestra el siguiente comportamiento:
Porcentaje de déficit
Grupo etáreo/indicador
Años
1992
1997
1998
1999
2000
2001 2-6
años
12,6%
12,5%
11,7%
11,3%
10,4%
10,5% 7-14
años
20,4%
16,5%
15,5%
15,5%
14,9%
15,1%
Fuente:
Sistema de Vigilancia Alimentaria (SISVAN). 2001. Este tipo de déficit
muestra un incremento muy leve con respecto al año anterior que alcanza el
0,1% para el grupo de 2 a 6 años y 0,2% para el grupo de 7 a 14 años. Sin
embargo, también rompe la tendencia al descenso que se venía presentando
durante todo el decenio, aunque aún mantiene una mejoría marcada con
respecto a los porcentajes de 1992. El déficit crónico
descompensado que indica una talla baja para la edad y un peso bajo para esa
talla baja, se comportó de la siguiente forma:
Porcentaje de déficit
Grupo etáreo/indicador
Años
1992
1997
1998
1999
2000
2001 2-6
años
1,7%
1,5%
1,6%
1,4%
1,3%
1,4% 7-14
años
2,9%
1,6%
1,6%
1,6%
1,4%
1,5%
Fuente:
Sistema de Vigilancia Alimentaria (SISVAN). 2001. También aquí se refleja
la misma tendencia de interrupción del descenso, experimentada en los
indicadores anteriores. El déficit en los niños
menores de dos años calculado sobre el indicador peso para la edad, que es
el indicador idóneo para medir a este grupo de edad, también muestra un
incremento en el déficit nutricional.
Porcentaje de
déficit global
Grupo etáreo/indicador
Años
1992
1997
1998
1999
2000
2001 < de 2
años 13,6% 14,1% 14,5% 13% 11,7% 12,7%
Fuente:
Sistema de Vigilancia Alimentaria (SISVAN). 2001. En
conclusión, se presentó en este período una interrupción de la tendencia
decreciente que presentaba el déficit nutricional de la población menor de
15 años que acude a los centros hospitalarios públicos, desde hace al menos
dos años en algunos indicadores y hasta más de cinco en otros. El incremento
en el déficit, alcanza un promedio (entre los diversos indicadores), de un
1% con respecto al año 2000, retrocediendo en la recuperación señalada en el
período anterior, que sigue estando por debajo de los porcentajes existentes
en 1992. Por su parte, otra
forma de malnutrición como es el sobrepeso7, mantiene su
tendencia ascendente en todos los grupos de edad como lo refleja el
siguiente cuadro:
Porcentaje de Sobrepeso
Grupo etáreo/indicador
Años
1992
1997
1998
1999
2000
2001 < de 2
años
20,5%
20,5%
20,9%
23,2%
25,7%
25,2% < de 15
años
9,5%
9,8%
9,9%
10,5%
11,3%
11,4% 2-6
años
9,5%
9,4%
9,4%
10,1%
10,8%
10,8% 7-14
años
11,5%
11,8%
13%
13,2%
14,4%
15%
Fuente:
Sistema de Vigilancia Alimentaria (SISVAN). 2001. Tal como se señaló en
el Informe anterior, esta forma de malnutrición es una enfermedad que está
en ascenso en el subcontinente latinoamericano desde 19808. Al igual que todos los
años, al analizar en forma desagregada las cifras sobre desnutrición, se
evidencia una mayor incidencia del problema en los grupos más vulnerables.
De acuerdo con la FAO, un grupo vulnerable es aquel “Grupo de personas
con características comunes, una elevada proporción de las cuales padece
inseguridad alimentaria o se hallan en riesgo de padecerla”9.
En Venezuela, califican dentro de estos grupos los sectores más pobres de la
población que, según la estratificación que utiliza Fundacredesa, serían los
estratos IV y V, y la población ubicada en zonas de difícil acceso
geográfico y sin adecuadas vías de penetración como las poblaciones
indígenas y algunas campesinas.
Un análisis de las cifras ofrecidas por el
Sisvan sobre los ingresos hospitalarios graves por desnutrición en las
entidades federales del país, permite evidenciar estas diferencias. Los
ingresos hospitalarios graves asumen tres formas clínicas: marasmo,
Kwashiorkor y mixta. Son las formas más extremas de desnutrición en las
cuales los enfermos presentan cuadros como piel reseca, cabello ralo, ojos
agrandados y contextura esquelética, además de un estado físico que les
impide valerse por sí mismos. El reporte del Sisvan sobre 19 entidades
federales (no presentaron cifras los estados Amazonas, Carabobo, Vargas y
Zulia), indica que en el año 2001 se produjeron 896 ingresos hospitalarios.
