Tamara Taraciuk | El Fondo Mundial, un órgano de financiamiento internacional creado por Kofi Annan y al cual aportan fondos personas como Bill y Melinda Gates y varios gobiernos, incluyendo los de Estados Unidos y el Reino Unido, ha contribuido enormemente a abordar el Sida, la tuberculosis y la malaria en muchos países. Sin embargo, el Fondo Mundial no ha actuado en Venezuela, un país que hace años enfrenta una crisis de salud, debido a la falta de datos oficiales y porque todavía considera que Venezuela, formalmente, contaría con ingresos para financiar servicios de salud. El Fondo Mundial tiene la posibilidad de reconsiderar su postura en la próxima reunión de su junta directiva, que tendrá lugar el 9 y 10 de mayo, y no debería desaprovechar esta oportunidad.

Aliyoner Rodríguez es un ejemplo de por qué la ayuda del Fondo Mundial es necesaria. No pudo contener las lágrimas cuando me dijo hace poco que su mayor temor era mirar a los ojos a sus hijos si su salud se deteriora.

Rodríguez, de 42 años, vive desde hace 18 años con VIH. Desde que fue diagnosticada en 2000, pudo mantener un buen estado de salud gracias a los medicamentos antirretrovirales. Sin embargo, con la crisis en Venezuela y la escasez de medicinas, le resulta cada vez más difícil encontrar los medicamentos que necesita. No ha podido obtener su tratamiento completo desde agosto pasado.

Rodríguez fabrica sandalias artesanales en la localidad de Tocuyo. Debido a la escasez de alimentos, los precios han aumentado tanto que ya no puede alimentarse, ni dar de comer a sus hijos, adecuadamente. Ha perdido casi 14 kilos, según me dijo por teléfono, y ahora, con una altura de 1,67 metros, pesa apenas 40 kilos.

La hija de Rodríguez, que tiene 21 años, se mudó recientemente a Colombia y le envía dinero para comprar comida, pero no gana lo suficiente como para comprar medicamentos para su madre en el exterior. “Es una agonía lenta”, me dijo Rodríguez.

ONUSIDA, el organismo de la ONU que combate el Sida y el VIH, calcula que entre 110.000 y 130.000 venezolanos vivían con VIH en 2016, pero organizaciones locales estiman que la cifra real es mucho mayor. Cerca de 77.000 venezolanos están inscriptos en el Programa Nacional de Sida del Ministerio de Salud venezolano para recibir tratamiento antirretroviral.

En el pasado, las personas con VIH recibían los medicamentos a través de instituciones públicas de salud. Actualmente, los faltantes son tan generalizados que las organizaciones locales creen que ninguna persona puede conseguir un tratamiento antirretroviral completo a través de las instituciones públicas en Venezuela. Según ONUSIDA, hay muy poca disponibilidad de insumos para exámenes y medidas de prevención del VIH, así como para el tratamiento de infecciones oportunistas. También es difícil conseguir preservativos.

La situación con relación a la malaria y la tuberculosis es igualmente sombría. La Organización Mundial de la Salud estima que en 2017 hubo en Venezuela más de 406.000 casos de malaria, lo cual supone un aumento del 69 por ciento respecto del año anterior, y la media anual más alta en casi tres décadas. The New York Timesinformó que la proporción de nuevos pacientes en dos clínicas de tratamiento de la tuberculosis que obtuvieron resultados positivos aumentó un 40 por ciento durante el último año.

Una encuesta realizada por médicos en hospitales de todo el país concluyó que el 88 por ciento de esas instituciones no cuentan con medicamentos esenciales y el 79 por ciento carecen de insumos médicos básicos, o solamente pueden brindarlos intermitentemente. Esta escasez hace que sea mucho más difícil tratar complicaciones derivadas del VIH, la malaria o la tuberculosis.

Algunos organismos de la ONU, incluidos ONUSIDA y Unicef, así como la Organización Panamericana de la Salud, han enviado medicamentos para tratar a pacientes con malaria, tuberculosis y VIH en Venezuela. No obstante, todos los pacientes y activistas a quienes entrevisté indicaron que la ayuda que llega al país está muy lejos de cubrir las necesidades de los pacientes. Diversas organizaciones locales han recibido donaciones privadas que contribuyen a mitigar la crisis pero que sólo alcanzan a una limitada porción de quienes necesitan ayuda.

El año pasado, la junta directiva del Fondo Mundial reconoció la crisis de salud en Venezuela y, específicamente, el rebrote de la malaria y que había escasez de insumos críticos para el VIH y la tuberculosis. No obstante, señaló que Venezuela seguía sin reunir los requisitos para recibir financiamiento del Fondo Mundial, pidió que se coordinara una respuesta regional y manifestó que apoyaría este tipo de iniciativas.

Ha llegado el momento de que se adopte una respuesta más contundente. La salud de decenas de miles de venezolanos que viven con VIH y TB se encuentra en grave riesgo. El aumento de la malaria está poniendo en peligro las vidas de muchas más personas, sobre todo niños y niñas. Si bien hace años Venezuela tal vez haya sido un país de ingresos medios, hoy está en una situación de emergencia que exige un enfoque flexible orientado a salvar vidas, incluyendo medidas que inviertan en fortalecer las respuestas comunitarias.

“Mientras tenga salud, lo demás va a llegar”, me dijo Rodríguez. Ella y muchas otras personas más necesitan ayuda para mantenerse saludables, y la junta directiva del Fondo Mundial tiene la posibilidad de hacer algo al respecto en su próxima reunión.

Por favor, no desaprovechen esta oportunidad que tienen delante.



Tamara Taraciuk Broner es investigadora sénior para las Américas de Human Rights Watch.

En inglés: https://www.caracaschronicles.com/2018/05/08/the-global-fund-should-move-boldly-to-help-venezuelans/

Investigadora senior de la División de las Américas de Human Rights Watch, con foco especial en Venezuela @tamarataraciuk