Pedro Nikken es abogado. Profesor de la Escuela de Derecho y del Postgrado en Derecho y Política Internacional de la Facultad de Ciencias Jurídicas y Políticas de la Universidad Central de Venezuela. Fue Juez (1980-1989) y ex presidente (1983-1985) de la Corte Interamericana de Derechos Humanos. Miembro de la Comisión Andina de Juristas (1986). Vicepresidente del Instituto Interamericano de Derechos Humanos (1988). Con Nikken conversamos a propósito de la celebración de los 70 años de la Declaración Universal de Derechos Humanos.


– A 70 años de la Declaración Universal de los Derechos Humanos ¿cuál ha sido su impacto para la dignidad de las personas?

Creo que la Declaración Universal de los Derechos Humanos es uno de los documentos más importantes de la historia. Su impacto no puede medirse todavía, son apenas 70 años y creo que la Declaración es una de esas manifestaciones políticas y filosóficas que producen efectos para siempre. Creo que una vez que los Derechos Humanos fueron reconocidos en los términos que fueron reconocidos en la Declaración Universal, como derechos innatos de todos los seres humanos y que fue suscrita por todas las culturas, todas las ideologías, todas las posiciones filosóficas, eso tuvo un impacto para siempre, sobre eso no se puede regresar, puede que haya más y menos, pueden haber momentos donde los Derechos Humanos sean menos respetados, pero pensar que puede dejar sin efecto -hacia el futuro-, una Declaración como esa, es simplemente impensable, porque si los seres humanos tienen una dignidad que les es inherente, eso no depende de la Declaración, una vez que eso quedó declarado es para siempre y desde siempre.

Lo segundo que habría que anotar es aquello dicho por Jacques Maritain, filósofo católico francés, principal exponente del humanismo cristiano, que comentó en uno de sus escritos que al salir de una de las reuniones de la UNESCO, donde se estaba discutiendo la Declaración Universal, se preguntó: “¿Cómo es posible que personas de tan distintas ideologías, tan distintas posiciones políticas, de tan distintos intereses, se estén poniendo de acuerdo en una declaración tan extraordinariamente sublime para el ser humano y para la historia?” Y su respuesta fue “por qué no nos preguntamos ¿Por qué?”, porque efectivamente los planteamientos de la declaración son vistos de una manera muy distinta, en aquel momento por la Unión Soviética de Stalin, por los Estados Unidos de Truman, por la Francia de De Gaulle o el concepto que pudieran tener los ingleses con su manera anticuada, para ese momento, de ver los derechos de las personas, no se diga del mundo árabe y su conceptos respecto a los derechos de la mujer o de lo que pudieran pensar los chinos.

Maritain habló también, acerca de que la Declaración era una ideología residual, una vez que se quita todo en lo que difieren todas las ideologías, todas las culturas, el denominador común es la Declaración Universal, por eso se pudo llegar a ella sin un ¿por qué? Siendo eso lo que garantiza su noción de universalidad. Otro gran pensador y jurista de UNESCO de la época Karel Vašák, afirmaba que la declaración era la ideología común de la humanidad. En todo caso hay un sustrato, una afirmación común, como lo dice la propia Declaración, es un antídoto en contra de la tiranía y la opresión. Gracias al respeto y protección de los Derechos Humanos, el ser humano puede no verse compelido al supremo recurso de la rebelión contra la tiranía y la opresión como dice su preámbulo. Entonces al tiempo que es un extraordinario proyecto a ser desarrollado a lo largo de los siglos, es una ilusión, una afirmación, es un propósito común de convivencia, son los términos para convivir, para definir cómo debe relacionarse el poder público con la dignidad de la persona, cómo se relacionan los estados y la comunidad internacional con la dignidad de cada individuo y cada pueblo. Creo que es un documento absolutamente extraordinario y que hemos tenido la suerte de nacer después que se proclamó. Ahora pensar que con ese documento se resuelven todos los problemas de la humanidad y cesan las ofensas a los Derechos Humanos, por supuesto que no.

– Justamente quisiera preguntarle, la Declaración Universal busca que haya justicia, oportunidad y dignidad para todos, sin discriminación ¿cuáles son los avances y retrocesos a nivel mundial en ese campo?

