Gregorio Afonso |

Desde hace algunos años, pero especialmente en el último semestre del 2019, Venezuela vive un acelerado proceso de dolarización de los precios de los bienes y servicios.

Esta dolarización ha sido favorecida por cierta liberalización y despenalización del mercado cambiario impulsada por la dictadura el año pasado, además, se soporta en la firme convicción, presente en toda la población, de que el Bolívar, pese a la reconversión monetaria, sirve poco y nada, con él no resulta posible encarar sin enormes pérdidas el actual proceso hiperinflacionario.

Sin embargo, esta dolarización de los precios de los bienes y servicios cuyo impacto social es dramático, en especial para los trabajadores, no se hace acompañar de la dolarización de los salarios. Pese a algunas experiencias en el sector privado, los salarios en la administración pública en todos sus niveles, así como las pensiones y jubilaciones, no se cancelan en divisas, se pagan en bolívares soberanos. Hablamos de casi 6,8 millones de personas que reciben ingresos en una moneda débil, que por su ritmo de devaluación podría afirmarse que es la que se deprecia a mayor velocidad en el mundo.

Actualmente ningún salario de la administración pública, si lo evaluamos dese su poder de compra en bolívares alcanza para cubrir la canasta alimentaria, en consecuencia, someten a los trabajadores a vivir en condición de pobreza extrema.

Aunque son heterogéneas las remuneraciones, dado los convenios colectivos específicos de determinados sectores, el Memorando Circular N° 2792 del Ministerio del Poder Popular del Proceso Social del Trabajo (MPPPT)[1], de fecha 11 de octubre de 2018 se encarga de establecerles límites y condenar, en consecuencia, a los trabajadores a salarios de hambre.

Particularmente dramático resulta el monto del salario mínimo nacional y las pensiones, aumentado vía decreto presidencial a partir del 01 de enero del 2020 a bs. 150.000, es decir, aproximadamente según la tasa oficial 3.69 USD. Se trata de un hecho inédito, inhumano e increíble en el siglo XXI pues es un ingreso que no da para comer por más de dos días al mes y niega cualquier posibilidad de vivir en condiciones dignas.

La política de remuneraciones mínimas y medias que el Estado Venezolano debe ser revisada y cambiada en forma radical. En ese contexto, la propuesta de dolarizar los salarios resulta pertinente, tal vez, lo conveniente es iniciar un proceso de dolarización de la economía venezolana dado que el bolívar perdió toda identidad y lo más grave aún: toda utilidad.

Igual de inútil ha resultado el anuncio de la dictadura de anclar el salario a la “criptomoneda” denominada Petro. Con la intención de darle legitimidad a esta iniciativa el régimen ofreció establecer el salario mínimo nacional en medio Petro, sin embargo, esto no se cumple en tanto en la actualidad mientras el Petro, la dictadura lo establece en 60 USD o bs. 4.628.688, la remuneración mínima es bs 250.000, cuando esta debería ser, según ese planteamiento, 30 USD, lo que supone Bs. 2.314.344.

Una eventual dolarización del salario, es un proceso que supone:

  1. Que el estado abandone su política laboral de negación de las organizaciones sindicales y gremiales de trabajadores y empleadores, es decir, se convierta como lo recomienda la OIT, en un promotor del diálogo social bipartito y tripartito como método para fijar remuneraciones y tratar temas laborales. La dolarización del salario debe ser el resultado de un proceso de búsqueda de consensos. Está harto demostrado que la unilateralidad es contraria a los derechos laborales y el bienestar de los trabajadores y empleadores.
  2. Fijar un salario mínimo nacional en divisas, cuyo monto, luego de ser discutido por todos los actores sería calculado en dólares tomando como referencia el costo de la cesta alimentaria familiar, sólo a título de ejemplo y como punto de partida, si la canasta alimentaria familiar del mes de diciembre de 2019 tuvo un costo de bs. 15.252.586.02[2] el salario sería aproximadamente 197 USD.
  3. Que el Estado Venezolano recupere la producción petrolera; promueva y facilite la inversión  extranjera y potencie las exportaciones para de esta forma promover la entrada de divisas por vía legal y en dimensiones suficientes para crear los equilibrios económicos que deben acompañar una política como la dolarización del salario.
  4. Crear el marco jurídico que soporte la dolarización del salario. En la actual Asamblea Nacional existe un proyecto de ley que pudiera servir de punto de partida para que el país aborde esta discusión y alcance los acuerdos que ella demanda.

 

Si no se camina en esta dirección de fortalecer en términos reales el ingreso de las familias de los trabajadores, continuará agravándose la crisis social, cuyas dimensiones ya están próximas a convertirse en una catástrofe humanitaria.

La dolarización transaccional desordenada[3] que vive el país no es signo de que la realidad económica y social va a mejor. El irresponsable agradecimiento hecho por el dictador a esta este fenómeno: “ese proceso que se llama dolarización puede servir para la recuperación y el despliegue de las fuerzas del país. Es una válvula de escape. Gracias a Dios que existe”[4], muestra que poco le importa la vida actual y el futuro de los venezolanos.

De modo que a las organizaciones de los trabajadores, aún en el marco de la crisis política que vivimos, le corresponde levantar una propuesta de dolarización del salario que recupere el valor del trabajo como medio para lograr vivir con dignidad, al tiempo que potencie, a las organizaciones sindicales como instrumentos orientados a promover el bienestar de los trabajadores.

[1]Ver: https://www.aporrea.org/media/2019/06/lineamiento_min_trabajo.pdf

[2] Ver: www.finanzasdigital.com/2020/01/cendas-fvm-canasta-alimentaria-familiar-de-diciembre-de-2019-se-ubico-en-15-252-58608-bolivares/

[3] Ver: https://www.derechos.org.ve/opinion/iniciamos-el-2020-atonitos-ante-el-dolar-y-un-nuevo-salario-minimo-ya-devaluado

[4] Ver: https://www.venezuelaempresarial.com.ve/noticia.php?post=7634

Profesor universitario y Secretario de Asuntos Académicos de la Asociación de Profesores de la Universidad Central de Venezuela | @gregorio_afonso