El Sisvan clasifica los ingresos hospitalarios graves por desnutrición en
tres categorías; alta con una incidencia superior al 1,5%; media entre 1 y
1,5% y baja, menor de 1%. Los estados que poseen una incidencia alta son:
Trujillo con 5,6%; Barinas con 2%; Portuguesa con 3,3%; Guárico con 3,5%,
Bolívar con 1,8%, Miranda y Delta Amacuro con 1,7%. Como puede verse, se
trata de entidades federales que en su mayoría son estados agrícolas donde
se concentra gran cantidad de población campesina y en el caso de Delta
Amacuro, indígena. Por su parte, el
estudio sobre Indicadores de Situación de Vida y Movilidad Social 1995-2001,
elaborado por Fundacredesa y presentado en septiembre de 2001, muestra
claramente cómo los estratos sociales más bajos son los que presentan los
mayores índices de desnutrición. En sus hallazgos, este
informe señala que “En los lactantes el déficit por peso-edad y
talla-edad fue de 16% y se incrementó a 18% en el estrato V, mientras que,
por peso-talla fue 9%. Los niños preescolares presentaron 18% de déficit
peso-edad, 15% por talla-edad y 10% por peso-talla, encontrándose que estos
valores en el estrato V se incrementaron a 22%, 19% y 12% respectivamente”10.
Igual ocurre con los niños y niñas de 7 años en los que “...del estrato
IV 16% presentaron déficit en su crecimiento en estatura, mientras que en el
estrato social V la proporción de niños con déficit fue de 28%. El
porcentaje de niños con déficit en las reservas calóricas presentó
diferencias entre estratos: 12% en el ESE IV y 20% en el estrato V”11. Al analizar la
actuación del Estado en lo que a políticas de atención a este sector se
refiere, se encuentra que incumple con la obligación de satisfacer el
derecho a la alimentación a estos sectores vulnerables, por cuanto los
programas existentes no llegan de manera efectiva a los mismos. El estudio
de Fundacredesa evidencia que los programas sociales alimentarios que
adelanta el gobierno no benefician en la magnitud requerida, a los sectores
que más los necesitan. Así por ejemplo, para el año 2001, tal y como se
aprecia en los siguientes cuadros, los programas asociados a la alimentación
fueron insuficientes en los estratos III, IV y V.
Área Metropolitana de Caracas
Programa
% de cobertura por estrato
social
III
IV
V
Merienda Escolar
-
-
0,2% Canasta
Alimentaria o Cesta Básica
-
0,7%
0,2% Comedor
Escolar
-
1,9%
1,5%
Lactovisoy
-
0,2%
0,2%
Fuente:
Estudio Situación de Vida y Movilidad Social. FUNDACREDESA/FUS. 2001.
Principales ciudades del país
Programa
% de cobertuta por estrato
social
III
IV
V
Merienda Escolar
2,3
1,6
3,1% Canasta
Alimentaria o Cesta Básica
-
0,3%
0,2% Comedor
Escolar
7,6
4,5%
6,4%
Lactovisoy
-
-
0,4%
Fuente:
Estudio Situación de Vida y Movilidad Social. FUNDACREDESA/FUS. 2001. Como puede apreciarse
en los cuadros, se trata de una cobertura ínfima especialmente en lo que se
refiere a los programas alimentarios. En relación con otros programas
sociales como la dotación de útiles escolares, suministro de medicinas,
entre otros, la cobertura es algo mayor, más no sobrepasa el 31,3% según
Fundacredesa. Esta situación
demuestra que las estrategias para incidir sobre la población más
vulnerable, no son del todo adecuadas. Por ejemplo, si la red escolar
constituye el canal más importante que se está utilizando para hacer llegar
los programas alimentarios, habría que tener en cuenta que los sectores más
pobres de la población quizás no estén accediendo a las escuelas y se están
quedando sin recibir esta compensación. Por otro lado, habría que investigar
si este tipo de programas está teniendo el adecuado apoyo y los recursos
suficientes y oportunos en las ciudades del interior del país y
especialmente en las localidades rurales lo que a juzgar por las cifras, no
está ocurriendo.
