Oly Millán | A pesar de comenzar este año con la vergüenza e indignación ante el espectáculo por demás bochornoso de lo que está ocurriendo en la Asamblea Nacional[1], quiero ser optimista, porque me niego a creer que mi país no tiene futuro y que todos los caminos para lograr un cambio político en paz están cerrados, por lo tanto considero que este año 2020, sin lugar a dudas será un año de elecciones parlamentarias en Venezuela, las cuales pueden convertirse en la tabla de salvación para conjurar la crisis y destrucción del país, logrando la constitución de un parlamento que sea la expresión concreta de la pluralidad y diversidad de la sociedad venezolana, que consiga conectar el evento electoral con los grandes temas y desafíos que tenemos como nación, como por ejemplo la reinstitucionalización del país; la conversión del hecho electoral en un plebiscito para Nicolás Maduro y la élite que lo acompaña; el debate necesario sobre el cambio del modelo productivo que parta de un cambio en la matriz energética; la necesidad de una auditoría pública y ciudadana de la deuda; la denuncia y castigo férreo y verdadero a quienes han acabado con el patrimonio nacional; la defensa de los derechos humanos (justicia y reivindicación a las víctimas de violaciones de derechos humanos). Todo esto porque como lo expresé, me niego a pensar que este año sea otro año perdido que nos lleve a una escalada más de la profundización de la terrible crisis que padecemos como nación. Por lo tanto, este año de elecciones legislativas, si somos inteligentes, podemos cambiar la tendencia caótica en la que estamos inmersos y convertir esta tragedia en una oportunidad de cambio sin perder de vista el contexto tanto nacional como internacional en el cual estamos inmersos caracterizados por:

En el ámbito del Sistema Capitalista Mundial: La década presente está evidenciando un rápido proceso de cambio en las relaciones económicas internacionales que viene expresando una nueva correlación de fuerzas en la geopolítica mundial. El estallido de la crisis estructural del sistema capitalista, ocurrido a fines del 2008, fue un elemento que puso en la balanza la hegemonía del capital norteamericano y el peso que este tiene en sus áreas de influencia directa, como lo es América Latina. Como demostración de estos cambios operados, se han venido desarrollando bloques que hacen contrapeso y relaciones bilaterales que están marcando nuevos derroteros, un ejemplo cercano son las múltiples relaciones diplomáticas y comerciales que ocurren entre China y Rusia.

Dentro de estas disputas por el control de territorios y recursos de materias primas por parte de los imperios (consolidados o en formación) quienes buscan controlar la economía mundial, está el papel que viene jugando América latina, y en este ámbito no podemos perder de vista la importancia que tiene Venezuela.

En el caso concreto de América Latina: Luego de la muerte del presidente Chávez y la caída de los llamados “gobiernos progresistas”, situación que era de esperarse, si lo analizamos a la luz de los tímidos avances que habían logrado, que terminaron también siendo funcionales al capital transnacional, cambia la correlación de fuerzas en la región, imponiéndose la hegemonía del poder político por parte de los grupos económicos tradicionales y emergentes, que tienen vasos comunicantes con el imperialismo norteamericano y europeo, aunque mantienen ciertos coqueteos con China[2]. En este cuadro es obvio que EEUU[3] busca reconstruir su control en lo que tradicionalmente ha sido su “patio trasero”. Control que venía perdiendo con la entrada del capital chino y ruso, favorecidos por el bloque de poder regional que se estaba consolidando en torno a los denominados “gobiernos progresistas” que habían construido un discurso antiimperialista – antinorteamericano y habían levantado las banderas del Socialismo.

No obstante, el confuso y limitado papel que cumplieron los gobiernos progresistas, América Latina como pueblo sigue resistiendo, evidenciado por los ejemplo en las importantes movilizaciones que se han dado a lo largo y ancho de una parte importante del continente: en Argentina contra las políticas neoliberales y fondo monetaristas de Macri dando como resultados el triunfo del binomio Fernández – Fernández, las movilizaciones de protesta y confrontación en Nicaragua, Ecuador, Colombia, Puerto Rico y el recién estallido social en Chile, aunado a lo ocurrido en Bolivia que terminó con la renuncia forzada del presidente Evo Morales.

En el ámbito nacional: luego de las significativas movilizaciones de calle con las que se inauguró el 2019 y el apoyo por parte de importantes gobiernos mundiales, al adefesio de “gobierno de transición” liderado por el diputado Juan Guaidó, como era de esperarse el mantra de cese a la usurpación- gobierno de transición y elecciones libres, terminó por convertirse, sin sorpresas, en una rotunda decepción. Al finalizar el año 2019, tenemos a un gobierno con un relativo triunfo sobre esa oposición que sigue transitando la senda del fracaso en fracaso, sin ningún tipo de humildad para reconocer sus errores, frente a un país más agobiado y destruido, con poca credibilidad en las instituciones del Estado y en los liderazgos y partidos políticos, con un sistema económico dinamizado por la dolarización de facto y por la política económica del laissez faire (dejar hacer, dejar pasar) expresión máxima del liberalismo económico que profundiza las desigualdades sociales. En fin con un país en ruinas y con pocas opciones para los venezolanos y venezolanas, a no ser que se encienda la pradera con la motivación y participación multitudinaria de asumir el evento electoral parlamentario donde, como Fuenteovejuna[4] (todos a la una), hagamos posible la reinstitucionalización del país y se conforme un parlamento de hombres y mujeres comprometidos de verdad con Venezuela y su soberanía, con la constitución vigente y le haga un verdadero contrapeso a un gobierno inconstitucional y deslegitimado con una profunda deriva autoritaria, cuyo único mérito cierto es haber convertido a Venezuela en uno de los países más pobres del Continente Americano.

 

[1] Ahora tenemos dos directivas de la AN los cuales se arrogan el derecho “legal y legítimo” de presidir la AN para el presente año.

[2] Una parte importante del intercambio comercial que realizan los países de América Latina (México, Chile, Argentina, Colombia, Brasil, entre otros) lo hacen con China.

[3] https://www.diariolasamericas.com/america-latina/macri-eeuu-no-deberia-dejar-china-ser-socio-principal-america-latina-n4136472

[4] Obra de teatro del dramaturgo Lope de Vega que expresa la unión y rebelión del pueblo contra la opresión y el atropello del gobierno.

Economista (UCV) y exministra del Ministerio para la Economía Popular (2006). Integrante de la Plataforma Ciudadana en Defensa de la CRBV y de la Plataforma Contra el Desfalco a la Nación | @angelicamcampos