Luis Crespo/ Las cifras que la comisión de finanzas de la Asamblea Nacional publicó sobre el índice nacional de precios al consumidor correspondientes al mes de agosto (INPCAN) reflejan una variación porcentual de 65,2% con respecto al mes de julio y que representa un alza del 92,58%, lo que significa que en general los precios se duplicaron, la tasa de inflación interanual se ubicó en 135.379,8% y acumulada  en 2.671,1%. Este repunte inflacionario echa al traste la desaceleración que presentó el fenómeno durante el segundo trimestre del año y fulmina el mermado poder de adquisitivo de los venezolanos, quienes para el mes de agosto solo podían comprar el 2% de la canasta alimentaria con el salario que recibían.

El régimen pretende “despacharse y darse el vuelto”, gasta recursos que no produce ni posee, mientras que las calamidades que genera las paga el ciudadano de a pie, cargando con el impacto inflacionario que destruye sus condiciones de vida cada día. Nicolás Maduro junto al BCV desecharon su “Plan de Ajuste Silencioso” y retomaron desde el mes de junio la indisciplina monetaria con una expansión de la liquidez por medio de la creación de dinero inorgánico, donde resalta el mes de agosto con un crecimiento de 27% en la liquidez, valor significativo que destaca por su magnitud e irracionalidad.

Es claro que durante los meses julio y agosto el régimen con la complicidad del BCV avivaron el fenómeno de la inflación, dado que inyectaron cantidades significativas de bolívares en la economía (dinero inorgánico) con pagos a proveedores del sector público y PDVSA, ampliaron las transferencias directas a hogares vía carnet de la patria y el desembolso de recursos con la creación del Consorcio Agrosur, aumentando la masa monetaria en 49,92% en estos meses (julio, agosto), lógicamente esta distorsión contribuyó con el alza exacerbada de los precios de los bienes y servicios resaltando agosto, así como los efectos que trajo en el mercado cambiario.

Se  requiere un nuevo contexto político y económico

Los venezolanos estamos viviendo los embates de la nefasta gestión económica del régimen y un segundo año ahogados en el fenómeno de la  hiperinflación, el cual se caracteriza por ser altamente destructivo. A la fecha se requieren 41 salarios mínimos para adquirir la canasta alimentaria, es imposible para las familias cubrir los gastos básicos en alimentación con un salario mínimo de apenas Bs.40.000, equivalente a $ 1,9 con lo cual la capacidad de compra de los trabajadores es nula, si incorporamos el cesta tickets, el ingreso es Bs.65.000; equivalentes a $3,09, tomando como referencia el tipo de cambio del BCV. La situación de pobreza extrema en la que se encuentra un porcentaje significativo de la población compromete el futuro de las próximas generaciones de venezolanos, quienes no encontrarán las oportunidades para desarrollarse en un país que hoy sufre los embates de la crisis: desnutrición, deserción escolar, colapso del sistema de salud, entre otros.

Esta grave crisis tendrá peligrosas consecuencias económicas y sociales, se estima que los niveles de pobreza ya están superando el 90% de la población junto con un alarmante aumento de la desnutrición, la FAO estimó en el mes de agosto que en Venezuela 21,2 millones de personas se encuentran en situación de inseguridad alimentaria. El repunte de los niveles generales de precios se proyecta más agresivo y devastador, ya nuestra moneda fue destruida por los letales efectos del fenómeno hiperinflacionario y lo peor sin perspectivas de desaceleración, por lo cual se requiere un nuevo contexto político en el país junto a una nueva estrategia económica que señale un nuevo camino para  Venezuela.

Nicolás Maduro se encuentra atrapado por su telaraña de improvisaciones y recetas dogmáticas fracasadas, destruyó el salario mínimo de los trabajadores venezolanos y la única medida que ha tomado en los últimos días es asignar bonos a su discreción y al azar por un monto de Bs. 250.000 y otros de ayuda escolar, siendo una política discriminatoria que no frenara el alza de precios, ni el deterioro de las condiciones de vida de las familias y se enmarca en su estrategia de control social.

Venezuela necesita un nuevo contexto político que permita una estrategia que detenga y corrija los factores que inciden en el fenómeno hiperinflacionario, el desmontaje de las capacidades productivas y la destrucción de los factores de producción que día a día ocurre en el país. No hay respuestas a los principales problemas de la nación y, por el contrario, Venezuela ve cómo sus hijos diariamente cruzan las fronteras en la búsqueda de mejores condiciones de vida.

Econonomista Luis Crespo

Profesor de la  Universidad Central de Venezuela- MSC. Moneda

@camberin