José David González | La garantía de los derechos de los pueblos y comunidades indígenas se encuentra prevista en la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela, vigente desde 1999. Entre otros aseguramientos, la Constitución ordena la demarcación de sus hábitats y territorios, cuyo procedimiento está señalado en la Ley Orgánica de Pueblos y Comunidades Indígenas. Casi dos décadas después, esta demarcación no ha ocurrido, y tiene importantes consecuencias en su vida cotidiana, así como en el respeto, garantía y protección de sus derechos.

Según el censo poblacional de 2011 realizado por el Instituto Nacional de Estadística (INE), los indígenas representan el 2,7% (724.592) de la población nacional (27.277.930). En la región zuliana habitan 443.544 indígenas, es decir, el 61,2% de la población indígena nacional—72,3% son alfabetas, apenas por encima del promedio nacional, 70,8%.

Los indígenas que habitan el Zulia equivalen al 12% de la población total de la región (3.704.404). Aquí tienen su hábitat los Wayuu (404.651), Añú (20.688), Yukpa (2.784) y Japreria (156). El pueblo Wayuu no solo es mayoritario en la región zuliana (91,23%), sino también en todo el país (57,05%), donde están presentes en todas y cada una de las entidades federales.

El territorio ancestral de los Añú y Wayuu es la península Guajira, compartida por Colombia y Venezuela. Esto significa que se trata de una zona fronteriza en la que existe presencia militar y de otras autoridades de control policial de ambos países. El municipio Guajira es donde el paso fronterizo con Colombia ha generado más problemas, pues allí están dispuestas las principales vías de comunicación. Según el censo de 2011, allí habitaban 65.545 personas, de los cuales 57.843 son indígenas, esto es, el 88,25%. Para el 30 de junio de 2018, la proyección poblacional del INE para el municipio Guajira es de 75.022 habitantes.

En el siguiente informe expongo las condiciones de vida en la Guajira en materia de Salud y Desnutrición. 

Salud en Caos.

La difícil situación del país en materia de salud e insumos se siente con más impacto en la Guajira, los centros de salud abren sus puertas a medias a pesar de no contar con insumos y pese a que el personal muy poco llega a su lugar de trabajo debido a la falta de transporte y de dinero en efectivo para costear sus pasajes.

Las salas de emergencias colapsan cuando hay fluctuaciones eléctricas ya que esto ocasiona que los hospitales queden totalmente a oscuras y se atienden a los a pacientes en las afueras del centro de salud o muchas veces se le remite hacia otro hospital en Maracaibo o Colombia (a poco menos de 2 horas de viaje del lugar).

Mayret Fernández, fue testigo de la atención que prestan esta emergencia, “hace con 15 días traje a mi hermano con una herida de bala que recibió en un intento de robo, lo traslade para que lo atendieran y cuando llegue aquí no había luz y los médicos me dijeron que no podían hacer nada, que lo llevara a otro lugar y me tocó trasladarlos por cuenta propia hacia una clínica en Maicao, Colombia porque aquí no hay ni ambulancias”.

Estos episodios de caos se repitieron con mayor frecuencia en los meses de enero y febrero y con un repunte mayor a finales del mes de Marzo cuando la localidad sufrió de apagones que se contaron por días.

Pesé a la censura impuesta por la Alcaldía del municipio Guajira y la Secretaría Regional de Salud del estado Zulia. Hemos accedido a balances facilitados por los médicos de guardia quienes admiten que en los meses de Enero y Marzo hubo un repunte de diarrea, y fiebre en menores y ancianos alcanzando los 250 casos atendidos en la emergencia de los Hospitales Paraguaipoa y Sinamaica. También, se atendieron 410 casos de síndrome viral, 200 de fiebre y 15 de hepatitis cifras que para las autoridades no genera ningún tipo de alarma.

En general, las condiciones de atención sanitaria empeoran sin que haya alguna respuesta de las autoridades. La situación crítica se reproduce en el Hospital I de Sinamaica, donde hay criaderos de zancudos en los pasillos, y por tanto, hay un alto riesgo de que se desencadene un brote de dengue, del mismo modo los otros centros de salud se convirtieron en fachadas vacías donde todos los insumos que requiere el paciente debe comprarlo en farmacias que expenden los productos en moneda extranjera a precios inaccesible para la población indígena que busca curarse de sus males en estos centros asistenciales.

