Jairo García Méndez | En todo ser humano se resume la historia entera de la humanidad. Por eso defender la dignidad humana y los derechos humanos en un solo ser, en una sola persona, en la más humilde o en el de mayor incidencia, es defender la civilización humana, la gran conquista de occidente y su aporte al mundo como cultura. He ahí la grandeza de quienes tienen por oficio defender los derechos humanos.

Siento lo que dije anteriormente al culminar la lectura de Con tres heridas llegó, un texto vibrante y hermoso escrito por Marisela Gonzalo Febres y publicado por Provea en el libro Que el silencio no los alcance (páginas 150-244),  en el año 2019.

Con tres heridas llegó”, es un verso impresionante del poeta Miguel Hernández, en un poema que le sirve a Marisela para narrar la historia de una vida, de un ser humano, Víctor Martínez,  y la de su hijo, Mijaíl, víctimas del abuso de poder, del poder criminal del Estado, del poder del Estado en manos de seres degradados, que han generado la tragedia que padecemos, pero que también han producido la respuesta sorprendente de lo más hermoso que habita al venezolano, manifestado en acciones que nos deslumbran a quienes sentimos el devenir de nuestro país, con la sensibilidad abierta.

Marisela cuenta la vida de Víctor con profunda sensibilidad y respeto. Cada vez que puede le da la palabra para sea él quien relate su devenir humano, desde los recuerdos de la niñez, con sus carencias afectivas y materiales, hasta sus opiniones políticas, y su experiencia como líder involucrado en la conspiración que llevó al poder a Chávez y sus ideas fundacionales y redentoras, que resultaron luego catastróficas.

Escucha uno a Víctor reflexionar sobre la historia política de los últimos veinte años del país, sus miserias, sus sueños, contados desde un sector del liderazgo chavista, en sus tiempos, sin muchas luces teóricas y de cámaras de televisión, pero con una honestidad vital imprescindible a la hora de comprender lo que nos pasó y nos sigue pasando en este país nuestro.

Marisela le vuelve a dar la voz a Víctor para que cuente cómo evolucionó su pensamiento político. No volvería a “Entregarme en cuerpo, alma y vida a una causa política”, para agregar cómo lo haría: “Lo haría de manera ponderada, analizada e incluso compartida”. Y luego manifiesta que descubrió su verdadera vocación: “Creo que esencialmente soy un luchador social y en consecuencia, la solidaridad que forma parte de mi manera de ser con los demás será siempre mi compañera en el activismo social y la defensa de los Derechos Humanos” (p. 223).

Lee uno cómo Víctor vivió sus primeros años, la ausencia del padre, una madre abnegada y bella, que se enfrenta a la pobreza con mucha dignidad. Víctor trabajó de limpiabotas y vendedor de periódicos, recorre las calles del centro y oeste de Barquisimeto, para ayudar a su madre. Una y otra vez incurre en hechos que lo llevan al “retén” de menores; se escapa, sigue trabajando y cometiendo “tremenduras”. Cuenta la historia de una Venezuela muy silenciada en tiempos de fulgor democrático y riqueza súbita.

Víctor conoció a Chávez y apoyó su causa con  todo lo que tenía. Se dio cuenta temprano del autoritarismo y narcisismo del personaje. Y se topó con los abusos de poder que el sentimiento de justicia que lo ha acompañado toda la vida, le impedía quedarse callado, aceptar sin chistar. Decidió combatir los abusos policiales que ocasionaron la muerte y el terror en los sectores populares de Barquisimeto en la primera década de la “revolución bonita”, y el poder le dio la espalda, lo convirtió en enemigo político, matan a su hijo Mijaíl, un proyecto de vida sensible y de largo aliento. Descubre los indicios de que todo  fue una venganza y la intención de amedrentarlo y quebrarlo. El sentimiento de justicia se hace acción. Sufre, investiga, exige justicia, se solidariza con las víctimas de las políticas de exterminio, y en el camino sufre un cáncer que enfrenta con decisión, con valentía, que le hace descubrir las miserias de la salud en Venezuela, y se convierte en un valiente denunciante de la situación de él y de todos los enfermos crónicos del país.

Víctor representa la historia de un gran sector del país. Con su vida acusa, sufre, pero inspira y se levanta una y otra vez.

Es un testimonio de gran utilidad para seguir el camino de la comprensión de la historia social y fenomenológica del poder político en Venezuela, que tímidamente se ha despertado en estudiosos de nuestro caso. Es un texto que merece ser leído, tal vez corregir algún afán de precisión jurídica innecesario en este testimonio poderoso, que no oculta la miseria humana, pero que va de la mano de la belleza y la poesía.

Nota: Una primera versión de este comentario lo escribí en diciembre de 2019, a raíz de la presentación del libro en el Colegio de Médicos de Barquisimeto, en el cual Víctor estaba exultante y feliz, agradecido con la vida, con Provea y la Red de Derechos Humanos del Estado Lara, coalición de Derechos Humanos de la cual fue promotor, integrante y militante hasta su fallecimiento, este 01 de junio de 2020. Me agradeció mucho este artículo que ahora publico en su memoria. Hasta su último suspiro, padeciendo los rigores de la enfermedad sin asistencia médica adecuada, denunció la violación del derecho a la salud y a la vida por parte del Estado. Paz a sus restos.

JGM

@jjgmendez

Consejero del Consejo Consultivo de la Ciudad de Barquisimeto | Proyecto Roscio | @jjgmendez