Zair Mundaray | Para quienes, como yo hemos pasado la vida académica evadiendo todo cálculo matemático, fue sorprendente, constatar la relación que tiene la política de exterminio implementada por el actual gobierno y las estadísticas aplicadas en la investigación de los delitos. De acuerdo con la información que acopiamos en el Ministerio Público, durante el año 2015 murieron a manos de organismos de seguridad del Estado 1.777 ciudadanos, durante el 2016 esa cifra aumentó a 4.667 y de enero hasta junio de 2017, ya 1.848 personas habían caído a manos de policías y militares. Tal como lo sostuvo la Fiscal General de la República Dra. Luisa Ortega Díaz en la denuncia que interpuso ante la Corte Penal Internacional, esto demuestra la instrumentalización de una política de violencia institucional organizada desde la cúpula del gobierno.

Sin embargo, no es a esos números de por si alarmantes a los que me voy a referir, sino al análisis de una variable poco advertida por algunos investigadores desprevenidos, como lo es, el patrón de las heridas que sufrieron las víctimas. En la gran mayoría de los casos de fallecidos a manos de funcionarios que participaban en las Operaciones para la Liberación del Pueblo (OLP), los cadáveres presentaban una sola herida por proyectil único (pistola o fusil). La localización anatómica de estas lesiones fue generalmente en la parte superior del tórax con entrada y salida. Esta variable comenzó a llamar nuestra atención, y fue despejada, cuando a través de un video, los venezolanos pudimos ver como se producía la ejecución por parte de la policía, de dos personas en el Barrio San Vicente del Estado Aragua. Allí se observó que mientras dos funcionarios tomaban cada uno de un brazo a las víctimas para que el torso les quedara expuesto, otro le disparaba a una distancia prudente de forma directa a la parte superior del tórax, he ahí en parte la explicación del patrón.

En una refriega a tiros, siempre hay probabilidades de que un miembro de cualquiera de los bandos salga lesionado o muerto. La ventaja a favor de la policía estriba en el entrenamiento, equipos y cantidad de funcionarios. La ventaja de los delincuentes suele estar en el terreno en el que se producen los hechos, el cual generalmente es de su dominio. Nada de esto ocurrió durante las OLP, pues cientos de supuestos delincuentes (505) cayeron en estos “enfrentamientos” y según recuerdo sólo en uno o dos casos hubo lesionados o muertos del lado de las fuerzas policiales. ¿Exceso de efectividad?  ¿falta de pericia de los delincuentes? o ¿no hubo tales enfrentamientos? otro misterio de las matemáticas.

Los años en investigaciones de este tipo de sucesos, te permite captar pequeños detalles que ayudan a determinar la verdad de un hecho; develar estos detalles no es propicio, pero si puedo decir, que quien participa en un enfrentamiento armado, intenta ocultarse para no ser impactado por el fuego enemigo, y a su vez, trata de ubicarse de la mejor forma, para apuntar y disparar de forma efectiva al contrincante. Esto genera que la gran mayoría de las heridas, obedezcan a esa dinámica, de ahí que hay heridas rasantes, en sedal, heridas en extremidades que quedan expuestas, en región cefálica y torso por los costados, entre otras variables. Es decir, es mínima la probabilidad de que, en la mayoría de los casos, las heridas sean similares, pues ni la movilidad ni los lugares de estos sucesos son iguales. Las matemáticas en este caso no mienten, tal como develó la realidad de la masacre de El Junquito, en la que todas las víctimas sufrieron disparos mortales en la región cefálica (cabeza), pero eso es motivo de otro artículo.

Abogado, Director de Actuación Procesal del Ministerio Público venezolano |@MundarayZair