Luisa Pernalete | Niños sin vacunas, niños sin desayuno, niños sin maestras, sin creyones, sin sus padres a su lado… y de paso, a veces, muchas veces, niños y niñas sin sonrisas ni abrazos porque muchos adultos podemos estar pagando nuestras rabias, nuestras angustias con ellos, que no tienen culpa alguna.

Más que insistir en esta ocasión sobre esa infancia en orfandad, muy bien descrita por la REDHNNA este 25 de abril, quisiera hacer unas recomendaciones sobre qué podemos hacer para mitigar esa orfandad. Seguro que usted tiene un hijo, una nieta, unos sobrinos, unos alumnos, unos ahijados, unos vecinitos; seguro que usted ve niños y niñas cuando va en el autobús, o en la cola del supermercado. Todos tenemos NNA – no olvidemos a los adolescentes – a nuestro lado a quienes podemos ayudar a reducir su orfandad.

Lo primero es reconocer que la situación es grave, nunca habíamos vivido esta suma de problemas. Hay autoridades que se niegan a decir las cosas por su nombre, pero no les hablo a ellas, le hablo a usted. ¡Esto nunca lo habíamos vivido! Si lo hace consciente, podrá enfrentarlo mejor. No se trata de pasarnos el día quejándonos, sino de reconocer a situación y recordar que los niños no son los responsables.

Lo segundo entonces es relajarnos y ayudar a relajarse a ellos. Relajarnos, calmarnos, respirar profundo, escuchar música suave… Alterados no haremos más que agravar el estado de ánimo de ellos. Baile un rato así sea en solitario. Contar hasta 10 o hasta 20, sigue siendo algo gratis, útil y fácil. Y crea, funciona, claro si usted ya ha reconocido que las cosas están mal, muy mal y que, lo repito, los chamos no tienen por qué pagar los platos rotos. Sume a este paso, reír, o al menos sonreír. Si usted les sonríe, ellos terminarán sonriendo también. Eche un chiste de vez en cuando. Esto es banalizar el tema, es darse fuerza y dar fuerza a ellos.

Lo tercero, una vez calmados, es recordarles que les queremos. Afortunadamente, decir “Te quiero mucho” ya es algo que madres, padres y maestros ya no nos da pena decirlo y se sabe lo importante que es, pero hoy es mucho más importante que se lo recordemos. Al igual que darles la bendición, esa costumbre venezolana tan bonita. “Dios te bendiga y te acompañe”, expresar esos buenos deseos es hermoso e importante. Por cierto una maestra que se fue a  República Dominicana me comentaba que le llamó la atención que allá no se da la bendición. Eso es parte de nuestra cultura.

Lo cuarto, es reflexionar con ellos de lo que les va pasando. No es darle una charla sobre la hiperinflación, pero si preguntarles cómo se están sintiendo; estar atentos a sus cambios de ánimo… Al llegar a clase, si es que pueden llegar, preguntar cómo se sienten, que cosa bonita les pasó el fin de semana o que cosa no les gustó. Igual al llegar a la casa, ¿Cómo les fue en el colegio? Cambia esa pregunta de ¿Todo bien? Responder sobre “el todo” es más complicado, en cambio preguntar qué les alegró  o qué  les puso tristes o les dio rabia, es más fácil, y de paso, comprenderán que la vida es como  como las cebras: con colores distintos. Si una compañerita se fue a otra parte o si el papá se fue a otro país… o si no hay plata para caramelos – 5000 bs puede costar un caramelo hoy – explicar porque no podemos comprar chucherías como antes.

No olvide la r de reclamar, si, reclamar a las  autoridades sus obligaciones. No tiene usted que liderizar los reclamos, puede unirse a otras iniciativas. Como es el caso ese comunicado de Prepara Familia a favor de las madres de pacientes del JM de Los Ríos, tuvo 117 adhesiones. Eso también ayuda y anima.

Educadora, promotora de la convivencia pacífica y la defensa de los DDHH
@luisaconpaz