¿Podemos tener salud si no hay agua potable y no contaminada, si no
tenemos un servicio de recolección de basura diario y eficiente?, ¿si
nuestra comida no es balanceada o simplemente completa?, ¿si en los
hospitales no recibimos la atención debida?
¿Podemos vivir una vida digna si los salarios no son justos y las
condiciones de trabajo no nos dejan tiempo para desarrollarnos como
personas y como integrantes de la comunidad?
¿Podemos esperar que nuestros hijos o hermanos aprendan en la escuela si
no están bien alimentados o no tienen un espacio cómodo e higiénico para
estudiar en casa? ¿o si tienen que salir a trabajar desde niños o si en
las cercanías del hogar no hay escuelas? ¿Podemos ejercer el derecho a
participar en los destinos del país y elegir si nos reprimen cuando
manifestamos para reclamar nuestros derechos?
Desde
hace mucho tiempo la gente que trabaja por los derechos humanos ha
intentado responder a estas preguntas. No ha sido fácil ponerse de
acuerdo y más bien el resultado han sido diferentes posiciones sobre los
derechos humanos que no siempre favorecen la visión integral de los
mismos.
¿Entonces en qué consiste la integralidad de los derechos humanos?
Debemos partir del principio de que todos los derechos son
fundamentales por lo que no debemos establecer ningún tipo de jerarquía
entre ellos y mucho menos creer que unos son más importantes que otros.
Es difícil pensar en tener una vida digna si no disfrutamos de todos los
derechos. Violar cualquiera de ellos es atentar contra la dignidad
humana, que se fundamenta en la igualdad y la libertad, tal como lo
establece el Artículo 1 de la Declaración Universal cuando establece que
"todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos".
Si
partimos de la definición de integralidad como "partes integrantes de un
todo", queda claro que en el caso de los derechos humanos significa que
estos son indivisibles e interdependientes. Tal y como lo afirma el
Relator Especial de Naciones Unidas en su informe sobre la realización
de los Derechos Económicos, Sociales y Culturales de 1992: "todos los
derechos humanos y las libertades fundamentales son indivisibles e
interdependientes; debe darse igual atención y urgente consideración a
la aplicación, promoción y protección de los derechos civiles,
políticos, económicos, sociales y culturales".
En
síntesis, la integralidad la entendemos como lo plantea también el
Relator Especial cuando afirma que "la promoción, el respeto y el
disfrute de ciertos derechos humanos y libertades fundamentales no
pueden justificar la denegación de otros derechos y libertades
fundamentales".
¿Qué
quiere decir esto?
Que
evidentemente no gozamos del derecho a la salud si el Estado no
garantiza buenos servicios públicos y atención adecuada en los
hospitales.
Que
evidentemente no tenemos una vida digna si no tenemos salarios justos o
buenas condiciones de trabajo.
Que
evidentemente sólo tendremos acceso a la educación si contamos con una
vivienda digna y con una buena alimentación.
Que
evidentemente no existe democracia si no podemos ejercer libremente el
derecho a manifestar para defender nuestros derechos o peticiones.
Que
evidentemente sólo lograremos que la integralidad de los derechos
humanos sea una realidad cuando eduquemos, luchemos y exijamos al Estado
la vigencia de todos los derechos humanos por igual y para todos.
Que
evidentemente sólo con la práctica, en tu comunidad o en tu trabajo, las
preguntas que nos hemos planteado en este folleto quedarán totalmente
contestadas.