Enfermedades y Contextos

Una de las causas de las enfermedades más comunes que registran estos Centros de salud, según el ex-epidemiólogo del municipio, José  Fernández, es la pobre calidad del agua que se consume en la Guajira. Las fuentes principales son pozos artesanales o acueductos ubicados cerca de las viviendas, donde se suele defecar al aire libre, en consumo de alimentos balanceados también es un factor que incide en una buena salud pero las comunidades indígenas de la localidad a poco consumen dos comidas diarias y muchas veces no contienen proteínas.

Covid-19 y Crisis de Salud.

Al ser un hecho la llegada de los primeros casos de Coronavirus en el país, el caos se apoderó de los vecinos de la Guajira, quienes al ver el quebrantado estado de la Salud en la zona pensaron en lo peor, tal como lo confirma Abraham Granda vecino de Paraguaipoa, “Si el sistema de salud que tenemos no soporta un simple brote de diarrea en 5 niños puedes imaginarte como seria con una pandemia” argumentó que el deficiente servicio de salud genera pánico porque los constantes apagones, las falta de insumos y la capacidad médica operativa no cumple con la expectativa de quienes acuden a estos hospitales y más aún las condiciones de bioseguridad para el personal no son suficientes para evitar la propagación del virus.

Transcurridos los días del mes de marzo, sólo pacientes que buscaban colocarse una inyección, medirse la tensión o dar a luz son los que buscaban de los hospitales el resto de pacientes con otras enfermedades evitaron por completo acercarse en busca de atención, esto como prevención a contagiarse de cualquier virus, ya que los hospitales no son desinfectados ni mucho menos dotados a pesar de la pandemia que ya estaba a pocos kilómetros de la Guajira.

El 27 de Mayo, uno de los poblados que mayor frecuentan los habitantes de la Guajira, pasó a una etapa de aislamiento radicalizado por el estado Venezolano, el Hospital Binacional de Paraguaipoa quedó en medio ese control sanitario ya que según las autoridades de salud, una enfermera dio positivo a Covid-19 sin precisar detalles sobre el hecho se restringió por completo el acceso al hospital quedando a la deriva cualquier caso de emergencia que se registre en la localidad.

Siete días después, sin aun confirmar si el caso del hospital fuese un hecho, se anunció por parte de un órgano del estado que se creó en medio de la pandemia que este único centro de salud pasaría a ser un ‘Hospital Centinela’ según el gobierno de Nicolás Maduro estos hospitales serían los centros que atienden a pacientes con Covid-19 y que cuentan con todos los insumos necesarios para tal fin, pero a esta versión los vecinos del poblado la desmienten, quienes el Lunes 8 de Junio salieron a las calles a exigirle al gobierno que no tome el hospital debido a que no cuenta con las mínimas condiciones y que de activarse para este tipo de servicios podría generar un brote de contagios en los vecinos ya que los controles de seguridad e higiene no se prestan, pero ante tal exigencia de los pobladores se mantuvo firme la decisión y se le apertura como Hospital Centinela sin recibir ningún tipo de dotación ni muchos menos materiales de bioseguridad para el personal médico y pacientes.

Tras esta decisión queda a disposición de la población un Centro de Diagnóstico Integral (CDI) espacio que presta servicios hospitalarios y que es atendido por médicos Cubanos y Venezolanos, que es mucho aun peor en condiciones que el Hospital ya que por un problema de cableados que presenta muy pocas veces mantiene fluido eléctrico, no cuenta con insumos, ni camillas para albergar a pacientes que requieren hospitalización, a poco menos de 30 kilómetros de distancia otros dos centros de salud están disponibles; Hospital I Sinamaica y CDI Karouya ambos a puntos de ser clausurados por el alto índice de insalubridad que fue reconocido por las mismas autoridades sanitarias tras una visita realizada en Abril de este año en medio de la emergencia por el Covid-19, quienes buscaban activarlos para ser centros médicos de recepción para los migrantes que retornan al país a través de la frontera de Paraguachón.

