Marino Alvarado |El autodenominado gobierno obrero ha sido una pesadilla para los trabajadores y trabajadoras en Venezuela. Además de hostigar, perseguir y encarcelar dirigentes sindicales, pulverizó las principales conquistas del movimiento obrero.

El salario suficiente para el trabajador y su familia quedó reducido a la nada. El más bajo de todo el Continente y quizás del mundo. Lo que hoy obtiene por salario más los complementos, no le da para la canasta alimentaria de dos días. Mucho menos para las necesidades de calzado, vestido, salud y educación.

La híper inflación consecuencia de la ineficiencia e indolencia de Maduro y su cúpula que le apoya en la destrucción del país, produce más hambre y miseria en los hogares de las familias pobres.

Las convenciones colectivas que entre otros aspectos servían a muchos trabajadores para mejorar el salario oficial, prácticamente las eliminó. No solo no se discuten sino que los beneficios socio económicos quedaron pulverizados. Hace poco denunciaba una trabajadora por los medios de comunicación que el beneficio de útiles escolares era de 20.000 bolívares, es decir, ni para comprar el borrador más pequeño.

Además el gobierno impone miles de obstáculos para poder discutir las convenciones y las relacionadas con el sector público o no las discute y si las aprueba incumple las clausulas fundamentales.

Las cajas de ahorro, un beneficio que permitía a los y las trabajadoras obtener créditos para viviendas, vehículos, comprar muebles o gestionar un plan vacacional familiar, quedaron inutilizadas porque sus ahorros quedaron liquidados por la inflación y lo poco que pueden ofrecer no permite resolver ninguna necesidad básica.

Las prestaciones sociales las destruyó. Llegaron quienes hoy gobiernan de facto con el discurso que había que rescatar las prestaciones. Modificaron la Ley Orgánica del Trabajo para tal fin y una década después demolieron ese importante beneficio, hasta el punto que hoy los trabajadores se reirán y no se molestan ni siquiera en reclamar sus prestaciones sociales porque saben que de nada sirve. Trabajadores con más de 25 años de servicio le calculan prestaciones que no pasan de 10 dólares.

Un porcentaje importante de los juicios que se desarrollaban en los tribunales laborales era por el reclamo de prestaciones. Hoy los tribunales están desolados porque los trabajadores saben que no tiene sentido entablar demandas por prestaciones cuando el monto a lograr no le da ni para un almuerzo después de años de litigio.

Situación similar se vive en las inspectorías del trabajo. Ya casi no trabajan porque poco acuden los trabajadores a esas instancias que históricamente han sido muy burocráticas y con enorme retardo para dar respuestas.

Abogado y activista de Derechos Humanos
@marinoalvarado