Rafael Venegas/ A Winston Cabas lo conozco desde los albores de los años 70 del siglo pasado. Éramos entonces estudiantes del Liceo Rafael Urdaneta, en el norte de Caracas, cuando, bajo el primer gobierno de Rafael Caldera, se reformó parcialmente el sistema educativo, se eliminaron las escuelas técnicas y los liceos se dividieron en ciclos básicos y diversificados. Formamos parte de una extraordinaria experiencia unitaria de fuerzas de izquierda, amplia y horizontal, que se enfrentó a Acción Democrática y COPEI y a sus gobiernos en el movimiento estudiantil de Educación Media, en defensa de los derechos y reivindicaciones educativos y populares. Fuimos parte del proceso de reorganización de dicho movimiento en la ciudad de Caracas, luego de que este fuera desarticulado y los Centros de Estudiantes, así como las Federaciones de Centros Universitarios, desaparecidos.

Libramos juntos muchas luchas reivindicativas y políticas y de aquella experiencia puedo invocar dos grandes logros: en primer lugar, dimos una importante contribución al renacer de un movimiento estudiantil que intentaba ser continuidad de sus viejas glorias y tradiciones históricas. En efecto, hacia 1974, cuando nos graduamos de bachilleres, dejamos una extendida red de organizaciones estudiantiles en los liceos de Caracas y en las universidades avanzaba el proceso de reconstrucción de los Centros de Estudiantes y Federaciones de Centros Universitarios. El segundo, pero no menos importante, es que de allí quedó una fraternal e imperecedera amistad entre todos aquellos muchachos y muchachas que entonces éramos.

Winston siguió sus estudios en la Universidad de Los Andes (ULA), donde llegó a ser por dos períodos presidente de la FCU, y yo, después de una corta pasantía universitaria, abandoné los estudios para entregarme a tiempo completo a la militancia revolucionaria. Se hizo ingeniero electricista, profesional talentoso y gremialista por antonomasia. Y desde hace años viene anunciando y denunciando el colapso del sistema eléctrico nacional y el riesgo recurrente de apagones a gran escala. Pero Winston no es brujo, no es clarividente, no es mago ni pitoniso ni adivino ni profeta del desastre. Tampoco es un terrorista que busca desestabilizar al gobierno saboteando el servicio eléctrico. Es, sí, un profesional competente, un especialista experto en su campo, un gran conocedor del sistema eléctrico nacional y un ciudadano comprometido con los mejores intereses del país. Desde la presidencia de la Asociación Venezolana de Ingeniería Eléctrica, Mecánica y carreras afines, adscrita al CIV, ha acompañado sus denuncias y advertencias con un conjunto de proposiciones de medidas concretas orientadas a enfrentar y superar la honda crisis que afecta al sector.

Pero, como el más estúpido de los antiguos reyes durante la guerra, que creía que matando al mensajero se eliminaban las malas noticias venidas de los frentes de batallas; o, peor aún, como el más cínico y astuto de los ladrones, que después de robar la cartera y señalando hacia adelante grita: ¡El ladrón! ¡El ladrón! ¡El ladrón! Así, los responsables del desastre que es hoy el sistema eléctrico, los trúhanes que se robaron más de 6 mil millones de dólares comprando chatarra y empeorando la crisis del sector, hoy acusan al Ingeniero Winston Cabas de sabotear el sistema eléctrico nacional. En efecto, luego del apagón del 22 de julio se desató la persecución contra él: se le allanó su casa y la de sus familiares, se secuestró a su hijo Arnaldo en calidad de rehén y se le sometió a maltratos físicos y verbales para obligarlo a que se entregara a la policía.

Hoy, afortunadamente, Winston y su familia están a resguardo allende las fronteras. Su país de origen, Colombia, le ha dado refugio frente a la persecución. Desde allá sigue levantando su voz para denunciar el colapso del servicio y ha renovado su compromiso de contribuir a desarrollar un plan de alta factura profesional y técnica, de hondo contenido ético y patriótico y de gran aliento social, orientado a superar la grave crisis del sector eléctrico. Vaya, pues, para mi fraternal amigo y compañero mi palabra de solidaridad y aliento, me reconocimiento y gratitud, en la hora aciaga en que los estertores de un régimen cruel y desalmado ha extendido sus tentáculos represores sobre él y su familia, junto a la confianza y la esperanza de que a la densa sombra de la noche le sigue siempre la aurora de un esplendoroso amanecer.

Rafael Venegas es Licenciado en Letras, profesor de la Universidad Central de Venezuela y activista político.