Marino Alvarado/ Cientos de venezolanos que emigran diariamente  de manera forzada de Venezuela hacia territorio colombiano por la frontera San Antonio del Táchira- Cúcuta continúan su recorrido. Caminan desde Cúcuta 238 kilómetros para llegar a Bucaramanga. Para que tengamos una idea es una  distancia superior a la que existe de Caracas a Valencia.  En el trayecto deben atravesar el Páramo de Berlín con temperaturas bajo cero. Mujeres, niños y niñas, adultos mayores, personas con discapacidad. Más de seis horas se tardan atravesando la parte más fría de dicho Páramo. Un río humano, generalmente de familias muy humildes, sometiéndose a innumerables riesgos pero con mucha esperanza de tiempos mejores.

La organización colombiana Mujeres y Futuro desarrolla un programa “Ruta de protección a mujeres, niñas y niños caminantes de Venezuela” así salvan vidas y disminuyen riesgo a las personas. Esta acción humanitaria es una de las tantas que desarrolla la sociedad civil en Colombia para brindar solidaridad efectiva a la población venezolana. Iniciativas que se realizan con voluntad, esfuerzo, creatividad y con frecuencia, con pocos recursos, pero con un amplio sentido humano.

Organizaciones colombianas calculan que dos millones de venezolanos viven actualmente en Colombia. Por su parte el gobierno colombiano indica que la cifra es menor  y a junio de 2019 serían 1.298.300.

Por las condiciones económicas y sociales que imperan actualmente en el país, todo se orienta a que persistirá la migración forzada masiva. Una de las características de la migración forzada en todo el 2018 y lo que va de 2019, es que las personas que huyen de Venezuela son de muy escasos recursos. Por ello se incrementó de manera desbordante la migración vía terrestre hacia las fronteras de Brasil y Colombia. Otra característica que pudo ser constatada recientemente en Brasil es que cada vez salen más grupos familiares conformados por 10 0 15 integrantes de una misma familia. Ello da una idea de la dimensión del drama humano que viven.

Es una migración forzada de sectores muy vulnerables a los que se le han sumado  varios pueblos indígenas. Huyen del hambre y la miseria y llegan a otros países donde con frecuencia su situación de vulnerabilidad aumenta.

Una orientación necesaria

En el caso colombiano estudios recientes indican que existen aproximadamente 68 grupos armados que desarrollan una variedad de actividades al margen de la ley. Grupos que controlan territorios, ejercen control social de la población y realizan ofertas engañosas a muchos migrantes venezolanos agobiados por el hambre y las dificultades.

En ese contexto la organización Mujeres y futuro  tiende la mano a los caminantes en una acción por un lado preventiva y por la otra de auxilio. Orientan a los caminantes de los diversos riesgos, les prestan apoyo psicológico y mitigan temporalmente el hambre. Es una labor muy loable la que realiza  junto a otras organizaciones sociales  quienes asumieron la solidaridad con la población venezolana como un compromiso.