Oly Millán |​ Durante los días 18 y 19 del presente mes, ocurrió un evento muy importante para Latinoamérica  y quizás para el mundo, porque estamos hablando del pulmón vegetal del planeta, como lo fue la Asamblea  Mundial por la Amazonía,  la cual logró, de forma virtual, reunir a un número importantes de activistas sociales, líderes indígenas, intelectuales y hasta representantes  de la iglesia católica, con un mismo objetivo: construir un dialogo mundial para evitar que se siga muriendo la selva. 

En dicho evento se denunció que además del COVID-19 existe una pandemia mayor que desde hace muchos años atrás viene destruyendo a la Amazonía en general. Es el modelo extractivista  que está acabando con el territorio que comprende 7 millones de kilómetros cuadrado de Sudamérica y que agrupa a 9 países dentro de los cuales se encuentra Venezuela.    

En este dialogo mundial, una vez más, se continuó denunciando la devastación ecológica y el etnocidio que está causando el denominado Arco Minero del Orinoco en vastas extensiones del territorio nacional, incluyendo a la  Amazonía venezolana.

Esta fiebre por el oro potenciada por la política del Arco Minero del Orinoco que viene promoviendo el gobierno nacional, se está complejizando por los efectos también terribles que sobre la población de esa región está causando el Covid 19, ante la mirada cómplice, indolente e incompetente de un gobierno que sistemáticamente vulnera el derecho a la vida, porque simplemente de ello obtiene, de forma muy opaca,  los recursos que no le está proporcionando la explotación petrolera.

Son 29 los pueblos indígenas que se ven amenazados en su existencia, tal como lo refiere el informe: Situación de la Amazonía venezolana en tiempos de pandemia, elaborado por diversas organizaciones venezolanas[1]  y  presentado en la referida Asamblea Mundial[2]

Una breve conclusión del informe refleja tres grandes problemáticas:                                               

  1. La precaria situación de salud pre-existente en la zona, ahora potenciada por el incremento de los contagios del COVID 19 reflejan una situación muy dramática y potencialmente destructiva en virtud de la poca información que manejan las comunidades indígenas sobre la pandemia, aunado a la casi inexistente atención de salud por parte del Estado y las limitadas condiciones alimentarias y de nutrición que tienen  los pueblos indígenas en el marco de esta profunda crisis que embarga, desde hace unos cuantos años, al pueblo venezolano.  

Según el informe, para el 12 de julio del presente año existían 971 casos de contagios por COVID 19, los cuales se encontraban distribuidos de la siguiente manera: 924 casos en el estado Bolívar, 33 en Amazonas y 14 en Delta Amacuro.   

  1. La afectación de los ecosistemas naturales de la región como producto de la crisis generalizada que desde hace unos cuantos años vive el país y que ha venido profundizado el desarrollo de la minería ilegal pre-existente en la zona, generándose una ampliación de la contaminación de suelos, aires y de las aguas por el uso del mercurio y de cianuro así como la desforestación indiscriminada, lo que viene conduciendo de forma muy acelerada a la perdida de la biodiversidad en ese pulmón vegetal del país.

 

  1. Los impactos negativos que en la Amazonía venezolana han sido potenciados por la política del Arco Minero del Orinoco, lo que en términos generales no solo ha contribuido al etnocidio y ecocidio que se ha causado durante estos últimos años, sino que como parte del negocio aurífero se ha venido consolidando el desarrollo de grupos criminales que operan en la zona, imponiendo una especie de  “paraestado” que tiene control sobre el territorio y que aplican sus propias reglas de juego al margen del respeto a los derechos humanos incluyendo lo fundamental como es el derecho a la vida.

Dentro de las propuestas para impedir que continúe la destrucción esta la exigencia al Estado venezolano para que asuma el control del territorio conjuntamente con los pueblos indígenas,  para no solo detener el avance del COVID 19, que está haciendo estragos en las poblaciones indígenas de la Amazonía en general,  sino también el ecocidio generalizado que viene ocurriendo en nuestro pulmón vegetal, potenciado por la política que en esencia está planteada en el Decreto 2248 del 24/02/16 que creo a la Zona  de Desarrollo Estratégico Nacional Arco Minero del Orinoco.

La Asamblea Mundial por la Amazonía no terminó. El evento del 18 y 19 de julio del presente año apenas fue el comienzo para seguir denunciando, articulando voluntades, visibilizando y sensibilizando para impedir que se nos pierda la Amazonía, para frenar la muerte del pulmón vegetal del planeta. El llamado es a:  AMAZONIZARNOS.

“La Amazonía un misterio que no podemos entender, pero que necesitamos como humanidad”.

Cardenal Pedro Barreto[3]

 

[1] Plataforma Ciudadana en Defensa de la Constitución, Plataforma Contra el Arco Minero, Fundación Cerlas, Observatorio de Ecología Política, entre otras organizaciones.

[2] https://www.ohchr.org/EN/HRBodies/HRC/RegularSessions/Session44/Documents/A_HRC_44_54_UnofficialSpanishTranslation.pdf

[3] Expresión que utilizó en su intervención en la  Asamblea Mundial por la Amazonía.

Economista (UCV) y exministra del Ministerio para la Economía Popular (2006). Integrante de la Plataforma Ciudadana en Defensa de la CRBV y de la Plataforma Contra el Desfalco a la Nación | @angelicamcampos