Marino Alvarado Vivimos tiempos de creciente autoritarismo. La dictadura afianza sus controles y la represión. Ello en un contexto de profundización de la crisis económica y social. Así las privaciones de todo tipo en millones de hogares son crecientes. Maduro y su cúpula civil- militar hemos venido insistiendo solo son garantía de más miseria y de mayores restricciones al disfrute de los derechos. Lo único seguro es más sufrimiento.

Mientras la crisis humanitaria compleja avanza mostrándose de manera descarnada en múltiples facetas de la vida cotidiana en la sociedad venezolana se hace indispensable resistir a las pretensiones del gobierno de querer controlar cada espacio y actividad de la población. De imponer además el sálvese quien pueda y solo te salvas si dependes de mí. Hoy son millones de personas atravesando por situaciones muy difíciles. La emigración forzada atomiza cada vez más a miles de familias generando en muchos casos graves consecuencias sociales como niños y niñas que quedaron a cargo de familiares o amigos porque los padres salieron a buscar un mejor futuro. En esta navidad serán miles las familias que físicamente no podrán celebrar unidas y en algunos casos ni siquiera podrán comunicarse. Serán navidades tristes.

En estos tiempos debemos, quienes nos mantenemos en el país, aflorar lo mejor de nosotros entre ello la comprensión, tolerancia y solidaridad. La situación  económica y social, la incertidumbre y angustia producen con frecuencia dificultades en las relaciones interpersonales. Por ello es muy valioso que la tolerancia y comprensión estén siempre presentes. Se requiere la unión de voluntades para sortear la difícil situación. Las tensiones y conflictos dificultan dar respuesta a las exigencias que impone la realidad.

La solidaridad es hoy fundamental. Es un acto de resistencia contra quienes quieren imponer el sálvese quien pueda. Contra quienes se empeñan en utilizar las enormes dificultades por las que atraviesan hombres y mujeres para reforzar mecanismos de sometimiento y cercenar aún más las opciones personales.

Es agradable conocer cómo se han venido multiplicando las iniciativas y acciones solidarias para ayudar a familias de muy escasos recursos, a quienes requieren de medicamentos, a las personas adultas mayores que quedan solas porque sus hijos se fueron, a los niños y niñas sin posibilidad que sus padres les garanticen los útiles escolares, a niños y niñas en situación de desnutrición. A lo largo y ancho de nuestra geografía van desarrollándose actividades promovidas por organizaciones o por particulares. Actos a veces muy sencillos de solidaridad pero muy valiosos. Cada apoyo cuenta. Extender la mano a quien lo necesita produce resultados que muchas veces no vemos en el momento, pero alivian el sufrimiento de muchos.

El próximo año se perfila muy difícil y complejo. Reforcemos la solidaridad como uno de nuestros valores permanentes. Aupemos igualmente la acción colectiva. Unidos y solidarios seremos capaces de afrontar en mejores condiciones los duros tiempos que vienen con la esperanza y optimismo que podremos lograr que la situación del país cambie en positivo. No es momento para el desánimo, sino para cultivar esperanza y optimismo en que podremos lograr tiempos mejores.