Avances, todos, creo realmente que este mundo con todos sus problemas, es mejor porque hay un término de referencia y no sólo en cuanto a cuáles son los derechos y su contenido, sino a que la humanidad reconoció que la relación entre el Estado y sus nacionales, no le compete solo a ellos. Antes se consideraba que los Derechos Humanos eran un tema exclusivo de la jurisdicción interna, que nadie podía entrometerse en eso sin violentar la soberanía, eso se acabó con la Declaración Universal y todos los tratados internacionales en la materia. La persona humana se ha hecho sujeto del derecho internacional, no son solamente los Estados sujetos al derecho internacional.

En la década del veinte del siglo pasado, cuando se creó la Corte Permanente de Justicia Internacional de la Haya, uno de sus más esclarecidos jueces, que fue jurista internacional, el italiano Ancilotti dijo: “Imaginar a una persona demandar a su propio Estado frente a un tribunal internacional es sencillamente inconcebible”, no pasaron ni cien años para que todo eso se revirtiera en virtud de la persona humana y de sus derechos inherentes.

Aprobada la Declaración Universal vino la negociación de los pactos de los Derechos Humanos, que iba a desarrollar la declaración, como un tratado generador de obligaciones internacionales para los Estados. Eso se trancó por razones políticas, el lado occidental veía más importante un tratado sobre libertades individuales y derechos fundamentales, mientras que el lado socialista le parecía más importante el tema de los derechos económicos y sociales. Esto último era cuestionado por occidente diciendo que eran meras expectativas, producto de la acción del gobierno. No eran propiamente derechos, no se podían judicializar, cosa que era una falacia. Mientras que los socialistas decían que los derechos  y libertades individuales no servían de nada si no habían derechos económicos y sociales, ya que la libertad de expresión no podía expresarse si no había fuerza para hacerlo, ni voz para hacerse escuchar. A eso se enfrentó uno de los redactores de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, el jurista y juez francés, René Cassin, quien decía que había una propensión inveterada a considerar los derechos de las personas dentro del dominio reservado de la soberanía. Esto recuerda al concepto original de patria potestad, según el cual el padre de familia tenía derecho de vida y muerte sobre sus hijos, su mujer y sobre todo lo que estuviera dentro de su casa. La ciudad (el Estado) no podía entrar dentro de la casa, era inconcebible que el Estado protegiera a la familia de las acciones del padre de familia, y costó siglos para que esto pudiera progresar y no es sino en una ventanita muy reciente de la historia, que no tiene sino 200 años que el derecho del padre sobre su familia no es absoluto, algo parecido pasará con el poder del Estado y los Derechos Humanos.

Tardará mucho tiempo pero ya empezó y ya tenemos tribunales internacionales, entonces uno se pregunta ¿se ha conseguido todo? No, diría que hay que estar insatisfecho con lo que se ha conseguido hasta ahora, pero se ha avanzado muchísimo, nadie podría haberse imaginado que siete décadas después de su promulgación habría tres tribunales internacionales juzgando a los Estados por violaciones a los Derechos Humanos, que en estos momentos tendríamos más de cincuenta organismos internacionales dedicados a la verificación de obligaciones internacionales de los Estados en materia de Derechos Humanos, que se pudo derrotar el Apartheid en Sudáfrica en nombre de los Derechos Humanos, incluso que la cortina de hierro quedó derrumbada en parte a causa de las violaciones de los Derechos Humanos,¿ que se cometían en el llamado socialismo real. Por supuesto que ha habido retrocesos. En Venezuela por ejemplo vivimos un momento de retroceso, pero marca una lucha en la que estamos comprometidos muchos defensores de Derechos Humanos y muchas otras personas.

– Usted dijo que existe todo un andamiaje jurídico internacional en materia de Derechos Humanos ¿En qué se diferencia la Declaración de los convenios de derechos humanos como la Convención Americana de Derechos Humanos y en que se asemejan?

