Luis Crespo | Durante las últimas semanas en Venezuela el tipo de cambio del dólar con respecto al bolívar se disparó, superando los Bs.430.000,00 por dólar, como bien sabemos, este comportamiento alcista de la moneda estadounidense angustia a las familias venezolanas por el impacto devastador que tiene en sus mermados ingresos debido a los aumentos significativos de precios en el país; la tendencia al alza, así como sus efectos perniciosos e incertidumbre se mantendrán de no ocurrir un cambio en la política económica nacional.

Nicolás Maduro destruyó el bolívar, el signo monetario venezolano está pulverizado, con muy poco valor y sin cualidades como dinero: medio de intercambio, unidad de cuenta, y reserva de valor, ello provoca su rechazo por los sectores económicos que optan por utilizar otras monedas para realizar sus operaciones de intercambio, originando el fenómeno de la dolarización transaccional desordenada en el país.

Esta situación se produce y reproduce constantemente y la inflación continúa su alza, galopó entre enero y agosto, situándose en 1.079,67% (fuente AN). Durante el confinamiento por la pandemia, el repunte inflacionario ha sido significativo en el país, tanto que la mayoría de los precios durante este periodo se sextuplicaron, resaltando el rubro de los medicamentos, donde los incrementos han sido exponenciales.

La economía venezolana está marcada por la distorsión del sistema de precios y los sistemas de pagos, esto aceleró el uso del dólar norteamericano en las transacciones de bienes y servicios hoy:

  • Más del 60% de transacciones se hacen con dólares en Caracas, también los precios están expresados en esta moneda.
  • el 83% de las empresas que operan en el país cancelan sus nóminas en dólares, 21% de las compañías pagan a la totalidad de sus trabajadores en divisas y el resto cancela entre 30 y 50% de sus empleados en moneda estadounidense según la encuesta de la Asociación Venezolana de Gestión de Talento Humano.

En medio de esta coyuntura, el Banco Central de Venezuela emitió una circular en la cual estableció un mecanismo para liberar 30 billones de bolívares semanales, correspondiente al encaje legal a partir del 18 de septiembre, lo que significa un aumento en los créditos otorgados por la Banca Nacional, siendo un alivio para este sector bancario que se encontraba con niveles de intermediación bancaria en sus mínimos históricos, pero que, indudablemente, traerá como consecuencia el incremento de la liquidez en la economía venezolana, donde están presentes grandes desequilibrios fiscales y monetarios, lo cual, presionará el tipo de cambio y los precios.

Las familias venezolanas atraviesan por un acelerado deterioro socioeconómico, en medio de la emergencia humanitaria compleja, acosados por la incertidumbre, salarios destruidos y servicios públicos colapsados

El desastre económico del régimen pulverizó el salario mínimo llevándolo a niveles insignificantes, está destruido, no garantiza, ni siquiera, cubrir las necesidades básicas de los trabajadores, el deterioro es tal que en el mes de agosto se necesitaban casi 5 salarios mínimos para poder adquirir los gastos básicos de alimentación de una familia promedio según el CENDA, situación que coloca a una cantidad significativa de venezolanos en condiciones de pobreza extrema.

Los trabajadores y gremios en el país reclaman salarios acordes a la canasta alimentaria, más aún con el avance del proceso de dolarización transaccional desordenado en el país.

Actualmente Venezuela enfrenta graves dificultades políticas, económicas y sociales, inmerso en grandes desequilibrios macroeconómicos, destrucción de la producción interna, enorme y crónico déficit fiscal, corrupción, exorbitantes niveles de deuda externa, monetización del déficit fiscal financiado con dinero que no se produce, pero que, de manera irresponsable y cómplice, le proporciona el Banco Central de Venezuela al régimen junto a sus empresas públicas con todas las distorsiones que esto genera.

La problemática económica del país se complejiza y avanza la dolarización transaccional desordenada, legitimada por el régimen, hemos advertido que si todos los precios se dolarizan, mientras la gran mayoría de los trabajadores, jubilados y pensionados perciben salarios en bolívares, seguirán empobreciéndose rápidamente como resultado del alza del dólar, que se acelera; a la vez existe una parte de la población que accede a divisas que les permite alcanzar mejores condiciones de vida: esta situación amplía la brecha de desigualdad.

No podemos olvidar la destrucción del Banco Central de Venezuela y sus implicaciones en la pulverización del bolívar, esta institución debería trabajar por la estabilidad de precios, preservar el valor interno y externo de la moneda, administrar las reservas internacionales, entre otras funciones de vital importancia. El Banco Central no tiene autonomía, fue convertido en la caja chica del régimen, al operar como una maquinaria proveedora de bolívares para de cubrir el enorme déficit fiscal del régimen y su corrupción.

Las familias venezolanas atraviesan por un acelerado deterioro socioeconómico, en medio de la emergencia humanitaria compleja, acosados por la incertidumbre, salarios destruidos y servicios públicos colapsados. Este caos debe detenerse, es fundamental impulsar un nuevo proyecto de país, que lo enrumbe hacia el crecimiento económico y el respeto de los derechos humanos.

El país requiere un gobierno e instituciones que generen mejores condiciones de vida, oportunidades y bienestar, Venezuela necesita un nuevo modelo que recupere el Estado de derecho y la justicia en función del respeto a los valores, la libertad y el bienestar del pueblo. Una sociedad de oportunidades.

 

Economista, Msc. Moneda e Inst. Financieras, Prof. Economía UCV. @camberin