Actualmente en medio de la alarma nacional por la pandemia en el municipio se activaron dos transportes para el personal médico quienes aseguran que muchas veces no le es suficiente porque hay preferencias a funcionarios del gobierno en vez del personal de salud. En materia de traslados de pacientes sólo hay dos ambulancias para todo el municipio y la capacidad de respuesta ante un colapso en muy mínima ya que no hay equipos de atención para la pandemia solo se cuenta con mínimos insumos como inyectadoras, gasas, y alcohol que muy pocos son utilizados en pacientes regulares porque el personal médico asegura que es para estricta emergencia.

Desnutrición infantil

Uno de los problemas más graves de la Guajira es la desnutrición. En los últimos años se ha alertado desde el Comité de Derechos Humanos de la Guajira sobre su empeoramiento.

El cierre del paso fronterizo a Colombia instaurado desde Septiembre de 2015 por parte de la administración de Nicolás Maduro, ha afectado la economía de la zona, sustentada en la agricultura, la pesca y el intercambio comercial.

Está situación quien ha venido gestándose con deficiencia, el 14 de Marzo de 2020 se intensificó aún más, pues el gobierno del presidente Colombiano Iván Duque dio la orden de bloquear por completo los accesos por vía principal y desvíos conocidos como trochas para evitar la propagación de la pandemia que afecta al mundo.

Esto trajo graves consecuencias pues el municipio Guajira y la región occidente de Venezuela se suministraba de alimentos provenientes de Colombia mediante el comercio informal, y como resultado a este cierre el municipio fronterizo llegó a un nivel muy alto de desabastecimiento de alimentos, generando el cierre de los comedores fronterizos que fueron habilitados por las agencias internacionales para la atención a venezolanos en situación de pobreza extrema, dejando al indígena que hace vida en esta región a merced del hambre y una crecida rápida del índice de desnutrición.

La desnutrición afecta tanto a adultos como niños. La dieta de las familias se redujo significativamente, en algunos casos se llega consumir alimentos una vez al día bajos en grasas, calorías y proteínas. Asimismo, las fuentes de agua se encuentran contaminadas o simplemente secas producto de la fuerte sequía y la falta de limpieza de los pozos artesanales.

Tras la declaratoria de Alarma Nacional emitida por el estado y que comienza a cumplirse con una cuarentena impuesta con fuertes controles y represiones a la población, La Guajira no queda exenta de ella se agudizó el hambre mientras el gobierno anunciaba un plan especial de atención a las comunidades indígenas de las fronteras logrando la distribución de alimentos compuesta por dieciocho artículos para que sean suficiente por un mes, pero tal beneficio no lograba realmente cubrir la demanda pues una familia de cuatro personas lograba devorar tal ayuda en tan sólo seis (6) días, teniendo en cuenta que la mayoría de las familias wayuu y añú de la localidad se compone por más de nueve miembros, dejando en evidencia de que los venideros días sería calamidosos en medio de una paralización producto de la Cuarentena que se aplica por la presencia de la pandemia en el país.

Transcurridos los días del mes de Marzo y ya con los insumos alimenticios agotados la población desde diversas comunidades salieron a las calles a exigir atención con alimentos y servicios públicos, pero detrás de las protestas rostros de hambre y miseria se dejaban ver, tal como ocurrió el 11 de Abril de 2020 cuando niños y adultos se instalaron en la vía internacional Troncal del Caribe, en el sector Guarero y con pancartas alusivas a sus exigencias se lograba leer “Nos está matando el Corona hambre” en esta protesta pacífica participaron infantes y abuelos quienes lloraban de hambre y solo pedían alimentos.

En el municipio fronterizo desde el año 2016 se contabilizan entre 20 a 50 casos de desnutrición graves. Pero en el segundo trimestre del 2020 los índices aumentaron junto a ellos la muerte por hambre.

El 30 de Mayo de 2020 en el sector Los Robles, al sur de la Guajira murió una infante de seis meses producto de la falta de alimentos, según sus padres no hallaron formas de poderle suministrar fórmulas lácteas porque la familia no contaba con ingresos para suplir la emergencia, pero lo más lamentable de la situación era que esta menor era gemela y su hermanita murió también una semana antes de las mismas causas.

