José Gregorio Alfonso/ En Venezuela y fuera de ella, pocos discuten la historia de la calidad de las Universidades Autónomas y la de sus egresados, sin embargo, las sistemáticas agresiones que estas han recibido de parte de la dictadura de Nicolás Maduro prenden las alarmas, en relación con la posibilidad de que su excelencia pueda sostenerse en el tiempo.

Los principales factores que asfixian actualmente a las Universidades Autónomas y comprometen su calidad podrían resumirse en: Precarización de las condiciones laborales de los trabajadores universitarios, cerco jurídico y presupuestario, además, en los últimos años el crecimiento exponencial de la inseguridad en los campus universitarios.

El presente artículo es una primera entrega de una serie de análisis sobre los factores que estimulados por la dictadura atentan contra la calidad de las universidades. En esta oportunidad, nos centraremos en la política de precarización de las condiciones laborales de los trabajadores universitarios, no como un problema jurídico, que lo es, en tanto que en ella se violan todos los acuerdos colectivos de trabajo, tampoco como un problema humanitario, que también lo es, porque ningún profesor universitario puede vivir en condiciones dignas con sus remuneraciones, sino y esto es esencial, como un problema académico pues la formación de profesionales y creación del conocimiento en las universidades depende de sus docentes, es decir, su personal docente y de investigación.

En la actualidad las remuneraciones de los docentes universitarios en Venezuela, convierten en un imposible la labor de  captar talentos internacionales y nacionales para incorporarlos a su planta docente. Sus remuneraciones no compiten con las de otras universidades, fuera del país ni con otros sectores empleadores dentro de él.

El deterioro de sueldos de los docentes universitarios se registra como una política deliberada de la dictadura de Maduro, anterior al actual proceso hiperinflacionario o lo que el régimen denomina las sanciones. Es así como, en el mes de julio del año 2015, la dictadura condujo a que los dos primeros escalafones (Instructor y Asistente) del tabulador salarial de los docentes universitarios, estuvieran por debajo del salario mínimo nacional lo que se traduce, en que mientras la remuneración mínima vital era bsf. 7.421,00  los docentes ubicados en esos escalafones cobraban mensualmente bsf. 6.558,00 y  bsf. 7.381,00 respectivamente, es decir, el desprecio al docente universitario alcanzó límites sin precedentes.

Actualmente resulta imposible ver la incorporación de personal docente de otros países en nuestras universidades, pues las condiciones generales del país y la precariedad de las reivindicaciones docentes lo limitan. Atrás quedaron los tiempos, en los cuales nuestras universidades se hacían de grandes talentos que se quedaban en Venezuela, por un lado, porque se identificaban con el país y al mismo tiempo, la universidad les brindaba remuneraciones que les permitían vivir dignamente. Destacan la trayectoria de los profesores Hainz Sonntag, Demetrio Boesssner, Jorge Rivadeneyra, entre muchos otros que enaltecen la academia universitaria.

Para ilustrar aún más al lector, actualmente en el salario promedio en cinco importantes países de América Latina (México, Ecuador, Brasil y Colombia) para un profesor que inicia su carrera es USD 2077.5 mientras en julio de 2019 en Venezuela es USD 7.56. Para el que está en el último escalafón universitario en los países señalados, es USD 3930,8[1] mientras en nuestro país es USD 10.48.

Nuestras universidades ofrecen remuneraciones a sus profesores tan precarias, que se colocan por debajo de las que perciben oficios no profesionales en el sector privado de la economía. Mientras un docente universitario en el último escalafón de su carrera académica, percibe un sueldo de bs. 104.237,89, las agencias dedicadas a la tareas de las colocaciones y el empleo promueven cargos de “oficial de seguridad privado” con un sueldo mensual de bs. 150.000,00.

De tal manera que el futuro de las universidades y las posibilidades de sostenerse como instituciones de calidad, en las cuales su profesorado sea garantía de buenas prácticas en investigación, docencia y extensión está severamente comprometido, en tanto, institucionalmente no tienen herramientas para atraer a los nuevos profesionales al ejercicio de la profesión académica, es decir, no cuentan con medios para lograr generaciones de relevo que permitan su sostenibilidad. De continuar la política de precarización de las remuneraciones de los profesores universitarios, con mucha dificultad, privará el modelo de la universidad solo con funciones docentes, así como, el cierre de muchas titulaciones y centros académicos.

