Marino Alvarado Betancourt|  Luego de la derrota de la Rebelión Popular de 2017 tras cuatro meses donde se produjeron según cifras oficiales 9.436 movilizaciones, 78 al día, se extendió la visión que la población había abandonado las calles. No fue así. Dejaron de observarse grandes movilizaciones en capitales de estados, pueblos medianos y pequeños, pero se multiplicaron las protestas de comunidades exigiendo derechos.

Según el Observatorio Venezolano de Conflictividad Social entre enero y diciembre de 2018 se desarrollaron al menos 12.715 protestas, equivalente a 35 protestas diarias en todo el país. Con 1.628 protestas, Distrito Capital lideró la conflictividad durante el año 2018, seguido de los estados Bolívar (1.389), Lara (1.030).

Las protestas del 2018 e se realizaron principalmente por la exigencia de servicios básicos: gas doméstico, agua potable y electricidad. Las comunidades más pobres de Venezuela como las principales protagonistas. Pero también destacaron sectores sociales como los trabajadores y jubilados. Recordemos como los adultos mayores protagonizaron un número importante de acciones con reclamos relacionados al derecho a la jubilación y atención de salud.

Buena parte de las protestas del año pasado no tuvieron visibilidad salvo en algunos medios locales y redes sociales. Por tal motivo un número significativo de personas tenía la sensación que el gobierno había logrado apagar el descontento social y que era muy difícil volver a las grandes movilizaciones y presionar al gobierno.

Enero y los primeros días de febrero muestran una fotografía de la protesta distinta: Masivas.  En mucho se parece a las del 2017, pero tiene diferencias. Sin embargo, las pequeñas protestas por derechos continúan.

De común a las protestas del 2017, las actuales se asemejan a que: responden a una dirección nacional, en el pasado a las convocatorias de la MUD, en el presente a las que realiza la directiva de la Asamblea Nacional. Como en el 2017 las actuales se desarrollan en toda la geografía nacional y son esencialmente pacíficas. Las actuales igual tienen como lemas fundamentales temas nacionales y el rechazo al gobierno. Se asemejan igualmente porque el movimiento sindical tiene poca incidencia.

A diferencia del 2017 las actuales tienen una amplia participación de sectores pobres, los mismos que durante todo el 2018 tomaron las calles para exigir servicios públicos se vienen incorporando a la lucha general por cambio de gobierno. Por eso no debe extrañarnos que el 22 y 23 de enero hayan sido comunidades populares quienes salieran a las calles con contundencia a rechazar el gobierno. Esa población que cerró calles el año pasado descontenta porque había fallas en la distribución de gas, por escasez de agua, porque se acumulaba la basura en sus sectores, participa hoy en la agenda nacional de movilizaciones. Otra diferencia de estas protestas es que tienen poca presencia los llamados jóvenes de la resistencia. Los que asumieron de manera protagónica la autodefensa ante la represión. Los jóvenes marchan hoy sin capuchas, sin escudos, pero con la misma valentía y apostando a mantener hasta donde sea posible las protestas muy pacíficas. Finalmente, las actuales protestas tienen una mayor comprensión y apoyo de la comunidad internacional, porque un legado del 2017, fue dar a conocer en el mundo el intenso descontento contra el gobierno de Maduro y la manera despiadada con la que actúa ante el descontento social.

Vamos bien y con mayor presencia de los sectores más excluidos del país. El cambio se acerca.