Inicialmente la Declaración Universal fue una declaración política, específicamente los gobiernos no quisieron adoptar un tratado. Un tratado es una fuente de derecho internacional, mediante este instrumento los Estados se obligan directamente. Por eso está revestido de solemnidad, no basta la firma, sino que es necesario que sea discutido y aprobado por los cuerpos parlamentarios de los distintos países y posteriormente ratificado por el jefe del Estado. Es decir son tres pasos: la negociación y suscripción del tratado por parte del gobierno respectivo; la aprobación hecha en términos generales por los parlamentos según el ordenamiento jurídico de cada país; y, por último una ratificación por parte del gobierno, porque eso va a comprometer al Estado por mucho tiempo.

La Declaración ha ido adquiriendo tanta autoridad, siendo un término de referencia de tanta importancia, que ya es una fuente de derecho internacional, no como un tratado sino como costumbre internacional, que ocurre cuando hay una práctica sostenida por mucho tiempo y que los Estados la reconocen por haberse convertido en una regla de derecho. La Declaración Universal ha tenido esa característica en dos sentidos, primero porque los Estados siempre consideran que es el término de referencia, por lo menos para interpretar la Carta de las Organización de las Naciones Unidas en cuanto a Derechos Humanos, y segundo porque se considera que la violación de la declaración es una violación a una regla de derecho, es un hecho ilícito, si se viola se entra en el terreno de la infracción jurídica, eso a partir de la fuerza que tiene y de su autoridad.

Ahora, la Declaración no tiene un órgano particular para que se ocupe de su cumplimiento, como el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos que tiene su Comité y todos los pactos tienen su Comité, sin embargo, en la ONU se ha desarrollado una práctica que son los denominados procedimientos especiales, con relatorías temáticas por áreas o países, con subcomisiones, con Consejos de Derechos Humanos, con la Alta Comisionaduría de Derechos Humanos y en el fondo, si hay países que no son parte de los pactos o convenios el término de referencia básico es la Declaración Universal. Hoy día la diferencia entre los pactos, tratados y la declaración universal no es en su contenido, sino en que los medios de protección son distintos.

– ¿Cuáles son los desafíos para los gobiernos y para la sociedad en cuanto a los derechos contemplados en la Declaración?

Es difícil puntualizarlo como desafíos, la Declaración Universal define un estándar sobre cómo se debe ejercer el poder público. La Corte Interamericana de Derechos Humanos dijo algo que me parece siempre oportuno recordar, el concepto de Derechos Humanos envuelve necesariamente la limitación del ejercicio del poder. Los Derechos Humanos nacen a finales del siglo XVIII como una conquista frente al absolutismo. Lo que el Rey decidía era legítimo y lo que no decidía pues no era legítimo, eso queda destruido por la Revolución Norteamericana, la Francesa y poco después la Hispanoamericana. A partir de ahí se hacen declaraciones de derechos donde queda plasmado que la soberanía reside en el pueblo.

En consecuencia no se puede ejercer el poder contra el pueblo, ni contra la dignidad de la persona, eso implica dos tipos de limitaciones a mi parecer, una es la de las prohibiciones y otra las de las obligaciones. Las prohibiciones son las que el Estado no puede hacer, por ejemplo no puede torturar, hacer ejecuciones forzadas, coartar la libertad de expresión. Por otro lado está lo que el Estado no puede dejar de hacer, que son las omisiones prohibidas como el deber de realizar elecciones periódicas, un sistema de justicia que permita su acceso, garantizar un nivel digno a las personas, un sistema educativo, son las prestaciones positivas que tiene el Estado. Todo eso es un desafío, es un gran programa de gobierno, por eso es que los anglosajones dice que esos no son derechos, que eso es política, algo que no es verdad ya que todos los Derechos Humanos son políticos, porque son las relaciones entre el poder y las personas y eso es política, entonces los desafíos son cumplir eso.

– ¿El desafío pudiera ser también que las personas exigieran el cumplimiento de esos derechos?

Así es, los Derechos Humanos son una conquista. Al mismo tiempo que son inherentes a la persona humana son una conquista contra la opresión, cualquiera que sea el reconocimiento que se les quiera dar, estos han sido arrancados producto de las luchas sociales, ha sido una enorme conquista de la humanidad y eso no debe perderse de vista. La lucha no se puede terminar con algo que se escribió en una declaración, hay que hacerlos realidad y de ahí la importancia que ha adquirido la lucha de la sociedad civil por los Derechos Humanos en todo el mundo y la lucha política también debiera orientarse a los principios establecidos en la Declaración Universal.

