Marino Alvarado | Acostumbrado a gobernar de manera autoritaria y sordo ante los reclamos sociales, el presidente de Nicaragua Daniel Ortega sufrió esta semana una estruendosa derrota. El pueblo en las calles lo obligó a revocar una medida que afectaba a los jubilados actuales y futuros. No pensó que aplicar una medida que le sugirió el Fondo Monetario Internacional tuviera tan rotundo rechazo.

Durante meses las organizaciones sociales criticaron que dicha reforma a la seguridad social se adelantara. Su forma autoritaria de gobernar le impidió escuchar y razonar. Prefirió seguir adelante a costa de los derechos de la población adulta mayor.

Impuesta la medida el pueblo se rebeló. Ante la protesta social de nuevo recurrió al autoritarismo. Contra el pueblo lanzó a la policía y al ejército. Les ordenó reprimir sin contemplación y el resultado fue la muerte al menos 27 personas en el marco de las protestas.

Como en tiempos del dictador Anastasio Somoza derrocado por el sandinismo, esta vez el gobierno autodenominado sandinista masacró al pueblo. Las calles fueron bañadas de sangre de jóvenes y adultos que tan solo defendían sus derechos. Así, el gobierno sandinista demostró hasta donde es capaz de llegar cuando los sectores populares se deciden enfrentar sus políticas que desmejoran la calidad de vida

En Nicaragua quedó demostrado, que pese a las balas y los muertos el pueblo puede derrotar gobiernos autoritarios

La represión de Ortega se asemeja a la realizada por Maduro contra la Rebelión Popular de Abril Julio de 2017. Empleo excesivo de la fuerza; uso de armas de fuego contra manifestantes; agresiones contra periodistas y obstáculos para el ejercicio del derecho a la libre expresión; presencia de civiles armados actuando en coordinación con agentes de seguridad para reprimir las protestas; y la constante criminalización y estigmatización contra los manifestantes, que constituyen un aliento para la comisión de abusos y erosionan las garantías para el ejercicio del derecho a la manifestación pacífica.

En América Latina los gobiernos, incluyendo aquellos que llegaron al poder cuestionando la represión y afirmando que no actuarían igual que los gobiernos que les antecedieron, actúan frente a la protesta social de manera no democrática. En lugar de escuchar la voz del pueblo, lo reprimen. No solo son las masacres realizadas por Ortega y Maduro con un año de diferencia, sino que hemos visto también como en Honduras, Guatemala, Chile y Argentina, para nombrar solo cuatro gobiernos, se ha recurrido recientemente a la represión violando el derecho a la manifestación pacífica.

Pese a los autoritarismos, pese a la represión llevada a sus máximas expresiones, ha quedado demostrado que el pueblo está dispuesto a desafiar a las fuerzas policiales y militares. En Nicaragua quedó demostrado, que pese a las balas y los muertos el pueblo puede derrotar gobiernos autoritarios. La protesta popular victoriosa en Nicaragua es un ejemplo también de como la solidaridad potencia las luchas. El movimiento estudiantil nicaragüense asumió como suya una lucha que en principio emprendieron los adultos mayores. También se evidenció que una protesta puede llegar a convertirse en masiva a partir de una pequeña protesta pero que levanta justas banderas. En Nicaragua, una pequeña movilización en una universidad se extendió por todo el país. Ya lo vivimos en Venezuela en 2014. La experiencia indica lo importante de ser capaces de responder ante las injusticias contra otros asumiéndolas como nuestras. En Nicaragua, la rebeldía del pueblo triunfó, el autoritarismo de Daniel Ortega y su gobierno, fue derrotado.

Abogado y activista de Derechos Humanos
@marinoalvarado