Luis Crespo | Actualmente el mundo enfrenta una pandemia con la proliferación del coronavirus, el mismo se ha manifestado en más de 114 países con el contagio de aproximadamente de 120 mil personas y más de 4.200 fallecidos según la Organización Mundial de la Salud (OMS), el brote del virus inició a finales del año 2019 en la ciudad de Wuhan (China) que cuenta con más de 11 millones de habitantes, sin embargo, es a finales del mes de enero 2020 cuando se dispara a magnitudes muy significativas la propagación del virus, expandiéndose hacia otras provincias chinas (Hubei) reportando a principios de febrero más de 15.000 casos de contagios y 360 muertes, según reseña de la BBC de Londres.

El crecimiento exponencial del número de contagios por el virus motivó que el gobierno chino implementara un conjunto de medidas excepcionales como: suspensión de actividades escolares, jornadas laborales, actividades públicas, y la cuarentena de diez ciudades con el objetivo central de cortar la propagación del virus y detener los contagios.

Wuhan y Hubei son ciudades de importantes actividades económicas, la primera en el sector automotriz y la segunda en la producción de acero, los cuales se han sido afectados en su operatividad. El conavirus está teniendo un impacto negativo en la actividad económica de China, con perspectivas de crecimiento cero o negativo para el primer y segundo trimestre de este año, como consecuencia del proceso de desaceleración dado el brote del virus para este año 2020. La producción industrial mermó en los meses de enero y febrero 2020 en 13,5% interanual por el cierre generalizado de las fábricas, la producción manufacturera se contrajo un 15,7%, la producción y el suministro de electricidad, energía térmica, gas y agua registraron una caída interanual del 7,1%. Adicionalmente la ventas al por menor se desplomaron en 20,5% y sector minero registró una caída de 6,5%, según la Oficina Nacional de Estadísticas (ONE).

Indudablemente, la economía mundial se verá afectada por la situación que atraviesa China, dado la significación que tiene este país como productor y proveedor de mercancías al mundo, además ser un importante consumidor de materias primas, en especial de petróleo, aunado a esto la situación que atraviesa Europa (Italia, España, entre otros) y Estados Unidos por la expansión del coronavirus ha provocado la paralización de estas economías, por lo cual se proyecta desaceleración, por ende, en la economía global para este 2020. Ya los mercados de capitales en el mundo resienten el impacto de esta crisis con caídas históricas de los principales índices bursátiles (Dow Jones, Nasdaq, Ibex, entre otros) el mercado petrolero, que inicialmente manifestaba su nerviosismo por la disminución en la demanda de petróleo del gigante asiático, fue embestido con fuerza por la guerra de precios entre Rusia y Arabia Saudita, que desplomó a niveles históricos el precio del barril de petróleo WTI a menos de $30, lo cual tendrá consecuencia en los países productores.

La Venezuela de hoy con Nicolás Maduro

El país enfrenta una coyuntura muy difícil por el grado de vulnerabilidad en el cual se encuentra el sistema de salud pública y la economía. En el sector salud la gestión del régimen durante estos seis años ha sido nefasta, se encuentra colapsado, por la falta de insumos, equipos, agua, sin profesionales de la salud y especialistas que atiendan a la población y puedan garantizar una respuesta efectiva. Así llega el coronavirus a Venezuela, en medio de la debacle del sistema de salud pública, con una población subalimentada, donde el 7.9% de los habitantes están atravesando por una inseguridad alimentaria severa y 24.4% en moderada, además, el 32.3% necesitan asistencia alimentaria según cifras del Programa Mundial de Alimentos. Lo que coloca a nuestro país en alta vulnerabilidad a la llegada del virus.

En materia económica la situación es dramática, una economía que ha padecido la devastación progresiva de sus factores productivos en los últimos 6 años y la caída de su producción interna en aproximadamente 70%, un proceso de hiperinflación por tercer año consecutivo, la destrucción de la moneda, la destrucción del poder adquisitivo de los trabajadores venezolanos, y por si fuera poco, la caída histórica a menos de un millón de barriles diarios de petróleo en la producción de la principal industria del país, motivado por el nivel de deterioro de PDVSA.

En este contexto se desata una guerra de precios del petróleo entre Rusia y Arabia Saudita, específicamente en el marco de la 178 Conferencia de la OPEP, realizada en Viena el pasado 05 de marzo y donde, con base en las perspectivas del mercado petrolero y el impacto adverso del COVID-2019 en los pronósticos de crecimiento de la demanda de petróleo, en particular para el primer y segundo trimestre del 2019, se propuso una reducción en la producción de 1,5 Millones de barriles diarios (MDB) en los países OPEP y no OPEP, a lo cual Rusia se negó, inmediatamente, ante tal actitud, los Sauditas respondieron con la decisión de incrementar su producción petrolera por encima de los 10,7 MDB, Rusia reaccionó informando un alza en sus niveles de producción, situación que provocó el desplome histórico en los precio del crudo.

Han transcurrido dos semanas desde el inicio de las tensiones entre Rusia-Arabia Saudita y mucho se ha dicho de esta confrontación, se cree que es una estrategia de los Rusos para detener el avance de los Texanos del fracking que han venido ganando mercado con precios que superaban los 50 dólares, dado que los mismos operan con costos de producción entre 45 y 50 dólares. En fin, los acontecimientos están en pleno desarrollo y existe mucha incertidumbre sobre el desenlace de este conflicto que ha provocado la caída de los precios del petróleo a niveles históricos, afectando a los países productores de petróleo y en especial a Venezuela.

Con el desplome de los precios del petróleo y la situación de la industria petrolera venezolana el escenario se ve muy oscuro, la noche del lunes 16 de marzo Nicolás Maduro afirmó que el crudo venezolano se cotiza en el mercado internacional por debajo de sus costos de producción, evento perjudicial para la industria y las finanzas públicas, ya que este sector provee más del 90% de las divisas que ingresan al país. La caída en los precios del petróleo venezolano pone al régimen en una difícil situación financiera, imposibilitando el pago de sus compromisos de gasto público mínimo, generándole problemas para importar y distribuir gasolina en el territorio nacional, también dificultará la adquisición de alimentos en otros países, en fin no es posible financiar la importaciones del sector público, y el sostenimiento de los servicios públicos.

El COVID-19 llega al país en uno de los peores momentos de su historia, luego de que se despilfarraran un billón de dólares obtenidos en los últimos 20 años de la industria petrolera, con un sistema de salud desmantelado, servicios públicos colapsados como resultado de la corrupción y malversación de los fondos públicos. Además un alto porcentaje de la población en situación de pobreza, aunado a la actual guerra de precios del petróleo, y la caída de las importaciones de crudo por parte de China, el panorama es sumamente adverso para Venezuela.

Economista, Msc. Moneda e Inst. Financieras, Prof. Economía UCV. @camberin