Luis Crespo | La Comisión Económica para América Latina (CEPAL) señaló que la pandemia del Covid-2019 situó la economía mundial en una crisis sanitaria, humana y económica sin precedentes en el último siglo; se han hecho múltiples comparaciones con crisis anteriores (crisis financiera 2008, crack 1929, segunda guerra mundial) es cierto que sus características y magnitud, ponen al mundo en un contexto muy difícil e inédito. En la actualidad tenemos economías cerradas y paralizadas, sin saber cuánto durará la crisis, ni qué características tendrá la recuperación, solo se sabe que mientras más rápida y contundente sean las respuestas, menores serán los efectos negativos. La actividad económica mundial se paralizó progresivamente, inició en China (Wuhan, Hubei) y se fue propagando a Europa, Estados Unidos, Asia y América Latina. El virus se ha manifestado en más de 180 países con el contagio de aproximadamente 2.2 millones de personas y más de 144.243 fallecidos, según registros de la Universidad Johns Hopkins.

El aislamiento social generó un impacto indirecto en la actividad económica por sector, produciendo un shock de oferta y demanda mundial. La Organización Internacional del Trabajo (OIT) expresó en su último informe la paralización total o parcial que afecta a casi 2.700 millones de trabajadores, lo cual representa un 81% de la fuerza de trabajo mundial. Al mismo tiempo, advierten que se proyectan mayores niveles de desempleo en el mundo -6.7% de empleos afectados para el 2do trimestre del 2020, lo que significa aproximadamente, la pérdida de 195 millones de puestos de trabajo tiempo completo.

La economía mundial entró en recesión por los efectos de la pandemia y su caída se proyecta en -3% según el último informe del FMI, al mismo tiempo, América Latina tendrá una contracción de -5.2%, la región enfrentará procesos recesivos en distintas magnitudes, la expansión de la pandemia está provocando shock internos de oferta y demanda; las dimensiones del daño dependerán de las capacidades productivas de cada país, lo cual les permitirá enfrentar en mejores o peores condiciones esta crisis.

La CEPAL afirma que antes del Covid-19 América Latina mostraba niveles de deterioro económico, político y social, los cuales se venían evidenciando a mediante el descontento generalizado por el incremento en los niveles de pobreza, pobreza extrema y desigualdad. En la región el 53% del empleo se concentra en el sector informal, razón por lo cual, el aislamiento social está impactando significativamente en el mismo, dado que este depende de la interrelación directa entre las personas (“cara a cara”). Señala también que los países de la región serán especialmente afectados por la pandemia debido a los siguientes motivos:

  • La caída en la actividad económica de sus socios comerciales;
  • América Latina es una región muy dependiente de sus exportaciones, las cuales disminuirán por la recesión mundial;
  • La caída en los precios de las materias primas por la baja de la demanda mundial;
  • La interrupción de las cadenas de valor;
  • La interrupción y caída del turismo en la región que se proyecta en 25% para este 2020 (cifras CEPAL).

Los organismos internacionales (BM,CEPAL,OIT) proyectan los efectos de mediano y largo plazo que enfrentarán los países: caída en el crecimiento económico, menores niveles de inversión privada, cierre de empresas, deterioro de las capacidades productivas de los países y del capital humano, menores niveles de integración económica, posibles procesos de inflación en algunos países de la región por la interrupción ocurrida en las cadenas productivas y aumentos de costos (fenómeno que había sido superado, excepto en Venezuela). En definitiva, América Latina sufrirá de mayores niveles de desempleo, caída en los ingresos de las familias y menores salarios, pobreza y desigualdad.

Venezuela se encuentra en una coyuntura muy difícil por el grado de vulnerabilidad en el cual está su economía y el sistema de salud pública. El sector salud colapsó por la falta de insumos, equipos, agua, carentes de profesionales de la salud y especialistas que atiendan a la población y puedan garantizar una respuesta efectiva; es importante mencionar que tenemos una población subalimentada, donde el 7.9% de los habitantes están padeciendo inseguridad alimentaria severa y 24.4% en moderada, además, el 32.3% necesitan asistencia alimentaria, según cifras del Programa Mundial de Alimentos (FAO), por lo cual el país enfrenta una emergencia humanitaria compleja, se agrava debido a las perspectivas de caída del PIB en -15% para el 2020 según las proyecciones del FMI, continuará el proceso de hiperinflación, incremento del desempleo, servicios públicos colapsados y poder adquisitivo del salario mínimo en 1,3% con una moneda destruida, además de la escasez de gasolina.

En materia económica la situación es dramática, la economía venezolana ha padecido la devastación progresiva de sus factores productivos en los últimos 6 años y la caída de su producción interna en aproximadamente 70%, por si fuera poco, el desplome de la producción petrolera a menos de ochocientos mil barriles, sin precedentes en la historia como consecuencia del deterioro de PDVSA la principal industria del país; aunado a esto la situación actual de los precios del barril de petróleo no permiten cubrir los costos de producción de los mismos y limita aún más las capacidades fiscales del régimen para dar respuestas en la actual coyuntura.

El panorama actual es sumamente adverso para Venezuela. El Estado debe destinar importantes recursos económicos al sector salud para atender la pandemia, los cuales no posee, al mismo tiempo definir estrategias que generen condiciones para sostener y estimular la actividad económica (oferta y demanda) y coadyuvar a preservar las capacidades productivas que aún quedan en el país, definir estímulos fiscales para las empresas que seguirán operando, reforzar y ampliar la seguridad social debilitada en el país e indiscutiblemente atender a un porcentaje de familias que requerirán apoyo institucional y aportes económicos. La Venezuela de hoy se encuentra en su peor momento para enfrentar la pandemia del Covid-19. El país requiere de la ayuda de los organismos multilaterales (FMI, BM, BID, CAF) por la vía de fondos de ayuda, líneas de crédito o donaciones a los países más débiles, para poder enfrentar el impacto de la pandemia con el menor sufrimiento posible de la población más vulnerable.