El 4 de Junio, otra menor de nombre Kathiuska Hernández de 5 años, también murió en el sector Ariguapa, según su madre Marelbis González la menor lloraba por hambre y a los días entró en shock, vomitaba sólo agua, entró en colapso y murió. Ningunos de estos casos presenta informe médico que determine las causas de su muerte pero sus padres argumentan que la falta de ingresos económicos y el control en medio de la cuarentena los ha dejado sin opciones par atender la canasta familiar.

Pesé a que estos casos fueron reportados ante la opinión pública ningún organismo ha podido dar respuesta a la situación, a pesar de que se mantienen denuncias y un registro de más de 100 casos similares de familias enteras que padecen inseguridad alimentaria en niveles críticos, de los cuales se puede dar a conocer el caso de la familia de Mairibel González, mujer de la Etnia Wayuu que habita en el sector Marichein, tiene cinco hijos con discapacidad y desnutrición severa.

A esta larga lista se unen unas 10 familias de la Etnia Añú que habitan en el sector El Arroyo, quienes aseguran consumir un plato de comida a diario compuesta por pescado en sopa o guisado sin nada que pueda acompañarlo, muchas veces intercalan los días para comer, en total son 70 personas con desnutrición que se contabilizan en este sector.

Laguna de Sinamaica, hambre y aislamiento.

La Laguna de Sinamaica es una de las reservas ambientales más extensa del estado Zulia, al norte de Venezuela, un espacio que alberga al pueblo indígena añú, su medio de transporte es a través de lanchas y canoas de pequeñas dimensiones, la mayoría de quienes viven allí prefieren movilizarse en flotantes de madera seca, pedazo de plásticos y otros objetos que les sirva como medio de traslado de un lugar a otro.

Este poblado cuenta con más de 8 comunidades donde el 90% de la población es de pobreza extrema, su modo de supervivencia es la pesca pero este arte ha dejado de generar ingresos por la alta contaminación del agua producto del tráfico de combustible.

En Diciembre de 2016, un informe emitido por el comité de Derechos Humanos de la Guajira, se documentó la grave situación de los indígenas que allí habitan el hambre tocaba a los menos afortunados; niños y adultos, y desde esa fecha hasta la actualidad se han registrado cerca de 80 casos de desnutrición de los cuales 10 han sido fatales.

En lo que va de 2020 los niveles de desnutrición ha afectado frontalmente el modo de vida de esta población, quienes han notado un desmejoramiento de su condición de vida, la ración del hogar ha disminuido bruscamente llevando al consumo de hasta cuatro platos de comida por familias en una semana cifras que alarman pero que las autoridades han optado por callar ante la situación política que atraviesa el país.

En este territorio no sólo la falta de alimentos es la necesidad, pues el agua es uno de los complementos también necesarios con el cual solo un 5% de la población de esta laguna puede contar con ella, el resto les toca consumir el agua del río la cual está contaminada por carburantes y desechos fecales.

Libia Govea, directora de la Escuela Nuevo Mundo, en la Laguna de Sinamaica, afirma “antes de la llegada de la Cuarentena al país contabilizamos en mi escuela y en la comunidad 25 casos de desnutrición, con padres que simplemente no tienen oportunidades de atender a sus hijos y les ha tocado verlos decaer en medio de un aislamiento donde el transporte lacustre es primordial para movilizarse de un lugar a otro, son familias que no son atendidas ni por estado ni por ningún otro ente pero que sigue sobreviviendo a merced de la buena de dios” asegura la docente.

Según las cifras que manejan las escuelas de la zona, se puede comprobar la veracidad de lo que exponen, niños con pérdidas de peso, piel curtida y arrugada y cabello amarillento demuestran el estrago que ha hecho el hambre en sus cuerpos donde la mayoría de ellos son infantes entre 0 meses hasta 12 años, niños con discapacidad y ancianos son quienes más vulnerables resultan para tal situación.

El desmejoramiento progresivo del país y la falta de políticas públicas en materia de atención social en salud y alimentos pone en jaque la vida de más de 200 personas que sufren las consecuencias del hambre dejándole la huella imborrable de la desnutrición que ha sido el resultado de contados días con el estómago vacío.

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