– Pudiera pensarse que los derechos humanos no se respetan solo en países no democráticos

Eso no es verdad. La democracia es una condición general para que los Derechos Humanos puedan alcanzar su plenitud, pero no es garantía para que la alcancen. Sin democracia no hay Derechos Humanos, pero no necesariamente con democracia hay Derechos Humanos. Con democracia hay la posibilidad de defenderlos más eficientemente. Para mí hay cuatro condiciones para que los Derechos Humanos pueden florecer: la autodeterminación; la democracia; el estado de derecho y la justicia social. Eso no significa que en una sociedad no democrática todos los Derechos Humanos sean violados a todas las personas, por ejemplo esas sociedades pudieran respetar la libertad de culto y, al tiempo, puede haber sociedades democráticas que establezcan restricciones indebidas a la libertad de expresión. Creo que uno de los desafíos que hemos experimentado en Venezuela, antes y ahora, es la violación de los Derechos Humanos por las democracias, por gobiernos legítimos por supuesto, y eso lo estipula la Carta Democrática, un país con un gobierno electo en el cual se haya alcanzado un nivel de violaciones graves y sistemáticas de los Derechos Humanos, pierde su condición de democrático.

La elección normalmente apareja la democracia pero no necesariamente. El ejemplo más clásico es el de Hitler quien llegó al poder por elecciones y se mantuvo por elecciones. Ahora lo que le da legitimidad a un gobierno no es la mayoría o la minoría, la democracia no es solo el gobierno de la mayoría, es principalmente el gobierno de la mayoría con el respeto de la minoría, en democracia debe hablarse de co-determinación porque debe haber una interacción entre la mayoría y la minoría, entre el gobierno y la oposición, no solo en la alternancia, sino también en la formación de las decisiones. En democracia se discute, pueden haber cosas que el gobierno propone y el parlamento puede rechazarlas, lo puede modificar o lo puede negociar, eso es democracia. Entonces tomar la democracia como una simple herramienta para ejercer el poder de cualquier manera es desfigurarla.

Por supuesto que en democracia se violan los Derechos Humanos. En Europa, antes que cayera el muro de Berlín, el país con más casos en la Corte Europea de Derechos Humanos era el Reino Unido, que es una de las democracias más viejas del mundo y que nadie osaría decir que es una tiranía. Ese país tenía un problema, que luego fueron resolviendo, donde el parlamento es soberano y no puede cometer un acto ilegal, no existía control de la constitucionalidad como en otros países, lo que dijera el parlamento era ley y sustituyó en la práctica al Rey, y había leyes aprobadas por ese parlamento que eran contrarias a la Convención Europea de Derechos Humanos, por ejemplo el castigo corporal a los niños en el colegio.

– En estos momentos los defensores de los Derechos Humanos están siendo atacados, criminalizados, enfrentan restricciones legales y administrativas cada vez mayores en muchos países ¿Cuál es su análisis sobre esta realidad?

Los defensores de Derechos Humanos siempre vivimos en una situación incómoda. Recuerdo la queja que presentamos con el caso de El Amparo, en ese momento di una rueda de prensa enfrentando la versión oficial del Ejército y del Presidente Lusinchi, y me llegaron llamadas de todo tipo reclamándome que cómo era posible que estuviera defendiendo guerrilleros colombianos, que si me había metido a comunista, que esa guerrilla secuestraba ganaderos. Y yo dije en aquel momento que a los guerrilleros colombianos -y que efectivamente los que fueron asesinados no lo eran-, que los persiguieran y los capturaran, y que si alguno moría en combate estaba en su ley, pero lo que no se puede aceptar es que alguien, guerrillero o no, sea ejecutado de manera extrajudicial. Eso fue en ese momento. Ahora por defender lo mismo ahora uno es agente del FBI, de la CIA, del Departamento de Estado, agente del imperialismo yanqui, con frecuencia debemos acostumbrarnos a esa descalificación, porque pareciera que los gobernantes cuando juran cumplir y hacer cumplir la Constitución y las leyes, están pensando en la Constitución y las leyes que los invisten de poder y no de aquellas que les limitan el poder. Quizá eso sea ahora más grave que nunca, pero las descalificaciones a las organizaciones de Derechos Humanos no nacieron ahora, también ocurrían en el pasado.

