El autodenominado gobierno obrero, gobierna contra los obreros. Aumenta la miseria y agiganta la desigualdad social.

Una característica de la política económica de Maduro en los dos últimos años es adoptar medidas pensando en quienes tienen algunos ingresos en dólares, ya sea por remesas o por honorarios y salarios. Resolvió, en buena parte, la escasez de alimentos permitiendo que grandes y medianos comerciantes importaran todo tipo de productos de Colombia, Brasil, las islas del Caribe y de lugares lejanos como la India y China. Eso sí, a precios inalcanzables para las familias de escasos recursos.

Al 1 de junio de 2020, el salario mínimo de un trabajador más el bono compensatorio equivalía a 4,03 dólares. Es decir, un ingreso diario de 0.13 dólares. El Banco Mundial ha establecido que una persona se encuentra en situación de pobreza extrema cuando su ingreso diario es menor a 1.9 dólares. No hay duda, la política salarial de la dictadura es garantizar que los millones de trabajadores y trabajadoras vivan en pobreza extrema.

Aumento de la gasolina, aumento de la desigualdad

En este contexto Maduro anuncia el aumento de la gasolina. Pasó de costar 0,00001 Bs. el litro, a 5.000 bolívares por litro. Un aumento de 50.000.000.000%. Un aumento descomunal. No hay duda, la gasolina se venía vendiendo a un precio que generaba muchas distorsiones; entre ellas, la enorme corrupción por contrabando. Al aumentar el precio y además anunciar se cobraría en muchos lugares en dólares, comparó lo que costaría llenar un tanque de gasolina con el costo de una galleta y de un refresco. Quiso dejar en el imaginario de la población que llenar un tanque era tan barato como comprar una galleta. No hizo la comparación entre el gasto en gasolina con el miserable salario de un trabajador, ni decir que esa galleta cuesta el 40% del salario mínimo.

Mientras que un trabajador ecuatoriano con su salario mínimo de 400 dólares puede llenar 12 veces el tanque de gasolina de su carro, un trabajador venezolano con su salario mínimo más el bono de 4,03 dólares,  y dejando de comer, solo lo pudiera llenar dos veces. Esa es la realidad.

Muchas personas celebran el aumento de la gasolina, visto desde la perspectiva de quien tiene ingreso en dólares o gana cientos de salarios mínimos. Para algunos, el aumento es percibido como una miseria e incluso abogan por que sea mayor. Pero en un país con millones sometidos a extrema pobreza, las políticas públicas no pueden diseñarse a partir del bienestar de las minorías. Hacer eso es profundizar la miseria, ampliar la desigualdad y, por lo tanto, condenable

Debió el gobierno de facto elevar la capacidad real de compra de los millones de trabajadores y adoptar medidas que favorezcan a familias muy pobres, esto antes de realizar un aumento descomunal. Lo correcto hubiese sido incorporar esa medida dentro de un conjunto de políticas y acciones en el campo económico y social que elevaran la capacidad económica de quienes menos tienen, implementar en un esquema progresivo de mediano y largo plazo, y no un aumento brusco que deja los salarios en los niveles miserables actuales.

Pero, para la dictadura, si las medidas aumentan el sufrimiento de los que menos tienen, poco les importa.

Igual ocurrió con los precios “concertados”, que en su totalidad tienen un precio de aproximadamente 40 dólares. Inalcanzable para los millones que perciben salario mínimo y mucho menos para cerca de cinco millones de personas pensionadas, cuya pensión equivale a dos dólares.

* Coordinador de Investigación, Monitoreo y Difusión de Provea