Ahora bien las dificultades derivadas de la precariedad de las remuneraciones del personal docente y de investigación no solo giran en torno a la imposibilidad de hacerse con una generación de relevo de este personal y en general, para la captación de talentos. Estos obstáculos alcanzan el hecho de encontrarse ante la imposibilidad real de lograr que los actuales profesores, de las instituciones de educación superior no renuncien[2] y los que se queden encuentren estímulo para desarrollar en ellas su carrera académica, es decir, producir investigación para ascender en el escalafón universitario.

Para la fecha el ascenso de un profesor universitario a dedicación exclusiva en Venezuela, de su primer escalafón al último, demanda  15 años de docencia, 4 trabajos de ascensos previos, cuya concreción son productos de investigación presentados ante un jurado evaluador. La diferencia de tal esfuerzo y trayectoria, en términos de remuneración, entre el profesor que recién inicia su carrera con quien ha cumplido con los requisitos señalados, es a penas Bs. 29.022,51 o USD 2,92, es decir, no existe estímulo adecuado al crecimiento profesional del docente, distinto a su vocación.

Siendo este el panorama de las remuneraciones, es lógico preguntarse: ¿por qué aún permanecen algunos profesores universitarios, en sus universidades y cómo? Apriorísticamente y con base en la experiencia ubico dos factores principales:

  1. La convicción de que en Venezuela se presentarán cambios y se aferran a proteger su carrera académica.
  2. El ambiente de libertad y universalidad del conocimiento, que ofrecen las universidades, una condición que convierte a la profesión académica en un proyecto de vida que supera su condición de empleo y fortalece en el profesorado una sólida identificación con la universidad como institución.

El cómo, es un asunto que supone una investigación exhaustiva, porque deben ser muy variadas las formas que instrumenta el docente para concretar su sostenibilidad en condiciones mínimas para la vida. Las dos predominantes son, en primer lugar, el pluriempleo y en segundo lugar, la solidaridad vía remesas. En la primera modalidad el profesor en menoscabo de su salud física y mental se compromete con varias actividades laborales más allá de la universidad para alcanzar, al menos, la posibilidad de alimentarse él y su familia. En la segunda, recurre a la enorme diáspora de familiares y colegas para conseguir solidaridad, siendo los casos más notorios los orientados a financiar gastos de medicinas y de salud. Ambas modalidades existen y muestran al docente universitario viviendo en condiciones poco dignas, contrarias a lo que procuran los derechos humanos y reiteramos, tal vez una investigación en esta dirección podría mostrar hasta un descenso en su esperanza de vida y el aceleramiento en la aparición de enfermedades.

¿Qué hacer?

No escatimar esfuerzos en dejar testimonio de la crisis que viven las universidades y los universitarios, se trata de aportar al aprendizaje que cómo sociedad debemos procurar para luego de alcanzar un cambio político que permita superar la actual crisis, orientar la gestión de las universidades  hacia el camino correcto.

Movilizar a las universidades para detener las actuales políticas antiuniversitarias, si esto no ocurre, el régimen se orienta a profundizarlas.

Proponer ante un eventual cambio político dos ideas esenciales: a) internacionalizar las remuneraciones del profesorado universitario, esto es que se orienten bajo el parámetro de las más importantes universidades de América Latina para garantizar el relevo y promover la vuelta del talento que ha emigrado  y b)  heterologar los salarios, favoreciendo significativamente las remuneraciones a los que tengan más alto escalafón, es decir, estimular la investigación y producción académica.

 

[1] Cálculos propios derivados del trabajo presentado ante el Consejo Universitario de la Universidad Central de Venezuela por: García Humberto, Guerra José, Lara Nelson, Levy Sary, Vera Leonardo (2014) Propuesta de Tabla de Sueldos a ser aprobada por el Gobierno Nacional, Caracas, Venezuela. Trabajo sin publicación.

[2] Existen diversos reportajes periodísticos muy bien documentados que muestran la dimensión de la diáspora de docentes de las Universidades Venezolanas, en el caso particular de la Universidad Central de Venezuela también pueden ver algo al respecto en Afonso, José. El Desprecio a la Pluralidad: Agresiones a la Universidad Venezolana en el Siglo XXI. Disponible en: https://www.derechos.org.ve/ y en Afonso, José. Reflexiones sobre el Impacto Académico de la Precarización de las Condiciones Laborales del Personal Docente y de Investigación de la Universidad Central de Venezuela. Disponible en: http://saber.ucv.ve/

José Gregorio Alfonso. Profesor de la Universidad Central de Venezuela

Foto: Venezuelatuya.com