“Hay que recuperar, mantener y transmitir la memoria histórica, porque se empieza por el olvido y se termina en la indiferencia”  José Saramago

Carlos Patiño/Los regímenes opresores se especializan en borrar la memoria histórica, modificarla con lenguaje maniqueo para reducirla a una versión que justifique sus atrocidades, y de ser posible, les fabrique una falsa épica. Para tal fin, atacan a los medios, al sector cultural, y en especial a los testigos de las violaciones de derechos humanos. En síntesis, buscan silenciar la voz de las víctimas.

La frustrada visita de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) a Venezuela da cuenta de ello. El gobierno de facto de Nicolás Maduro impidió que los funcionarios del sistema de protección regional realizaran una visita “in loco” que permitiera documentar el testimonio de familiares y víctimas de las graves violaciones cometidas en el país desde 2014.

En el ánimo de contribuir con ese ejercicio de memoria necesario, aunado a la promoción de los derechos culturales como bastión de resistencia y mecanismo de acción no violenta; la ONG Provea ha desarrollado una iniciativa de educación-acción que ha denominado estratégicamente “todos los derechos por todos los lenguajes”; con el fin de comunicar de forma innovadora y articulada las consecuencias de la gravísima crisis causada por la deriva autoritaria del gobierno bolivariano.

La publicación más reciente en esta línea ha sido “Que el silencio no los alcance: fotos e historias sobre Derechos Humanos”, que expone las muestras de los talleres de Provea en alianza con el artista plástico Nelson Garrido (fotografía) y el escritor Héctor Torres (narrativa testimonial). Imágenes tomadas por veinte defensores y ocho relatos de no ficción sobre temas de derechos humanos. El libro además incluye la historia sobre el impune asesinato del joven luchador social larense Mijaíl Martínez.

Para Héctor Torres, esta publicación es un ejercicio necesario porque aquí cada caso cuenta. Toda historia es un testimonio y una forma de tomar partido frente a los crímenes que se cometen. Nelson Garrido, por su parte, toma para sí las palabras de Joan Fountcuberta, de que los conflictos de hoy en día se dirimen más por una imagen que por una pedrada. La foto de un anónimo puede tener una incidencia mucho más fuerte que una reacción violenta contra el poder; algo que se evidenció con las imágenes virales de los ciclos de protestas.

Este nuevo artefacto para el activismo no tiene costo en dinero, sino que puede ser canjeado por medicamentos bajo el formato “Libros por Medicinas”, una apuesta que activa la solidaridad y pone a disposición de los venezolanos el libro objeto, en un país donde escasean las publicaciones físicas tanto como las medicinas. Los fármacos recaudados son donados a organizaciones humanitarias.

Hay que seguir alzando la voz, dejando registro que sirva de contrapeso a la narrativa totalitaria.