Deficiencia de micronutrientes Los micronutrientes
constituyen un indicador muy importante del estado nutricional de la
población. Su presencia en el organismo humano es fundamental para alcanzar
un adecuado desarrollo físico y mental; es por ello que son objeto de
atención por parte de los organismos que vigilan la situación nutricional de
la población y son objeto de programas especiales, cuando se detecta su
carencia. Es el caso del programa de iodación de la sal que se llevó a cabo
en Venezuela y que permitió, hace dos años, declararlo como país
virtualmente libre de las deficiencias de Yodo. Sin embargo, en el Informe
anterior, se alertó sobre la desatención de este programa y sobre el riesgo
que ello significaba para la sostenibilidad de esta meta, especialmente
porque se estaba comenzando a importar sal sin los adecuados niveles de
iodo. En el presente período, el ex presidente del INN, Ronald Evans
denunció que la Comisión Nacional para la Yodación y Fluoración de la Sal (Conyflusal)
“...prácticamente dejó de funcionar. Su presidente renunció por falta de
apoyo de las autoridades de Nutrición y Salud”12. Por su
parte, la Cámara de Productores e Industriales de la Sal (Cavinsal) denunció
que “...hasta el 30% de la sal que se consume en Venezuela, directa o
indirectamente no contiene yodo ni flúor”13, por lo que
dirigieron una comunicación al Presidente de la República exponiéndole la
situación. Pero además, expertos en esta área han denunciado que “...la
concentración de flúor que se indica en los empaques se encuentra por debajo
de 90 miligramos, lo cual no beneficia la salud bucal. En pocas palabras,
dicha cantidad es más de un 50% menor a la que establece la normativa.”14.
De esta manera, este importante logro está corriendo un serio peligro que no
se justifica de ningún modo, pues lo que se requiere es simplemente que se
apliquen medidas de control y vigilancia de la normativa ya existente sobre
iodación de la sal. Otro micronutriente que
ha sido objeto de especial atención en Venezuela, por las implicaciones que
su carencia tiene sobre la población, lo constituye el hierro, cuya falta es
responsable de la anemia. El estudio de
Fundacredesa mencionado anteriormente revela que los porcentajes de anemia y
deficiencia de hierro se expresan de la siguiente manera:
Prevalencia de Anemia y
Deficiencia de Hierro
Grupo etáreo
Anemia
Deficiencia de hierro < de 2
años
50,1%
48% 3 – 6
años
36,2%
33,9% 7 años
16,6%
22,6%
Total
34,4%
34,8%
Fuente:
Estudio Situación de Vida y Movilidad Social. FUNDACREDES. 2001. Aunque el INN reporta
entre sus actividades del año 2001, el control de la aplicación de los
programas de enriquecimiento alimentario en las 23 entidades federales (lo
que incluye el análisis de hierro), no se trata de una actividad que se
enmarca en un programa de fortificación de hierro permanente, como lo hubo
en el pasado reciente. Si se toman en cuenta los elevados índices que
presenta esta deficiencia y que rondan el 50% en los niños y niñas menores
de dos años, Venezuela debería dar prioridad a un programa integral que
abarque no sólo la aplicación de controles en los alimentos, sino asegurarse
que estén siendo consumidos por quienes están más afectados por esta
situación. En lo que se refiere a
la Vitamina A, como se ha señalado en informes anteriores, existe una
ausencia de data sobre la incidencia de la misma. En su Memoria y Cuenta de
2001, el INN anuncia el inicio de un estudio para determinar su incidencia
pero manifiesta que “... lo planificado para esta actividad no se podrá
cumplir en su totalidad, en el presente año, debido a las limitaciones
presupuestarias confrontadas por el INN”15 Durante el período en
estudio el CNA, preparó un informe que daba cuenta del cumplimiento de las
metas sobre agricultura y alimentación por parte de Venezuela.
Consumo Kcal/persona/día
Área Metropolitana de
Caracas
Principales ciudades del
Interior
Estratos
Estratos
Total
III
IV
V
Total
III
IV
V Kcal/persona/día 2.191,7 2.395,3 2.232 2.156 2.076,9 2.140 2.107,6 2.034,3
Fuente:
Estudio Situación de Vida y Movilidad Social. FUNDACR | |||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||