Rafael Uzcátegui | El llamado Socialismo del Siglo XXI depende cada vez más de la iniciativa de actores no estatales y de intereses privados para mantener su precaria estabilidad. A diferencia de tiempos recientes, la imposibilidad de promover cualquier iniciativa en el espacio público se evidencia en que una abrumadora mayoría de las actividades de la campaña #QuédateEnCasa han sido realizadas por fuera de las instituciones oficiales.

Dado la pasión de multitudes que es, la mayoría de los países latinoamericanos han usado la metáfora del futbol para sus campañas sobre el Coronavirus. La idea central de los avisos publicitarios es, con variantes, “Tenemos que jugar en equipo, saldremos juntos de esto”. En Venezuela es completamente diferente. La respuesta unilateral del autoritarismo, que considera al Covid-19 un obstáculo político más que una emergencia sanitaria, dándole la espalda a la mayoría del país, disipa de plano cualquier sentimiento de comunión y cooperación necesario para enfrentar lo que es una catástrofe que nos afecta a todos. 

El enfrentamiento del Estado contra la sociedad no comenzó el 13 de marzo, cuando se decretó la cuarentena, sino que ha venido intensificándose en los últimos años. A diferencia del amplio margen de maniobra política, social y económico con que se contaba a mediados de los 2000, dos décadas después los gestores de Miraflores sólo pueden usar las capacidades regulatorias estatales sobre el territorio, que incluye el despliegue de mecanismos de control. El empleo, desarrollo y emprendimiento, cualquiera sea lo que entendamos por esos conceptos, dejaron de ser consecuencia de políticas públicas sino de la iniciativa privada, incluyendo aquí al amplio abanico de actores que bajo el amparo del Estado utilizan los fondos públicos para provecho propio. Keymer Ávila, analizando las actuales políticas de “seguridad”, lo expresa de la siguiente manera: “Ningún otro poder controla al Ejecutivo y éste no controla al aparato #militar ni #policial. Entre ellos solo existen relaciones de reciproca utilidad que gira en torno a intereses privados”.

Este curioso proceso de “privatización del socialismo”, para darle un nombre provocador, fue evidente en el año 2019 cuando un grupo importante de empresarios venezolanos decidió inspirarse en el modelo Chino y aprovechar la desregularización de las transacciones en moneda extranjera. Algunos señalaron que era un fenómeno exclusivo de algunas burbujas en los principales centros urbanos. Lo cierto es que comenzaron a notarse cierto flujo de capitales en lo que antes era un mercado desértico con intercambio reducido casi a cero. Los bodegones fueron el rostro de un nivel de actividad económica basado no en el estímulo estatal sino en la iniciativa privada, a diferencia del período 2004-2011 cuando las rentas públicas se beneficiaron del alto precio del petróleo y gas en los mercados internacionales. Superada la pandemia, el día que esto ocurra, seguramente continuará esta tendencia.

Apartando todas las limitaciones en materia sanitaria y la imposibilidad de garantizar servicios para la población, la campaña #QuédateEnCasa también refleja el vigor de la iniciativa ciudadana en contraste con la limitada actividad gubernamental. En otros países de la región los Ministerios de Cultura oficiales han realizado una intensa programación de actividades de formación y entretenimiento online que se complementa con la oferta de gestores culturales independientes. En cambio, si usted revisa ahora los mensajes del Ministerio del Poder Popular para la Cultura podrá constatar que gran parte de su twitter está dedicado a la propaganda política. Y a veces, la invitación a descargar algún viejo PDF. Los conciertos, obras de teatro, recitales de poesía y foros formativos y de esparcimiento online bajo la etiqueta #QuedateEnCasa, realizados desde Venezuela, los ubicará en actores no estatales. Por nombrar sólo cuatro, el Trasnocho Cultural, el Circuito Gran Cine, La Organización Nelson Garrido y La Poeteca han mantenido una programación regular digital en los últimos meses. El Estado sigue allí como el gran panóptico, acusando a quienes sí hacen de estar motivados por intereses dictados desde el extranjero, arrojando los dados para elegir la próxima víctima del FAES y la operación “Tun-Tun”.

Son las personas las que crean las relaciones de poder y las instituciones. Y es su capacidad creativa la que puede modificar el actual estado de las cosas. Hubo estudios que valoraron el ausentismo y la ralentización productiva de los trabajadores de la Unión Soviética como actos de resistencia a la pulsión totalitaria. En nuestro caso, frente a la crisis de representación política y bajo la vocación totalitaria tropical, tendremos que identificar y valorar las capacidades de resistencia Lo-fi, a baja intensidad, desde donde puedan recrearse y fortalecerse las relaciones de la propia sociedad democrática, para la transformación que tarde o temprano vendrá.

Sociólogo y editor independiente. Actualmente es Coordinador General de Provea
@fanzinero
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