En los litigios ante la Corte Interamericana escuché decir cosas como ¿qué había detrás de x organización de Derechos Humanos? ¿Qué cuál era el propósito oculto? Acusándolas de ser modos de vida o de tener un propósito subversivo. Ahora es peor, la persecución es mayor, las limitaciones al financiamiento de las organizaciones son mucho mayores, la descalificación es mucho más agresiva y para eso tenemos que estar preparados porque en definitiva el defensor de Derechos Humanos lucha contra el poder siempre, para exigirle que haga lo que no ha hecho o para que deje de hacer lo que hace, siempre lo va a incomodar. Entonces, no diría que se le reste importancia, sino que nos demos cuenta que así son las cosas y que eso significa que los gobernantes tienen una dosis más pequeña o más grande de cinismo y de perjurio respecto a cumplir y hacer cumplir la constitución.

– Si contrastamos la Declaración con la situación de Derechos Humanos en Venezuela ¿cómo la ve?

Venezuela está en una situación precaria. Venezuela ha denunciado la Convención Americana de Derechos Humanos, ha denunciado a la OEA. Es decir el país no cumple con ninguna de sus obligaciones internacionales en materia de Derechos Humanos, el gobierno quiere deshacerse de cualquier compromiso en esa materia, marcando un distanciamiento franco y claro con el derecho internacional en materia de Derechos Humanos, que significa el abandono de una de las grandes conquistas de la humanidad. No recibe a nadie de la OEA, no recibe a nadie de la ONU, descalifica a las organizaciones de Derechos Humanos, en ese sentido el gobierno se encuentra en las antípodas de la Declaración Universal.

– Siendo la Declaración Universal firmada por nuestro país y vinculada a nuestro sistema jurídico ¿cómo puede interpretarse su incumplimiento por parte del gobierno nacional?

Creo que el problema es mucho más complejo. Lo que ha venido pasando en Venezuela en los últimos años el análisis jurídico es cada día menos útil para enfrentar este problema, porque en la práctica en el país se ha abolido la Constitución, los tribunales están intervenidos a través de una designación de jueces entre gallos y medianoche, cuando el gobierno perdió las elecciones parlamentarias en el 2015, nombrando a militantes activos del partido del gobierno y a gente sin ninguna calificación constitucional para ejercer la magistratura. Desde ahí se ha ejercido un control vertical y es inconcebible pensar que surja una sentencia contra el Estado. El llamado “Efecto Afiuni”, por la juez Afiuni que fue enjuiciada y perdió su libertad por varios años por haber dictado una sentencia que molestó al ex presidente Chávez es bastante claro, ningún juez se atreve a dictar una sentencia que moleste al poder ejecutivo.

En el Consejo Nacional Electoral ocurrió lo mismo, con los órganos del Poder Moral ha ocurrido lo mismo, se convoca a unas supuestas elecciones presidenciales fuera de toda fecha y garantía de que el proceso electoral pudiera conducir a una elección justa y libre. El único órgano que podía tener alguna independencia que era la Asamblea Nacional, es desconocida y además se elige al margen de la Constitución un órgano paralelo superior que es la asamblea nacional constituyente, que es lo más parecido a un golpe de estado que he visto, por lo menos desde el año 2002. Tratar de enfocar esta situación únicamente con el andamiaje jurídico no es suficiente, hay que restablecer el estado de derecho.

Acá se perdió todo concepto de ejercicio democrático y de estado de derecho. Para el restablecimiento de una atmósfera, de un entorno, que permita la garantía al respeto de los Derechos Humanos, hay que resolver otros problemas. No se trata de la aplicación de un texto jurídico, sino de un concepto que quedó totalmente destruido por una acción sistemática de abolición de la Constitución. El gobierno venezolano decidió ponerse al margen, tanto de la constitución de 1999, como de todo el andamiaje internacional de protección de Derechos Humanos, que forma parte de esa constitución. Aquí estamos en una situación de facto, no de iure. El análisis de acto jurídico nos ayuda muy poco para entender lo que está pasando.


Luis Silva | Especial para Provea