Carlos Patiño | De Propatria a Petare, pasando por Catia, Chacao y Los Ruices; las comunidades de la capital venezolana sufren de continuos cortes programados, y en muchos casos arbitrarios, de agua. De Maracaibo a Valencia y de San Félix a Cumaná, el país entero padece el acceso a cuentagotas del vital líquido. La nación de los grandes ríos, de la caída de agua más alta del mundo, de monumentales represas y kilómetros de mar caribe; se equipara en servicios a cualquier pueblo árido y remoto del desierto africano.

Sin lugar a dudas, el agua es la esencia de la vida. El agua potable y el saneamiento son in­dispensables para la vida y la salud, y fundamentales para la dignidad de toda persona. Por lo tanto, es responsabilidad del Estado garantizar el acceso al agua potable de todos los ciudadanos, de manera continua y suficiente para satisfacer sus necesidades básicas.

“Esta situación es inaguantable”

Desde octubre del año 2015 hasta mediados de 2016, Venezuela padeció un período de intensa sequía como consecuencia del fenómeno climático El Niño, caracterizado por déficit de lluvias e incrementos de temperatura, que justificó la aplicación de “medidas de emergencia” causantes de severos racionamientos, con el argumento de la insuficiencia de los embalses que surten de agua y electricidad a gran parte del territorio nacional.

No obstante lo anterior, voceros del gobierno anunciaron que si bien la Central Hidroeléctrica Simón Bolívar, mejor conocida como embalse de Guri, descendió hasta sus mínimos históricos, dichas medidas obedecían a un problema “coyuntural” que se resolvería con la llegada del período de lluvias. Para julio de 2016, el Presidente Nicolás Maduro expresó: “El Guri se recupera de manera sostenida y significativa”; lo cual fue ratificado por el Ministro Jesse Chacón quién aseguró que habían “logrado desde octubre hasta esta fecha (noviembre 2016), que se mantengan estables los niveles de la presa”.

Sin embargo, culminado el período de lluvias y entrado el año 2017, los cortes del servicio de agua se mantienen a lo largo y ancho del país, sin explicación oficial alguna, afectando a los ciudadanos en general pero en particular a los más pobres que no disponen de tanques de almacenamiento de agua en sus viviendas. Según nota de prensa del portal web “Efecto Cocuyo”, de fecha 04/01/2017, apenas sonaron las doce campanadas recibieron denuncias de hogares que recibieron el año nuevo “secos”, como el caso de la Sra. Cristina de la urbanización Piñonal en Maracay, Estado Aragua:

“Pasé el 31 de diciembre sin agua. Llegó fue el domingo 1 de enero a las 2:00am. Me arruinó la celebración.”

O el caso de Frida, en el Estado Zulia:

“Ya tenemos casi dos años con racionamiento. Los cortes de agua siguen siendo terribles.”

Otro portal de noticias web, “El Pitazo”, destacó que el pasado 09 de enero de 2017, vecinos de Ciudad Bicentenaria en Punto Fijo, Estado Falcón, trancaron la avenida Intercomunal Alí Primera por carecer de agua desde finales del mes de octubre de 2016:

“Aquí hay padres y madres desempleadas, hay niños y adultos mayores, esta situación es inaguantable ya”, denunció Rafael González, habitante de la zona.

En pleno siglo XXI, la población venezolana se ha visto obligada a adaptar su estilo de vida a la insuficiencia del agua para uso personal y del hogar, que com­prende el consumo, el lavado de ropa, la preparación de alimentos y la higiene personal y doméstica. Otra de las graves repercusiones a la salud es ocasionada por el almacenamiento de agua en condiciones inadecuadas o su suministro no potable, es decir, no exenta de microbios y parásitos, o no tenga un color, un olor y un sabor aceptables, tal como han denunciado reiteradamente comunidades de Valencia, en el Estado Carabobo; lo cual fue recogido en trabajo especial de la BBC Mundo en 2016:

“Aquí el agua llega hedionda y amarillenta” (…) “¿No ve que toda esa agua llega podrida?” (…)”La escasez y sobre todo la contaminación del agua son un problema de salud pública, porque deriva en los alimentos que comen los venezolanos y las condiciones en que trabajan los hospitales” (…) “se ha desatado un brote de sarna”.

El agua como derecho humano

El Comité de Derechos Económicos, Sociales y Culturales de las Naciones Unidas aprobó en el año 2002 su Observación general Nº 15 sobre el derecho al agua, en la que se definió como el dere­cho de todos “a disponer de agua suficiente, salubre, aceptable, accesible y asequible para el uso personal y doméstico”.

Aunque el derecho al agua no está reconocido en los tratados internacionales como un de­recho humano independiente, las normas internacionales de derechos humanos contienen obligaciones específi­cas que exigen a los Estados garantizar a todas las personas el acceso a una cantidad suficiente de agua potable para su uso personal y doméstico, como garantía de salud, bienestar colectivo y acceso a los servicios públicos.

La Constitución de la República Bolivariana de Venezuela establece que la salud es un derecho fundamental que el Estado garantizará como parte del derecho a la vida, desarrollando políticas de bienestar colectivo, saneamiento y acceso a los servicios públicos

Aunado a lo anterior, se les exige a los Estados que ase­guren progresivamente el acceso a servicios de saneamiento adecuados, como elemento fundamental de la dignidad humana y la vida privada, pero también que protejan la calidad de los suministros y los recursos de agua potable. En este orden, el artículo 83 de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela establece que la salud es un derecho fundamental que el Estado garantizará como parte del derecho a la vida, desarrollando políticas de bienestar colectivo, saneamiento y acceso a los servicios públicos.

En consecuencia, debe considerarse el acceso al agua potable y al saneamiento como un derecho humano y el Estado tiene la obligación de que dicho suministro sea continuado y suficiente. El derecho al agua se encuadra claramente en la categoría de las garantías esenciales para asegurar un nivel de vida adecuado, en particular porque es una de las condiciones más fundamentales para la supervivencia.

¿La culpa es de “El Niño?

Expertos aseguran que la causa del racionamiento de agua no es consecuencia directa del fenómeno “El Niño”. Este tipo de sequías han ocurrido en el pasado y continuarán produciéndose, es decir, son hechos previsibles y su impacto depende de las previsiones que se tomen, de la capacidad que tengan los sistemas de abastecimiento para satisfacer las demandas de agua, y su debido mantenimiento.

Siendo así, el problema del racionamiento que nos afecta y agobia, eufemísticamente llamado “plan especial de abastecimiento”, es motivado por la falta de planificación, el abandono de obras y la corrupción institucional; originando una crisis que es responsabilidad del Estado, a la cual el gobierno debe abocarse de inmediato solventando la violación sistemática y colectiva de un derecho humano fundamental como lo es el acceso continuo y suficiente al agua potable.

Abogado defensor de Derechos Humanos. Coordinador de Exigibilidad en DESC de Provea. Lee y escribe cuentos
cuentodelcamino.blogspot.com
@carlosdpatino