Oly Millán | Continuando con la visión de que la actual crisis venezolana está en un estancamiento en lo político y consecuentemente el drama social complejo, lamentablemente, continúa  su curso en la destrucción de las condiciones de vida digna de la población, estamos viendo con cierta “normalidad” un sistema económico en la sombra que se ha ido imponiendo reflejo esencial de la profundidad de la crisis económica y la inexistencia del Estado o mejor dicho el Estado actúa legitimando la dinámica que por fuerza va dominando a la economía nacional, donde el dejar hacer y el dejar pasar ( Laissez faire et laissez passer) son las únicas reglas que se han ido imponiendo en el juego del sistema económico venezolano.  

En este sentido, después del colapso del sistema eléctrico nacional, evento ocurrido el pasado mes de marzo del presente año, hemos venido observando como un hecho normal el uso de divisas para las transacciones corrientes de compra y venta de bienes y servicios. Ahora se observa con mucha naturalidad en grandes cadenas de supermercados el etiquetado  de los precios de los productos en dólares americanos, pero ello no solo ocurre en los comercios formales también viene ocurriendo en el comercio informal; lo observamos en los buhoneros de los mercados populares, en los vendedores ambulantes que se suben al sistema metro de Caracas a comerciar sus productos. En fin, existe un proceso de facto de dolarización de la economía.

Esta situación es la evidencia del fracaso sistemático y continuado de la política económica del Gobierno de Nicolás Maduro, siendo un ejemplo concreto el Programa de Recuperación, Crecimiento y Prosperidad Económica que fue anunciado hace un poco más de un año, el cual tenía como uno de sus objetivos principales en materia de política cambiaria “derrotar el perverso cambio criminal impuesto por la guerra económica”  y donde lo que ha venido ocurriendo es todo lo contrario, las cotizaciones del dólar oficial  pareciera llevar un correlato con el comportamiento del denominado “criminal” dólar paralelo, según datos del BCV entre diciembre 2018 y el 17 de noviembre del presente año, el bolívar se ha devaluado en un 19.200 por ciento, cuando el 03 de diciembre 2018 la cotización del dólar se ubicaba en 151,64 bolívares por dólar y para el 17 de noviembre de este año cerró en un poco más de 29.000 bolívares por dólar.

Este comportamiento del tipo de cambio oficial nos refleja varios hechos de los cuales el gobierno públicamente no ha querido reconocer. Si partimos de la tesis de la “guerra económica” argumentada durante todos estos años para evadir responsabilidades y poca voluntad política para reconocer los errores en la gestión pública y buscar resolver autocríticamente los problemas de fondo que tiene la economía venezolana, es obvio que esa guerra la perdió el gobierno con sus consecuentes efectos negativos sobre el mermado poder adquisitivo que tiene actualmente la población venezolana. Ahora tenemos a un BCV devaluando el bolívar al mismo ritmo, y muchas veces por encima, de la cotización que reflejan las páginas del denominado “dólar criminal”.  Otro hecho importante es que por la vía de la dinámica económica concreta estamos asistiendo, y asumiendo como un hecho natural la muerte del bolívar como moneda de curso legal. 

Como la economía de mercado es un hecho concreto, y en esencia es un sistema del cual su funcionamiento depende de un conjunto de variables que se interrelacionan dialécticamente, cualquier decisión que en materia de política económica se tome tiene sus efectos negativos o positivos dependiendo del interés que represente. En aras de buscar desestimular los préstamos que se destinan a la especulación cambiaría y poder con ello lograr bajar el tipo de cambio, el pasado 21 de octubre el BCV emitió una Resolución, publicada en Gaceta Oficial número 41.742, donde se establece una especie de indexación de los créditos comerciales[1] a la tasa de cambio oficial, dicha decisión se incorpora a la estrategia que ha venido realizando el Ejecutivo Nacional sobre el sistema financiero bancario (ejemplo la decisión de incrementar el encaje legal) sin que ello, hasta los momentos, genere un efecto positivo en la búsqueda del objetivo de contener el comportamiento alcista del tipo de cambio, por el contrario esta última decisión lo que ha venido construyendo es el marco legal e institucional para normalizar la dolarización de la economía siendo la guinda que le faltaba a la torta, las últimas declaraciones de Nicolás Maduro al reconocer como un hecho “beneficioso” para la economía el proceso de dolarización que se ha ido imponiendo, ante un bolívar que perdió todo atributo como moneda de curso legal (reserva de valor, de cuenta y transaccional). Mientras esto ocurre, estamos viviendo la “normalización” de un sistema económico dual. Un país con dos economías: una que venía operando en la sombra a través de un sistema monetario dolarizado, y la otra que opera mediante el sistema monetario que tiene al devaluado bolívar para operaciones transaccionales de compra y venta, aunque determinado por el valor del dólar americano. Este sistema dual expresa también la construcción de un país sórdido, que está dando pie a dos tipos de venezolanos; los que tienen dólares y pueden mantener un ritmo de consumo alto o medianamente aceptable, y el que recibe bolívares que a duras penas puede consumir lo elemental, hundido en un círculo vicioso de mayor precarización.

[1] Según datos de la SUDEBAN  los créditos comerciales durante el 2018 y lo que va del 2019 representan en promedio más del 60% del total de la cartera crediticia del sistema financiero venezolano

Economista (UCV) y exministra del Ministerio para la Economía Popular (2006). Integrante de la Plataforma Ciudadana en Defensa de la CRBV y de la Plataforma Contra el Desfalco a la Nación | @angelicamcampos