Carlos Patiño | “En un tiempo vivimos contentos. Durante las fiestas cantábamos y bailábamos. Y ahora esto parece una prisión”

Un soldado regresa a casa luego de servir en Chernóbil. Bota su ropa a la basura menos la gorra, que se la regala a su hijo pequeño porque le insistía. Dos años después al niño le diagnostican un tumor en el cerebro. “Voces de Chernóbil” de Svetlana Alexievich, es un libro demoledor y tristísimo que le valió el Premio Nóbel a su autora.

“- No hay núcleo. Estalló. El núcleo estalló.

– Está en shock, sáquenlo de aquí.

– La tapa voló. Está en llamas, yo lo vi.

– Estás confundido. Los núcleos de reactores RBMK no estallan. No te preocupes, hicimos todo bien.”

En otra forma de contar lo sucedido, “Chernóbil”, la miniserie de HBO de 5 capítulos, se consagró como una de las mejor valoradas de la historia.

En “Voces”, el libro y en “Chernóbil”, la miniserie, encontramos un díptico imprescindible en tiempos de pandemia. El coronavirus, como la radiación, son enemigos invisibles, letales. Las analogías entre el tratamiento de la crisis de Chernóbil y las del gobierno chino al conocer el brote del nuevo virus son las típicas de los regímenes totalitarios e ideologizados: No rieguen rumores, eviten causar pánico, es falso que existe una crisis. Mientras, la tragedia se propaga sin tomar las adecuadas medidas de contención.

Las similitudes no terminan ahí. También se dan entre quienes no creyeron en la gravedad del accidente y no se protegieron, y quienes ahora desestiman la mascarilla y no guardan el distanciamiento social. La incredulidad es una ceguera voluntaria. La negación ante la catástrofe, una tozudez que puede costar la vida.

“Yo creo que no ha habido ningún Chernóbil; que se lo han inventado. Engañan a la gente”

La radiación y la pandemia deshumanizan. En Venezuela, por ejemplo, desde el gobierno de facto se califica a las personas contagiadas de armas biológicas. A fin de cuentas ¿Qué es una víctima? ¿Qué es un héroe? ¿Qué es un sobreviviente?

“No debe usted olvidar que lo que tiene delante ya no es su marido, un ser querido, sino un elemento radiactivo con un gran poder de contaminación. No sea usted suicida. Recobre la sensatez.”

En los testimonios de Chernóbil, el símil con la guerra es constante. El tratamiento que dieron los rusos a la crisis de 1986 fue militarista, algo que recuerda a gobernantes chinos y venezolanos de cara a la pandemia del 2020.

“¿Hay algo más pavoroso que un hombre?”

La indignación y el horror son los compañeros de viaje. La ciencia y la medicina al servicio de una ideología. Pasó en Ucrania y Bielorrusia con la radiación y pasó en Wuhan con el coronavirus: El ocultamiento y la política del miedo. Pasa en Venezuela con el estado de alarma. Un eco de Chernóbil.

“Nos tienen miedo. Somos contagiosos, dicen. ¿Por qué Dios nos ha castigado?”

Lo más aterrador del libro y la miniserie es saber que no son relatos de ficción sino la documentación de una tragedia real, tanto el accidente como la errática conducción de la crisis por parte de un régimen totalitario en decadencia. Si el capitalismo es salvaje y voraz, su alternativa socialista resultó ser un remedio peor que la enfermedad.

“Mi diagnóstico es… ¿Quiere oírlo? Una mezcla de prisión y jardín de infancia: esto es el socialismo. El socialismo soviético. El hombre entregaba al Estado el alma, la conciencia, el corazón, y a cambio recibía una ración. La ración de Chernóbil.”

*Las citas corresponden al libro Voces de Chernóbil y a la serie Chernóbil

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Abogado defensor de Derechos Humanos. Coordinador de Exigibilidad de Provea. Escritor
cronicasinsilio.blogspot.com
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